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Los migrantes latinos que hacen vibrar el Derby de Kentucky

Durante la temporada de carreras, cerca de mil trabajadores de Churchill Downs en Kentucky acicalan, ejercitan y cuidan a los competidores, un trabajo difícil y peligroso en potencia.

Un jockey va de regreso a los establos en Churchill Downs en Louisville, Kentucky. Foto: Brynn Anderson/AP

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Mientras camina entre los techos verdes de los establos de la pista de carreras más famosa de EU, Churchill Downs de Louisville en Kentucky, el capellán Joseph del Rosario saluda a los hombres y a las mujeres que lavan a los valiosos purasangre después del entrenamiento matutino con un cálido “¿Cómo estás?”

En medio de las pacas  y los caballos curiosos que asoman las cabezas fuera de los establos, se dirige a una puerta de seguridad a la orilla de la pista en donde lee hace su lectura devocional diaria por el sistema de altavoces, una vez en inglés y otra en español.

Durante la temporada de carreras, hay cerca de mil trabajadores que acicalan,ejercitan y cuidan a los competidores de patas ligeras de Churchill Downs en la zona llamada Backside , o parte de atrás, de la pista. Es un trabajo duro y potencialmente peligroso que comienza horas antes de que salga el sol detrás de las torres icónicas de la pista.

Cerca de 600 trabajadores duermen en el Backside en edificios de dormitorios o en cuartos encima de los establos. Al trabajar para los entrenadores de caballos, la vida es transitoria y muchos acompañan a los caballos por todo el país muchas veces sin saber qué parada sigue. Y de los trabajadores del  Backside que llegan a la pista y a su carrera por la joya de la corona, el Derby de Kentucky, entre 70 y 80% son migrantes latinos.

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Los siete días de la semana, los trabajadores que normalmente ganan muy poco en el Backside son un gran contraste con las imágenes que más se asocian con el evento anual del Derby de Kentucky, que realiza por la ocasión 147 el sábado 1 de mayo.

La principal carrera del deporte de los reyes es una exhibición conspicua de riqueza y exceso de indulgencia. Las celebridades bajan de sus jets privados y posan para las fotos en la alfombra roja, y los caballos propiedad de la realeza del Medio Oriente dan vueltas en la pista de tierra. Este año, un caballo propiedad del gobernante de Dubai, el jeque Mohammed bin Rashid al – Maktoum, es el favorito, aunque debido a la desaparición de la hija del jeque se han hecho llamados para que se le prohíba participar.

Los participantes toman mint juleps de mil dólares y se sientan en suites que tienen un valor de más de 100 mil dólares. Hay una sección exclusiva en Churchill Downs llamada la Fila de los Millonarios, pero ni si quiera esa es la zona más exclusiva para mirar los dos minutos más rápidos de los deportes. Los boletos para dentro de la pista son más accesibles, pero pocos ven en realidad a los caballos.

El capellán Joseph Del Rosario camina en un establo en Churchill Downs. Foto: Josh Wood/The Guardian

“Así es que el Backside de Churchill Downs, no es del interés de muchos”, dice del Rosario, el capellán. “Piensan en todas las cosas glamorosas que pasan al frente y en la pista”.

En los trabajadores del Backside, del Rosario encuentra similitudes con su padre, que a los 18 años viajó desde Perú hasta México y después cruzó a EU como migrante indocumentado para crear una mejor vida para su familia.

“Eso es lo que hacía en Nueva York cuando consiguió trabajo, enviar dinero de regreso a casa para su familia y después tuvo su propia familia y era nuestro proveedor”, dijo. “Eso es lo que muchos están haciendo, en la pista. Allí estamos bendecidos. Al otro lado de la frontera es bastante difícil”.

Además de atender las necesidades espirituales de los trabajadores, del Rosario trata de ayudar de la forma que pueda. Les ayuda a hacer cita con el doctor, les ayuda con sus trámites migratorios, les ayuda a moverse en el transporte público y es el portador de una cara amable que habla su idioma.

El entrenador Ramiro Vargas, de 42 años, ha trabajado en Churchill Downs for más de una década. Foto: Josh Wood/The Guardian

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En la capilla de Cristo en el Backside de Churchill Downs hay una despensa con comida y una habitación con ropa gratuita para trabajadores.

Algunos trabajadores se llevan la ropa para mandarla a su familia a otros países. Otros llegan a Churchill Downs como indigentes y necesitan una “mano” hasta que llega su primer cheque.

