‘A los hombres como nosotros nos gusta hablar de nuestros sentimientos’: Colin Farrell y Brendan Gleeson
Colin Farrell (a la izquierda) y Brendan Gleeson en una proyección en Nueva York de 'The Banshees of Inisherin'. Foto: Nina Westervelt/Variety/Getty Images

Brendan Gleeson ya lleva tiempo hablando. “Los dos hablamos muchísimo”, comenta. “Muchas veces me siento como, chin, ¿por qué estoy hablando tanto?”. Se oye una gran carcajada a su lado. “¡Yo hago lo mismo!” exclama Colin Farrell. “¿Tú también lo haces? Te juro por Dios, carajo, que pienso, ¿alguien no me va a decir que me calle de una maldita vez?”.

Se pidió hablar con Gleeson y Farrell por separado, pero el publicista dijo que no. Te preguntarás, ¿quién querría algo así de todos modos? Piensa en In Bruges, la apreciada comedia afroamericana que los actores rodaron en 2008. Encarnando a adorables pistoleros, fueron una lección de química, un acto doble para la posteridad. Y ahora están sentados juntos en Londres, Farrell con un aire de yoga californiano y unas botas de motociclista de aspecto costoso. Gleeson parece haber gastado su dinero en Cos.

Tienen una nueva película que promocionar. Al igual que In Bruges, The Banshees of Inisherin está escrita y dirigida por Martin McDonagh; está ambientada en una isla ficticia de la costa occidental irlandesa en 1923. Farrell y Gleeson interpretan a Pádraic y Colm, vecinos y mejores amigos. A pesar de que esto suena dulce, el reencuentro resulta amargo. En la pantalla, un sombrío Gleeson no tarda en decirle a su amigo que, por razones de su épica monotonía, no volverá a hablar con él. Las consecuencias se extienden a lo largo de la película, que es a la vez muy divertida y profundamente triste. Y la pena queda mejor reflejada en la cara de estrella de cine de Farrell, que hace un gesto de desconcierto.

Gleeson comenta que la película trata sobre cómo empiezan las guerras. Farrell está de acuerdo. Y podría hacernos reflexionar sobre lo que significa la amistad en 2022, prosigue el hombre más joven. “Porque las redes sociales les dan a las personas acceso a la idea de la amistad. Pero también nos permite no ser responsables, lo cual permite que el yo oculto que todos tenemos tome el control”.

Farrell se levanta y abre la ventana. En la calle abajo, los cazadores de autógrafos con fotos brillantes de él se agrupan en la entrada del hotel. Martin McDonagh está sentado en otra habitación. Ha estado haciendo entrevistas para la televisión. Su estado de ánimo es alegre. Parece que a la gente le gusta la película, dice McDonagh, y le preocupa lo que puedan pensar los fanáticos de In Bruges. “Porque esta sí entra en la melancolía”.

De hecho, te sorprende el negocio raro en el que se encuentra, en el que una historia de dos hombres de mediana edad que se pelean en la Irlanda rural de los años 20 puede inspirar una conmoción en los lujosos hoteles de Londres. McDonagh se muestra entusiasmado. “Lo sé. Pero es un alivio. Pensaba que sería una pequeña cosa independiente que verían 20 irlandeses”.

La gira comenzó en el festival de cine de Venecia del mes pasado, donde Farrell ganó el premio a mejor actor. Las semanas posteriores han girado en torno a esa otra divisa: la fama. El enfoque ha sido doble: posicionar a Farrell como favorito para el Oscar y presentarlo junto a Gleeson como un equipo. Juntos han arrasado en los programas de entrevistas estadounidenses. Al igual que en esta entrevista, el objetivo ha sido el dúo, dos actores que se convierten en compañeros: Farrell el canalla, Gleeson el padre ideal. Hoy son perfectamente sinceros en cuanto a los límites del mundo real. En realidad, solo se ven cada dos años, explican. Sin embargo, recuerdan con facilidad que se conocieron en In Bruges.

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Farrell y Gleeson como Ray y Ken en In Bruges. Foto: Film Four/Allstar

“La amistad requiere tiempo, pero la afinidad fue inmediata”, dice Farrell. “Con frecuencia eres consciente de que, como juez, también te juzgan a ti. Con él no había nada de eso”.

“Éramos personas muy diferentes”, comenta Gleeson. “Pero encontré en él un entusiasmo común por el mundo”.

“Aunque, por supuesto, no pensaba todo esto en el momento”, señala Farrell. “Esto es una readaptación”.

La realidad se desdibuja aún más. “Siempre fuimos una pareja extraña”, dice Gleeson.

