Grupos de la sociedad civil denuncian vigilancia e intimidación en la COP27
Un agente de policía egipcio hace guardia frente al centro internacional de convenciones en Sharm el-Sheikh. Foto: Sedat Suna/EPA

Los miembros de la sociedad civil que asisten a la COP27 describieron el modo en que la vigilancia y la intimidación por parte de las autoridades egipcias amenazan su participación en la conferencia climática.
Entre los problemas reportados por los asistentes se encuentran la vigilancia explícita, el control de sus reuniones por parte del personal de la conferencia y los problemas de alojamiento.

Los participantes de la sociedad civil internacional, todos ellos solicitando el anonimato para su protección, comentaron a The Guardian cómo el personal de la conferencia, uniformado o vestido de civil, que supuestamente estaba a disposición de los delegados para prestarles asistencia en materia de seguridad, técnica o de limpieza, parecían estar preocupados por vigilarlos y controlar sus actividades en lugar de proporcionar apoyo.

“Solo con hablar de la palabra activismo significa que rápidamente estás rodeado de personas que te espían”, dijo uno de ellos. El personal de la conferencia, comentó, rodeó en repetidas ocasiones a los delegados de la sociedad civil para crear una atmósfera de incomodidad si mencionaban la palabra activismo en una conversación, o si intentaban discutirla con sus colegas”.

“Mencionar el activismo en una conversación significa que los ‘limpiadores’ y el personal técnico se acercan a ti. Incluso en los stands de gobiernos extranjeros, los ‘limpiadores’ se acercarán y escucharán”, explicó.

Los problemas descritos por los asistentes visitantes reflejan muchos de los problemas cotidianos a los que los activistas de la sociedad civil egipcia describen haberse enfrentado en la última década, ya que las autoridades egipcias y, en particular, las extensas fuerzas de seguridad del país instituyen una amplia represión de las organizaciones independientes de todo tipo.

La vigilancia y la intimidación contra los activistas, así como la amenaza inminente de detención, son habituales, mientras que los grupos independientes, que van desde las organizaciones contra la tortura hasta los sindicatos, se enfrentan a redadas y detenciones por parte de las fuerzas de seguridad, que ahora son igual de flagrantes cuando se trata de atacar a activistas en el extranjero o de interrumpir sus actividades.

Los veteranos activistas egipcios acogieron con satisfacción la oportunidad de que el mundo comprenda mejor el trato que reciben habitualmente. “Cuando se eligió a Egipto como anfitrión, algunas personas quisieron hacer campaña en contra o elegir otro lugar, nosotros dijimos que no, que no hicieran eso.

Después, algunas personas de fuera de Egipto quisieron pedir a los activistas que boicotearan la COP en Egipto debido a la situación de los derechos humanos, y les imploramos que no lo hicieran. Porque necesitábamos esto, necesitábamos la atención, necesitábamos la solidaridad, necesitábamos la camaradería”, señaló Hossam Bahgat, director de la iniciativa Egyptian Initiative for Personal Rights.

Bahgat lleva una década siendo acosado por el Estado egipcio por su labor en materia de derechos humanos mediante detenciones y juicios, y tiene prohibido salir de Egipto.

Para las personas que asistieron a la conferencia, especialmente los activistas egipcios de alto perfil, la vigilancia fue evidente. Un delegado proporcionó una foto de un presunto miembro de los servicios de seguridad egipcios, vestido de civil, filmando abiertamente con su celular a Sanaa Seif, la hermana del británico-egipcio encarcelado en huelga de hambre Alaa Abd el-Fattah, cuando ella ofreció una conferencia de prensa en la COP27. El parlamentario progubernamental Amr Darwish intentó interrumpir la conferencia de prensa de Seif.

Un miembro de la sociedad civil de Egipto comentó que la vigilancia y la intimidación estaban “indicando a todo el mundo que tenemos que comportarnos, o si no. Realmente es muy difícil”, señaló.

“A diferencia de otras COPs, parece que todos tienen miedo debido a esta vigilancia. Hay menos actividad, no se siente el espíritu del evento, el impulso del activismo contra el cambio climático y contra los grandes contaminadores”.

