Crisis en Reino Unido: guía para principiantes sobre la agitación política tras la renuncia de Liz Truss
Las siete semanas de Truss en el poder han dejado al país con hipotecas más altas y una moneda más débil. Foto: Leon Neal/Getty Images

Reino Unido se encamina hacia su tercer primer ministro en ocho semanas. En los 45 días que Liz Truss ha estado en el poder, el país se ha visto sacudido por la muerte de la reina Isabel II y ha sufrido una crisis económica agravada por las primeras acciones de la primera ministra, con una serie de altos ministros designados y posteriormente despedidos. Si has observado la política del Reino Unido solo de forma distante, aquí tienes una actualización de lo que ha sucedido.

¿Por qué renunció Liz Truss después de solo 45 días?

Truss se convirtió en primera ministra el 6 de septiembre después de un verano de campaña para ganar el liderazgo de su Partido Conservador con una plataforma política de bajos impuestos y alto crecimiento. Un par de días después de que Truss asumiera el cargo, la reina Isabel II murió y la política se detuvo durante casi dos semanas de luto oficial.

Cuando se reanudó, el entonces ministro de Finanzas de Truss, Kwasi Kwarteng, anunció un paquete de cambios fiscales que incluía la supresión de la tasa más alta del impuesto sobre la renta para los ricos. De manera inusual para Reino Unido, este paquete no estuvo acompañado del correspondiente análisis de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, que es independiente. Esta medida, junto con el hecho de que los recortes fiscales se financian con un enorme aumento de la deuda, asustó a los mercados. La libra se desplomó, el costo de los préstamos en Reino Unido aumentó y las tasas de interés de las hipotecas subieron en medio de una creciente inflación. El Banco de Inglaterra tuvo que gastar miles de millones para estabilizar el mercado de los fondos de pensiones.

Después de varios días en los que Truss insistió en que su presupuesto era el correcto, cambió de opinión respecto a los impuestos empresariales, y Kwarteng regresó antes de tiempo de una reunión del Fondo Monetario Internacional en Washington para encontrarse con que lo habían despedido a su llegada. Truss convocó una conferencia de prensa para explicar sus decisiones y… no lo hizo. La aparición televisada no duró más de ocho minutos, y solo respondió cuatro preguntas antes de marcharse abruptamente. Básicamente dijo: Sigo estando de acuerdo con mis políticas, pero despedí a mi ministro de Finanzas porque él las anunció y no le gustaron al mercado”.

Truss nombró entonces a Jeremy Hunt, quien anteriormente soportó duras críticas por su etapa como secretario de Salud (con la supervisión del Servicio Nacional de Salud), como nuevo ministro de Finanzas. El lunes anunció que se iban a eliminar casi todos los aspectos del programa financiero de Truss, mientras ella permanecía sentada en silencio en el parlamento a su lado, lo cual provocó que la gente lo llamara “primer ministro de facto” y dijera que ella estaba “en el cargo, pero no en el poder”.

Antes de su anuncio, el partido laborista de la oposición planteó una pregunta para que Truss explicara el despido de Kwarteng. Extrañamente, Truss envió a una diputada, Penny Mordaunt –rival por el liderazgo y posible primera ministra– para que respondiera en su nombre. Mordaunt explicó que había muy buenas razones por las que Truss no podía estar ahí para responder en persona, para que después llegara Truss, pero dejara que Mordaunt siguiera hablando en su nombre. A estas alturas, un periódico nacional estaba transmitiendo un video en vivo en YouTube preguntando qué iba a durar más, Truss como primera ministra o una lechuga de supermercado.

Truss intentó rectificar esta situación con una entrevista televisiva en la que admitió que hubo algunos errores, pero que los había corregido. Esto fue una noticia para todos aquellos que se enfrentaban a la perspectiva del aumento de las hipotecas.

Liz Truss: ‘Lamento los errores, pero los he corregido’.

Con su autoridad en decadencia, Truss ofreció un desempeño mejor de lo esperado en las preguntas semanales del primer ministro en el parlamento el miércoles, sin embargo, en un acontecimiento explosivo, su secretaria del Interior, Suella Braverman, el equivalente a un ministro del Interior, fue despedida por compartir un documento secreto del gobierno con un teléfono privado.

Braverman se había postulado como candidata a líder contra Truss, y ya había criticado públicamente al gobierno del que formaba parte. El martes lanzó un ataque ampliamente ridiculizado contra los manifestantes calificándolos como “wokerati que comen tofu”. Su carta de renuncia del miércoles fue explosiva, admitiendo que cometió un error, pero confrontando a Truss para que renunciara por sus propios errores.

Suella Braverman culpa a los ‘wokerati lectores de The Guardian y que comen tofu’ de los disturbios en las protestas.

