Los demócratas de EU respiran aliviados, pero sus problemas distan mucho de haber terminado
Kevin McCarthy habla en una conferencia en la escalinata este del Capitolio de Estados Unidos en septiembre. Foto: Alex Wong/Getty Images

Fue un resultado que, según dijo el presidente estadounidense Joe Biden el miércoles, brindó a todos un “¡uf! de alivio” al ver que los republicanos de Make America Great Again (MAGA) no están tomando el control del gobierno de nuevo.

Biden ganó y Donald Trump perdió en las elecciones intermedias en las que se decidió el control del Congreso. Pero al igual que en 2020, no basta con un suspiro colectivo para anunciar el fin de la disfunción política en Estados Unidos. Las cosas están a punto de complicarse.

A pesar de su caída, los republicanos parecen estar en camino de obtener la mayoría en la Cámara de Representantes, aunque por un margen mucho menor de lo que la historia ha sugerido o de lo que los observadores del futuro habían previsto.

Eso significa el fin del reinado de la demócrata Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara, al menos por ahora. El líder republicano Kevin McCarthy anunció su intención de tomar el mazo de la presidencia. Podría ser mejor descrito como un cáliz envenenado.

Si McCarthy se impone, su dolorosamente escasa mayoría le dejará poco margen para actuar a la hora de legislar. McCarthy tendrá que hacer tratos con los demócratas o con los leales de extrema derecha de Trump. En una Cámara en la que todos los miembros se creen presidentes, el presidente podría verse sometido de forma perpetua a la voluntad de Marjorie Taylor Greene.

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Difícilmente se trata de una fórmula para la unidad nacional. Independientemente de lo que ocurra en el Senado, que podría definirse de nuevo en una segunda vuelta en Georgia, Estados Unidos está regresando a una era de gobierno dividido y a dos años de extenuante guerra de trincheras.

Esto significa un problema para la agenda legislativa de Biden, que hace eco de la difícil situación de Barack Obama, que hizo grandes cosas en sus dos primeros años como presidente, pero que obtuvo escasos resultados en los seis siguientes.

Biden, que llevó a cabo su campaña como apóstol del bipartidismo y obtuvo algunas victorias –en materia de infraestructuras, seguridad en el uso de las armas y prestaciones para los veteranos militares–, se encontrará ahora con unos republicanos más combativos, ya que todo será visto a través del prisma de las elecciones de 2024.

Cabe esperar que la mayoría republicana emprenda una serie de investigaciones en el Congreso que abarquen desde lo razonable (la malograda retirada de Biden de Afganistán) hasta el alarde (las medidas contra la pandemia de coronavirus de Anthony Fauci y la laptop del hijo de Biden, Hunter).

Es de esperar una batalla sobre el levantamiento del límite de la deuda de Estados Unidos con el potencial de causar estragos en la economía. Cabe esperar un posible intento por parte del ala MAGA del partido de impugnar a Biden por motivos falsos, en efecto como venganza por el hecho de que los demócratas castigaron a Trump en dos ocasiones con la máxima sanción.

Pero la extralimitación de los republicanos podría provocar la reacción negativa de la población y generar simpatía por el presidente en funciones.

Paul Ryan, el más reciente presidente republicano de la Cámara de Representantes, de 2015 a 2019, advirtió en el nuevo podcast Control: “Lo último que creo que quiere ver el pueblo estadounidense es una nueva mayoría utilizada como herramienta para la campaña vengativa de Trump o una venganza. El propósito de la mayoría no es ese; la mayoría sirve para promover los intereses del pueblo estadounidense. Mirar hacia adelante, no mirar hacia atrás para saldar las cuentas de algún tipo. Así que eso va a ser un pequeño reto”.

Ryan añadió: “Es importante que los adultos presentes en la sala moderen esto, no persiguiendo simplemente teorías conspirativas, entrando en agujeros de conejo o extralimitándose, sino llegando a la verdad y asegurando que se exige responsabilidades al poder ejecutivo.”

Si los republicanos son incapaces de resistirse a los agujeros de conejo, nada de esto será sano para el gobierno de la democracia, añadiendo al bucle de retroalimentación que se distanció de millones de personas y les hizo anhelar la “limpia del terreno” como en el caso de Trump en primer lugar.

Las noticias por cable hiperpartidistas y las redes sociales seguirán echando leña al fuego. Twitter, ahora controlado por Elon Musk, podría dar la bienvenida a Trump justo a tiempo para una campaña presidencial épicamente brutal.

El caos también perjudicaría a Estados Unidos en el extranjero. Biden ha pasado dos años intentando reconstruir alianzas y garantizar al mundo que su democracia es segura.

En una conferencia de prensa ofrecida en el Comedor Estatal el miércoles, Biden volvió a contar la historia de cómo, justo después de asumir el cargo, asistió a una reunión de los líderes del G7 y les aseguró que Estados Unidos había regresado. “Uno de ellos se volteó hacia mí y me dijo: ‘¿Por cuánto tiempo? Fue una pregunta mortalmente merecida. ‘¿Por cuánto tiempo?'”.

En otras palabras, ¿fue Trump la irregularidad o es Biden la irregularidad?

La visión de los extremistas que niegan las elecciones y que llevan los pantalones en el Capitolio de Estados Unidos difícilmente calmará los nervios en Berlín o Tokio. Greene, congresista de Georgia, declaró recientemente: “Con los republicanos, no se destinará ni un centavo más a Ucrania. Nuestro país es lo primero”.

Incluso McCarthy advirtió que los republicanos no extenderán un “cheque en blanco” a Ucrania en caso de que ganen la Cámara de Representantes. El consenso bipartidista en Washington sobre esta cuestión –considerada como fundamental para el eterno tema de Biden relativo a la democracia frente a la autocracia– podría desmoronarse con enormes repercusiones mundiales.

Con un retrato de un pensativo Abraham Lincoln observando, Biden reflexionó el miércoles: “El pueblo estadounidense lo dejó claro. No quieren que cada día sea una constante batalla política. Ya hay demasiado de eso. Hay demasiadas cosas que tenemos que hacer. El futuro de Estados Unidos es demasiado prometedor como para estar atrapado en una guerra política sin fin”.

No obstante, mientras los periodistas lo presionaban sobre si se postulará para 2024, y con la expectativa de que Trump anuncie su propia candidatura a la Casa Blanca la próxima semana, la siguiente fase de la guerra política ya está en marcha. Considerando los defectos estructurales y los déficits democráticos de Estados Unidos, es probable que la situación empeore antes de mejorar.