“Verás, creo que la gente ha cuchicheado sobre mí toda mi vida”, añade Farrell. Se necesita un segundo para darse cuenta de que ahora están hablando de sus personajes. Hacen esto con frecuencia, de forma animada y en primera persona. Uno se pregunta si no serán dos hombres que ya se han cansado de interpretar una versión de sí mismos para los periodistas, cerrando filas con las conversaciones sobre el trabajo.

McDonagh se muestra menos escéptico. “Sinceramente, simplemente les gusta hablar entre ellos. Son así en las fiestas de los festivales de cine. Juntos en una esquina, hablando de sus personajes”.

Pero Colm y Pádraic ofrecen una visión escalofriante de la amistad masculina. Los egos de los hombres y la desesperación de los hombres, señala McDonagh, son sus temas.

El problema de la psique masculina, explica Farrell, es que está completamente equivocada. Los hombres quieren ser estoicos, pero no entienden lo que los antiguos estoicos querían decir realmente. “Creo que buscaban la aceptación de la vulnerabilidad. Lo cual es una forma muy larga de decir que, mientras crecía, mi padre nos decía que las emociones son una debilidad”. Repite la frase tres veces. “Literalmente. Las emociones son una debilidad. Con eso crecimos mis hermanos y yo. Y ahora aquí estoy ganándome la vida con la risa y el llanto, ¿y no es algo divertido?”.

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Kerry Condon en The Banshees of Inisherin.

Sin embargo, los hombres no son toda la historia. En la película, el ingenuo desconsolado de Farrell busca el consejo de su hermana, Siobhan, que es una mujer culta y brillante. La actriz que la interpreta también constituye otra historia: la poco conocida Kerry Condon, cuyo trabajo es tan impecable como el de sus compañeros de reparto. “Bueno, me lo he ganado”, comenta Condon sobre su tardía aparición. Está en Los Ángeles, una auténtica mujer activa en Zoom. “He participado en tres obras de Martin, y para una de ellas me afeité el cabello durante dos años”.

Esa obra fue El teniente de Inishmore, la historia de McDonagh sobre terrorismo y gatos muertos. Condon tenía 18 años cuando apareció por primera vez en ella, una entusiasta joven actriz del condado de Tipperary. Ella y el escritor han sido amigos desde entonces. También tuvo un papel en el reparto de su última película, Tres anuncios por un crimen. Pero su carrera se ha desarrollado principalmente en la televisión, como actriz de reparto con pequeños papeles regulares en Better Call Saul, Ray Donovan y otros.

McDonagh comenta que escribió el nuevo papel para ella. “En parte porque sabía que Kerry sería brillante. Pero también porque sabía lo relativamente poco conocida que ha sido su brillantez”.

Si la película tiene un éxito monstruoso, Condon está dispuesta a participar. “No mentiré. Quiero hacer dinero, porque soy una persona muy independiente”. Tiene planes para abrir un santuario de animales: caballos, “perros viejos”, posiblemente cabras. También es consciente de que resulta curioso que se le aclame como un nuevo descubrimiento después de tanto trabajo constante. “Es divertido, porque esta semana me van a dar un premio como ‘one to watch‘ de la industria y eso es agradable, pero también es como: ‘¿Qué tal si ven todas las otras cosas que he hecho durante los últimos 24 años? Pero también hay una parte de mí que se siente como: ‘Bueno, quizás solo he estado calentando'”.

Se mudó a Estados Unidos para ganarse la vida como actriz, no obstante, Banshees la llevó de vuelta a Irlanda. Se le unieron otros miembros de la diáspora. McDonagh es londinense, hijo de padres irlandeses desde que se instaló de nuevo en Galway, justo enfrente de Inishmore, la isla que da nombre a su primera obra y donde filmaron esta producción. Por muy ideal que sea, el director se encontró con un rodaje no exento de presión. A pesar del éxito de In Bruges y Tres anuncios por un crimen, la película que hizo entre ambas producciones, Sie7e psicópatas, fracasó. Todavía habla de ella con un aire atormentado.

Farrell, por su parte, ha vivido la mitad de su vida en Estados Unidos. En Banshees, siguió su rutina hollywoodiense de trotar sin camiseta. Los turistas curiosos lo seguían de vez en cuando. Condon también se sintió presionada, deseosa de no pensar demasiado en un trabajo de alto nivel. Ella y Farrell ensayaron cada mañana. Si todo el proyecto rebosaba de reencuentros, ellos datan de más atrás que nadie. En 1999, antes incluso de El teniente de Inishmore, consiguió un papel en un episodio del programa para televisión de la BBC Ballykissangel, la pieza de ingenio irlandés protagonizada por un Farrell en pleno ascenso. Los dos fueron presentados en una fiesta de fin de rodaje.