Después, en la noche del miércoles, se llevó a cabo una votación en el parlamento en la que el partido de la oposición intentó prohibir la fracturación hidráulica. Los propios Conservadores habían prometido no reintroducir la fracturación hidráulica en su último programa electoral, no obstante, Truss deseaba flexibilizar la restricción. Por ello, se ordenó a sus diputados que votaran a favor de la fracturación hidráulica, como una cuestión de confianza en el gobierno, en parte para evitar que la oposición reclamara una victoria en el proceso parlamentario. Esto condujo a escenas desagradables en el parlamento, ya que algunos testigos afirmaron que los diputados fueron intimidados para que votaran. La disciplina del partido se derrumbó casi por completo, con diputados dando entrevistas emotivas y airadas en la televisión sobre el estado en que se encontraba el partido y pidiendo a Truss que renunciara.

Ni siquiera hemos tocado el tema del ministro destituido por acusaciones de comportamiento inapropiado en la conferencia del partido, un incipiente escándalo de grupos de presión en torno al jefe de gabinete de Truss, Mark Fullbrook, que también fue interrogado en calidad de testigo en el marco de una investigación del FBI y quien tuvo que desistir de recibir una remuneración como contratista privado, y el asesor suspendido por informar a los medios de comunicación de que uno de los rivales de Truss era una “mierda”.

Entonces, ahora se llevará a cabo una elección general, ¿verdad?

No tan rápido. Sus números en las encuestas son tan malos que los conservadores saben que si convocan elecciones en este momento, se enfrentarían a una eliminación de los conservadores como la de Canadá. En su lugar, simplemente elegirán un nuevo líder.

Este proceso suele durar varias semanas, pero el partido está intentando reducirlo a unos pocos días. Los candidatos a líder deben obtener el respaldo de al menos 100 diputados, lo que significa que puede haber tres candidatos como máximo. Una vez reducidos a dos, los miembros del partido votarán por internet y el nuevo primer ministro debería ser nombrado el 28 de octubre. Si un solo candidato alcanza el umbral del apoyo de 100 diputados, se convertirá automáticamente en el nuevo líder y primer ministro.

¿Cómo llegaron los conservadores a este punto?

Aunque han estado en el poder desde 2010, su gobierno ha estado caracterizado por la inestabilidad desde las elecciones de 2015. Después de ganarlas, el entonces primer ministro, David Cameron, convocó un referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea en 2016, principalmente para intentar silenciar el ala euroescéptica de su partido. Sin embargo, el “leave” ganó, Cameron renunció y el partido recurrió a Theresa May como un par de manos aburridas, pero “fuertes y estables” para dirigir al Reino Unido a través del Brexit. Su gobierno quedó paralizado por las luchas internas de los partidos en relación con el tipo de Brexit que debía llevarse a cabo, y no contaba con la mayoría suficiente en el parlamento para imponer su visión. ¿Su solución? Convocar unas elecciones de “apóyame o despídeme” en 2017, las cuales le otorgaron un mandato aún menor, y finalmente renunció en favor de Boris Johnson.

Johnson sacó adelante su acuerdo relativo al Brexit, a pesar de que el partido intentó posteriormente desautorizar elementos del mismo, como la forma en que funciona la frontera comercial con Irlanda. Después, Johnson se vio asediado por la pandemia de Covid-19, y su conocida actitud de no intervención en el cumplimiento de las normas condujo a una serie de escándalos, entre ellos una multa por infringir sus propias normas relativas al Covid-19, antes de que, finalmente, dos ministros de alto rango renunciaran sucesivamente y desencadenaran el colapso de la autoridad de Johnson y la contienda por el liderazgo que desembocó en … Truss.

¿Cuál es el estado de ánimo del país?

Desolador. El índice de aprobación de Liz Truss ya cayó más bajo que el de Johnson, se han producido numerosas huelgas por las ofertas de aumentos salariales inferiores a la inflación, y esta semana una de las mayores organizaciones benéficas de bancos de alimentos del país, el Trussell Trust, lanzó su primer llamado nacional ante la perspectiva de un invierno marcado por la pobreza. La cadena de televisión BBC incluso está planeando guiones en caso de que se produzcan apagones.

Parece que existen pocas perspectivas de que un nuevo primer ministro pueda unir al Partido Conservador, y aparentemente no hay ninguna probabilidad de que se convoque una elección pronto. Las siete semanas de Liz Truss en el poder han dejado al país con hipotecas más altas y una moneda más débil, y aparentemente como rehén de aproximadamente 350 diputados conservadores que han acabado con cuatro primeros ministros en siete años.

En las elecciones de 2015, Cameron dijo que Gran Bretaña “se enfrentaba a una decisión simple e ineludible, la estabilidad y un gobierno fuerte conmigo, o el caos con Ed Miliband”, el líder de la oposición en ese momento. En vista de los acontecimientos que han ocurrido desde entonces, se puede perdonar al gran número de británicos que se pregunten hasta qué punto pudo ser mala la opción del caos.