Democracia, ¿para qué?
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

Democracia, ¿para qué?
Foto: Felipe Blasco/Pixabay.com
La libertad puede ponerse en peligro por el abuso de la libertad, 
pero más por el abuso del poder”
-James Madison
Dale play para escuchar la columna de Max Kaiser

Elegir el sistema democrático implica una decisión colectiva que elevamos a la Constitución para que nos rija a todos. Debería ser una decisión consciente sobre las consecuencias y obligaciones, no solo para la clase política, sino también para los ciudadanos. Todos deberíamos saber para qué queremos tener una democracia y por qué queremos conservarla y defenderla. Si se trata simplemente de un sistema que nos permite elegir a una persona, entre un menú de candidatos, para que ejerza el poder como le dé la gana, y unos años después vayamos a las urnas a refrendarle el cargo o quitárselo, los motivos para defenderla parecen muy pobres. Por eso, es necesario preguntarnos ¿Qué es una democracia liberal? ¿Para qué sirve? Y ¿Por qué es importante conservarla y defenderla?

¿Qué es una democracia liberal? Se trata de un sistema de ejercicio, control, límite y administración del poder. En una democracia liberal el centro es el individuo, titular de derechos básicos, que cohabita con otros individuos, igual titulares de derechos básicos. Así, la primera tarea de un Estado democrático liberal es la organización de una comunidad de individuos que puedan ejercer sus derechos, sin limitar o arrebatar los derechos a otros. Los derechos básicos giran en torno a tres esferas: la igualdad, la libertad y la seguridad jurídica. Respecto de la primera esfera, la de igualdad, la tarea del Estado es crear las instituciones e instrumentos necesarios para que todos gocemos de los mismos derechos. Respecto de la esfera de libertad, la tarea del Estado es la de crear las condiciones para que cada individuo pueda ejercer la mayor libertad posible, sin interferir en las libertades de otros, y con la menor interferencia del Estado posible. Y respecto de la esfera de seguridad jurídica la tarea del Estado es la de asegurar que existan instrumentos e instituciones públicas eficaces para asegurarme el ejercicio de mis derechos, en todo momento. Para que esto sea posible se requieren instituciones regidas y limitadas por el orden jurídico, y funcionarios públicos obligados a rendir cuentas permanentemente. El poder organizado y limitado por la ley, y las personas que lo ejercen, permanentemente vigiladas y contenidas. Uno de los mecanismos para lograr esta rendición de cuentas son las elecciones periódicas. Pero no es el único. Los controles de constitucionalidad y legalidad son otros, así como la fiscalización y el combate a la corrupción. Eso es una democracia liberal.

¿Para qué sirve? Para que cada uno de nosotros podamos ejercer nuestros derechos, de la mejor manera posible, y que exista un Estado que los cuide y promueva permanentemente. Sirve para limitar y controlar la peligrosa acumulación del poder en pocas manos, y repartirlo de modo que no sea nunca una amenaza para la libertad de los individuos. Sirve para que la ciudadanía sea la que elija quién, cómo y para qué se ejerce el poder, y para cambiar al rumbo cuando se considera necesario o urgente.

Y por todo esto es tan importante conservarla y cuidarla, y defenderla de aquellas personas que pretenden acumular el poder para empujar agendas privadas, en las que sólo están incluidos los miembros de ese grupo político, y que violan la ley sin recato para conseguirlo. Esto no sólo rompe el orden constitucional democrático, sino que pone en peligro su viabilidad y continuidad. Es así de fácil, y varias experiencias en el mundo lo han hecho evidente. Por eso, cada vez que surge un enemigo de la democracia, que amenaza a sus autoridades y pretende tener el privilegio de violar la ley a su gusto, nuestra responsabilidad democrática es frenarlo, y obligarlo a asumir las consecuencias. Cada vez.