“Entonces conocí a Colin Farrell. Y eso es todo lo que voy a decir sobre ese tema”. Condon sonríe. Tardo un momento en comprenderlo. ¡Oh! digo. Siento la necesidad de comprobar que estoy entendiendo bien. ¿Así que conociste a Colin Farrell y …? “Y la pasamos muy bien. Y después él tomó un avión a Estados Unidos”. Siguen siendo amigos. En Los Ángeles, a veces salen de excursión juntos. Farrell, explica, es una buena compañía, risueña pero reflexiva. “¿Cuál sería la palabra para definirlo? Evolucionado”.

Farrell ya no concede entrevistas a la prensa escrita. Es más frecuente que las conceda en programas de entrevistas y en la serie de YouTube Hot Ones, donde las estrellas conversan con alitas de pollo muy picantes. (Este año, Farrell habló de su amor infantil por Marilyn Monroe entre lágrimas y mocos). Este tipo de programas son plataformas más seguras para un actor que tiene una historia personal intensa: cinta sexual, rehabilitación, audición adolescente para Boyzone. En este caso, también tiene sentido la entrevista conjunta con Gleeson: una capa de protección, el centro de atención compartido con la robusta figura que tiene a su lado, el hombre de familia que solo dejó la enseñanza a mediados de sus 30 años para convertirse en actor de tiempo completo.

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The Banshees of Inisherin. Foto: Landmark Media/Alamy

Al trabajar juntos de nuevo, no pudieron evitar pensar en el tiempo que ha transcurrido desde que hicieron In Bruges, sus yo más jóvenes ahí arriba en la pantalla como si fueran viejas fotos que cobran vida. “Así es”, dice Farrell. “Y es mucho más fácil tener afecto por uno mismo viendo hacia el pasado que tenerlo por uno mismo en el momento. Podríamos tener una buena plática sobre eso, de hecho”. No obstante, Gleeson vuelve a intervenir con delicadeza, y volvemos a deambular por sus personajes.

Antes de filmar la nueva película, Farrell pasó la pandemia con sus hijos, que ahora tienen 19 y 13 años. En su propia labor como padre, dice, siempre está preguntando por su bienestar emocional. “Y ellos responden: ‘¿Quieres irte al diablo?’ Pero a los chicos como nosotros nos gusta hablar de nuestros sentimientos. No tenemos que ser exagerados sobre cada maldita cosa, pero tratamos de encontrar un equilibrio“. Le da vueltas a los misterios de la vida, al gran enigma de en qué consiste todo. “El trabajo es solo un medio para descubrirlo. La paternidad, también. El arte también, aunque no sé mucho de eso“.

Si la primera visión triste de Banshees es simplemente Farrell sin Gleeson, la película habla después de una oscuridad aún mayor: descubrir lo que los demás piensan realmente de ti. “Todavía leo mis críticas”, admite McDonagh. “Sé que no debería”. Para los actores, por supuesto, toda su vida es una invitación a ello.

“Es un miedo mortal”, comenta Farrell. “El ridículo público. Lo he sufrido en varias etapas con esto y aquello”.

En su casa en Los Ángeles, Condon se encoge de hombros. “No necesito la afirmación. Por muy obsesionada que esté con la actuación, soy feliz pasando el rato con mis animales. Así que realmente me importa un carajo si le agrado a la gente”.

De aquí a los Oscar, Farrell filmará la miniserie The Penguin, derivada de su papel del año pasado en The Batman. (Por su parte, Gleeson acaba de participar en la secuela del murciélago, Joker: Folie à Deux). Durante la promoción de The Batman, Farrell dijo que se sintió liberado por las prótesis faciales que usó para el papel, liberado por no ser visiblemente él mismo. “Claro que lo era”, comenta.

“Pero me encantaban los destellos de Colin en los ojos”, dice Gleeson. “Yo pensaba, ¡ahí está!”.

Sin el maquillaje, Gleeson dice que experimentó algo similar en una vieja película irlandesa, The General, interpretando al mafioso de la vida real Martin Cahill. “Me pareció terriblemente liberador. Porque al interpretarlo, me importó un carajo. Cualquier cosa”. Todas las cosas por las que normalmente te preocupas, dice –cuestiones de conciencia, el estado del mundo– podían ser olvidadas por un momento”.

Farrell sonríe como si acabara de escuchar un gran chiste sucio. “Malditamente brillante, ¿no?”.