Añadió que le preocupaba el número de agentes de seguridad egipcios presentes en el interior del centro de conferencias de la COP27 y en el área oficial de la “zona azul”, cuando el espacio normalmente está controlado por el organismo de la ONU que supervisa la conferencia. La consecuencia, añadió, fue que los grupos se sintieron incapaces de debatir libremente sobre el activismo climático o de relacionarse con grupos afines, las razones por las que asistieron en primer lugar. “Todos tienen miedo, y esta enorme presencia de seguridad está obligando a la gente a autocensurarse”, explicó.

Otro visitante describió la forma en que la presión por parte de los guardias de seguridad en la COP27 afectó su capacidad de moverse libremente durante la conferencia. “Uno de los miembros de nuestro grupo describió su sospecha de que los guardias de seguridad estaban cerca y parecían estar grabando a las personas que conversaban. Durante un breve periodo de tiempo, estos guardias lo siguieron a dondequiera que fuera”, comentó.

“También organizamos una reunión en una sala que nos habían asignado, pero intentamos trasladarnos a una parte abierta más pública del recinto para conversar en su lugar debido a que los guardias estaban muy atentos justo detrás de nosotros. Nos dijeron que teníamos que quedarnos en la sala y seguir hablando ahí. Nos pareció muy invasivo”.

Algunos asistentes denunciaron problemas incluso antes de llegar a Egipto. Un activista climático de Europa contó que cuando intentó registrarse en su vuelo de Egyptair le indicaron que había un problema y que tenía que responder más preguntas.

En el aeropuerto, explicó el activista, fue interrogado por un directivo de Egyptair, una empresa estatal, sobre las peticiones que firmó anteriormente pidiendo la mejora de los derechos humanos en el país. “Me dijo que yo estaba tratando asuntos de interés nacional de Egipto y que quería saber qué iba a hacer en Egipto, qué iba a hacer ahí y si me iba a reunir con personas problemáticas”, dijo el activista.

El directivo al final le permitió al hombre abordar el vuelo, pero le advirtió que si hacía algo para “intervenir” en Egipto se le prohibiría la entrada al país. “Fue inquietante y bastante desagradable”, dijo el activista.

Los asistentes de la COP 27 también denunciaron que los hoteles los extorsionaron para que pagaran más dinero después de haber reservado las habitaciones. A un activista que llegó a Sharm el-Sheikh le informaron que debía pagar mil 800 dólares extra por su estancia de una semana en su hotel si iba a asistir a la COP27, a pesar de que ya había pagado el precio previamente acordado de mil dólares. Al no poder pagar este recargo, el hombre decidió quedarse en su hotel como turista, en lugar de asistir a la conferencia.

Un documento distribuido por la Asociación Egipcia de Hoteles, visto por The Guardian, pide que los hoteles de cinco estrellas de Sharm el-Sheikh cobren un mínimo de 500 dólares por noche a los delegados. Los hoteles de tres estrellas deberían cobrar 200 dólares por noche, indica el documento. Un activista de la sociedad civil de Nigeria publicó en Twitter que algunos delegados de la COP27 se vieron obligados a dormir en la estación de autobuses porque no podían permitirse el aumento inesperado de los precios, mientras que otros se quejaron de que sus reservaciones de hotel fueron canceladas.

Una joven delegada, invitada por el Ministerio de Deportes de Egipto para asistir a la COP27 junto con su organización, comentó a The Guardian que, poco después de llegar a Sharm el-Sheikh, rompió a llorar después de cinco horas de espera para conseguir una habitación de hotel en el vestíbulo junto con otros asistentes, y que muchas de las personas con las que esperó durmieron en los sillones del vestíbulo del hotel o en el piso. Describió los problemas de alojamiento como “un enorme obstáculo” para poder participar en la conferencia.

“Es muy desalentador”, dijo. “Da la impresión de que literalmente no valemos nada y que no importa si dormimos en la calle. Demuestra que todo esto solo es para el espectáculo”.