Una nueva generación apuesta por un mundo libre de armas nucleares
Un nuevo movimiento a favor del desarme nuclear se está inspirando en otras formas de acción de la sociedad civil. Foto: Martin Pope/Getty Images

Mientras los peligros nucleares cobran fuerza tres décadas después de la guerra fría, un movimiento por el desarme se levanta para hacerles frente, con una nueva generación de activistas.

A finales de los años 50 y a principios de los 60, y nuevamente a principios de los 80, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se apuntaban mutuamente con sus misiles en Europa, se produjeron protestas masivas en las calles contra los gobiernos que elaboraban planes de aniquilación mundial.

La Campaña para el Desarme Nuclear (CND) se originó en el Reino Unido y organizó marchas a gran escala hasta el centro de las instalaciones nucleares británicas en Aldermaston. Hace más de cuatro décadas, un millón de estadounidenses se concentraron en el Central Park de Nueva York para pedir el fin de la carrera armamentística y la “congelación” nuclear. A finales de 1982, más de 30 mil mujeres formaron una cadena humana alrededor de la base aérea de Greenham Common como acto de resistencia al despliegue de misiles de crucero estadounidenses en dicho lugar. En octubre de 1983, la CND organizó la marcha más grande jamás vista en Londres.

Ante la invasión de Ucrania ordenada por Vladimir Putin, y sus repetidas amenazas de que utilizaría armas nucleares en caso de que su régimen se sintiera en peligro, el peligro es tan real como lo fue durante la crisis de los misiles en Cuba o el enfrentamiento con misiles en Europa. En esta ocasión, no se han producido protestas masivas, pero sí una respuesta popular que ha encontrado otros canales para expresarse.

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Miles de mujeres protestando en la base aérea RAF Greenham Common en 1982. Las manifestaciones continuaron hasta 1991, cuando se retiraron los últimos misiles de crucero estadounidenses. Foto: PA

A la vanguardia del nuevo movimiento se encuentra la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), que logró hacer campaña a favor del Tratado sobre la prohibición de las armas nucleares (TPAN) en la asamblea general de la ONU, lo que condujo a su implementación en 2017.

Desde entonces, más de 90 países han firmado el tratado y 68 lo han ratificado. El tratado no ha impedido que Estados Unidos y Rusia mejoren sus arsenales y que China continúe con sus planes de convertirse en una tercera potencia nuclear, sin embargo, Beatrice Fihn, directora ejecutiva de ICAN, comentó que el objetivo final era un objetivo más duradero: la eliminación de la legitimidad de las armas nucleares en todo el mundo.

“Hace que sea más difícil ver qué está ocurriendo, ya que tal vez no se ve a tantas personas en las calles”, explicó Fihn, quien aceptó el premio Nobel de la Paz de 2017 en representación de ICAN. Pero añadió: “El movimiento está muy presente, y definitivamente estamos creciendo y desarrollándonos”.

Además de continuar con el trabajo de la CND y el movimiento de “congelación” nuclear, ICAN y sus 652 organizaciones asociadas en todo el mundo buscan inspiración en otras formas de acción de la sociedad civil, incluyendo las campañas a favor de la prohibición de las minas terrestres y las municiones de racimo, que pretendían establecer nuevas normas, y redibujar los límites de lo que es aceptable en el escenario internacional.

“Estamos intentando deshacer el lavado de cerebro que supone aceptar las armas nucleares como algo normal”, señaló Fihn. La mayor fuente de influencia del movimiento, argumentó, era la necesidad de las armas nucleares para la legitimidad.

“Lo vemos con Rusia en este momento. Están luchando con ahínco para restablecer la legitimidad en lo que respecta a las armas nucleares y a su puesto en el Consejo de Seguridad, así como en torno a la narrativa de esta guerra. Y para mí, es una señal de que son vulnerables”.

Kate Hudson, secretaria general de la CND, comenta que han aumentado las nuevas afiliaciones desde que se produjo la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.

“El activismo está ahí en gran medida, pero está adoptando nuevas formas, y es más fluido que en el pasado: la forma en que las personas entienden y actúan respecto a los vínculos entre las cuestiones, en términos políticos y de campaña”, señaló Hudson.

El movimiento por el desarme nuclear ya no se encuentra en un silo propio, argumentó, ya que comparte las preocupaciones comunes de quienes luchan por detener la crisis climática, o por defender la justicia social en un mundo en el que los gobiernos gastan enormes cantidades de dinero en arsenales nucleares mientras los más pobres de su sociedad pasan frío y hambre.

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Protestantes en Londres se manifiestan contra la gestión de la crisis de los misiles en Cuba por parte de Estados Unidos en octubre de 1962. Foto: Keystone/Getty Images

El movimiento Black Lives Matter (BLM) plantea ahora el desarme nuclear como una cuestión de justicia social para muchos activistas recién reclutados, lo cual lo convierte en un campo mucho más diverso.

Mari Faines, socia de movilización en el grupo de defensa del desarme Global Zero, comentó que el BLM le hizo ver con más claridad la “correlación entre los sistemas de vigilancia y el militarismo”, así como la superposición entre la complejidad de las armas nucleares, las luchas por la justicia social y otras amenazas existenciales.

“Tengo la esperanza y el optimismo de que esta nueva ola de voces jóvenes y diversas que están entrando a este espacio están pensando en eso”, señaló Faines. “Están pensando en las respuestas diplomáticas de una manera diferente. Están reinventando la forma en que la seguridad podría y debería ser”.

Molly Hurley, que nació en China, pero fue adoptada por una familia blanca estadounidense, comentó que el movimiento a favor del desarme nuclear no era tan abierto como se creía.

“El espacio de las armas nucleares no es el más acogedor para los jóvenes, para las mujeres de color, para cualquier persona de color”, explicó. Después de trabajar varios años para grupos de activistas por el desarme, Hurley, que cumplirá 27 años en noviembre, comenzó a estudiar la carrera de letras en Baltimore. Aun así, viajó a una conferencia nuclear en Washington organizada el mes pasado por el Fondo Carnegie para la Paz Internacional. Ella misma explicó: “Los temas en sí mismos son cuestiones que no pueden dejar de importarme”.

A medida que Rusia intensifica su agresión en Ucrania, el sentimiento de temor y ansiedad se ha extendido entre los amigos de Hurley. Para ellos, comentó, se trata simplemente de una amenaza existencial más sobre la que no tienen ningún control.

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Activistas antinucleares en una protesta frente a la embajada de Estados Unidos en Berlín en 2017. Foto: Britta Pedersen/dpa/AFP/Getty Images

“Uno de mis amigos me dijo específicamente: Me siento tan abrumado por las posibilidades de que el mundo entero se acabe debido a las decisiones de solo unos pocos hombres blancos que nunca conoceré y que nunca escucharán nada de lo que tengo que decir”, señaló.

Hurley está probando nuevas formas de hablar sobre las amenazas geopolíticas. Mientras trabaja en su licenciatura de letras, escribe una columna en la página web de Inkstick, y su última columna trató sobre lo que Estados Unidos y China podrían aprender del tema de los enemigos-amantes que se utiliza en la ficción romántica.

“No puedes promover el miedo para generar un movimiento de masas”, señaló, argumentando que lo que se ha percibido como apatía dentro de su generación era en realidad un “mecanismo de afrontamiento de la desesperanza”. La solución, argumentó, era ofrecer algunos motivos para tener esperanza.

“Hay cosas que podemos hacer y tenemos que dejar claras todas estas medidas viables y muy concretas que se pueden tomar”.

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