Hallan partículas tóxicas de contaminación ambiental en los pulmones y el cerebro de fetos
Los investigadores descubrieron que diminutas partículas de contaminación ambiental, como las del smog en Londres, atraviesan la barrera hematoencefálica. Foto: Nicholas T Ansell/PA

Se han encontrado partículas tóxicas de contaminación ambiental en los pulmones, el hígado y el cerebro de los bebés no nacidos, mucho antes de que hayan respirado por primera vez. Los investigadores señalaron que su “innovador” descubrimiento era “muy preocupante”, ya que el periodo de gestación de los fetos es la etapa más vulnerable del desarrollo humano.

Miles de partículas de hollín fueron encontradas en cada milímetro cúbico de tejido, que la madre respiró durante el embarazo y luego pasó al feto a través del torrente sanguíneo y la placenta.

Ya se sabía que el aire contaminado estaba estrechamente relacionado con el aumento de los abortos, los nacimientos prematuros, el bajo peso al nacer y las anomalías en el desarrollo del cerebro. Sin embargo, el nuevo estudio aporta pruebas directas de cómo se pueden producir esos daños. Los científicos indicaron que la contaminación podía causar efectos en la salud de por vida.

Las partículas están compuestas de hollín procedente de la quema de combustibles fósiles en vehículos, hogares y fábricas, además de provocar inflamación en el organismo y transportar sustancias químicas tóxicas. El estudio se realizó con madres no fumadoras de Escocia y Bélgica, en lugares donde la contaminación ambiental era relativamente baja.

“Hemos demostrado por primera vez que las nanopartículas de hollín no solo llegan a la placenta del primer y segundo trimestre, sino que también se introducen en los órganos del feto en desarrollo”, señaló el profesor Paul Fowler, de la Universidad de Aberdeen en Escocia.

Lo que es incluso más preocupante es que estas partículas también llegan al cerebro humano en desarrollo“, indicó. “Esto significa que es posible que estas nanopartículas interactúen de forma directa con los sistemas de control de los órganos y las células del feto humano”.

El profesor Tim Nawrot, de la Universidad de Hasselt en Bélgica, que codirigió el estudio, señaló: “La regulación de la calidad del aire debería reconocer esta transferencia (de la contaminación ambiental) durante la gestación y tomar medidas para proteger las etapas más susceptibles del desarrollo humano”.

Nawrot comentó que los gobiernos son los responsables de reducir la contaminación ambiental, pero que los ciudadanos deberían evitar los caminos más transitados siempre que sea posible.

Las partículas de la contaminación ambiental fueron detectadas por primera vez en las placentas en 2018 por el profesor Jonathan Grigg de la Queen Mary University of London y sus colegas. Comentó: “El nuevo estudio es muy bueno, han demostrado de manera convincente que las partículas llegan entonces a los fetos”.

“Ver que las partículas se introducen en el cerebro de los fetos eleva los riesgos, porque esto tiene potencialmente consecuencias de por vida para el niño”, señaló Grigg. “Es preocupante, pero aún no sabemos qué ocurre cuando las partículas se alojan en varios puntos y desprenden lentamente sus sustancias químicas”, lo que significa que se necesitan más investigaciones.

Un extenso estudio mundial realizado en 2019 concluyó que la contaminación ambiental puede estar dañando todos los órganos y prácticamente todas las células del cuerpo humano. También se ha descubierto que partículas diminutas atraviesan la barrera hematoencefálica y se han hallado miles de millones de ellas en los corazones de los jóvenes habitantes de las ciudades. Más del 90% de la población mundial vive en lugares donde la contaminación ambiental supera las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo cual provoca millones de muertes prematuras cada año.

La nueva investigación, publicada en la revista Lancet Planetary Health, halló partículas de contaminación ambiental en todas las muestras de tejido pulmonar, hepático y cerebral examinadas, así como en la sangre del cordón umbilical y las placentas. La concentración de las partículas era mayor en los casos en los que la madre vivía en zonas con niveles más altos de contaminación ambiental, en comparación con las demás participantes en el estudio.

Los 36 fetos examinados en la sección escocesa del estudio procedían de interrupciones voluntarias de embarazos que evolucionaron con normalidad entre las siete y las 20 semanas de gestación. “Los hallazgos son especialmente preocupantes porque este margen de exposición es clave en el desarrollo de los órganos”, señalaron los científicos. En Bélgica, se tomaron muestras de sangre del cordón umbilical después de 60 nacimientos sanos.

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