“Pueden hacer algo por sí mismos allí, porque nadie se preocupa por tu pasado siempre y cuando tengas ganas de trabajar”, dijo.

El Derby de Kentucky tiene una bolsa total de 3 millones de dólares en ganancias, pero la compensación para los que cuidan a los caballos puede ser baja

“El dinero no es tanto como podría pensarse”, dice un trabajador que lleva bastante tiempo trabajando en el  Backside  y que habló con The Guardian y se identificó como Mike. “Las carreras de caballos hacen mucho dinero. Eso está bien, para los dueños y entrenadores. Pero los ayudantes obtenemos mucho menos”.

“Si ganas 300 dólares a la semana después de impuestos, no es tan malo si eres un caminador”, agregó, haciendo referencia a los trabajadores que caminan a los caballos después´del entrenamiento para ayudar a los animales a enfriar.

Sin embargo, los trabajadores y las personas familiarizadas con el mundo del “backside” dicen que la paga depende de los entrenadores que emplean a los trabajadores del establo y del trabajo que hacen.

Dibujos de caballos coloreados por niños en la biblioteca infantil dentro de la capilla de Cristo en Churchill Downs. Foto: Josh Wood/The Guardian

El jinete de ejercicio, Ramiro Vargas, de 42 años, empezó a venir a Churchil Downs hace más de una década. Conoció a su esposa, una caminadora del “backside” que llegó a trabajar hace cinco años y del Rosario los casó el pasado septiembre.

“Este es un buen trabajo, pero a veces es peligroso”, dice Vargas, quien recientemente regresó a trabajar después de una cirugía porque se cayó de un caballo en Chicago. Se levanta el sombrero y me muestra el lugar en donde un caballo lo pateó en México cuando era más joven.

El centro de enseñanza sin fines de lucro del Backside ofrece clases gratuitas de inglés a los trabajadores, pero al igual que del Rosario, también ofrece otros tipo de servicios, desde el apoyo a migrantes, hasta un programa que les proporciona bicicletas y les enseña a darles mantenimiento. El centro a veces sirve como oficina de correos no oficial para distribuir el correo a los trabajadores el Backside y realiza actividades sociales como noches de cine.

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Fuera de las puertas de Churchill Downs, opera el Centro de Enseñanza del Backside que sirve para cubrir las necesidades educacionales de los niños de trabajadores estables.

Sherry Stanley, directora del centro, dice que es el único lugar en el ámbito de las carreras de caballos y que cuando  los trabajadores se mueven a las pistas de otros lugares “no hay en realidad un sistema de apoyo”.

 “Antes de que el Centro de Aprendizaje se estableciera, la vida era diferente para la gente del Backside porque se aburrían. No había nada que hacer después del trabajo”, dijo Roberto González, de 61 años, que lleva trabajando en el Backside de Churchill Downs casi tres décadas. 

González, quien nació en México y llegó a EU en la década de los 80, hablaba inglés antes de que el centro abriera en 2004, pero dijo que allí tuvo la oportunidad de practicar y mejorar.

Las ganancias que no se recogen de las apuestas también se utilizan para apoyar a los trabajadores por medio del Racing Health and Welfare Funds, que paga por los gastos médicos no relacionados con el trabajo en Churchill Downs y otras pistas de Kentucky que demuestran necesidades financieras. El año pasado el fondo dijo que pagó más de  1.2 millones de dólares en beneficios para la salud.

Para del Rosario, el Backside es una comunidad como la de cualquier otro pueblo o ciudad.

“Esta es su pequeña ciudad. Hay un poco de todo. Lo bueno, lo malo y lo feo”, dijo. “Hay crimen de todo tipo, hay caridad de todo tipo. Hay economía de todo tipo”.

En tiempos de antes de la pandemia, el Día del Derby todos los del Backside se soltaban el pelo, y los establos hacían fiesta. Se relajaban las reglas y las familias de los trabajadores podían entrar para hacer carne asada.

Sin embargo, el año pasado, la carrera que normalmente se lleva a cabo el primer sábado de mayo, se pospuso hasta septiembre a causa de la pandemia y se realizó sin público. Antes del Derby, algunos activistas en favor de la justicia racial marcharon a Churchill Downs cantando “¡No hay justicia, no hay Derby!” o “¡Que se pudra el Derby!”  ya que se buscaban reformas y cargos en contra de los policías involucrados en la muerte de Breonna Taylor,  la técnica de salas de emergencia que murió en Louisville a manos de la policía  en su departamento en marzo de 2020. El día del Derby, los caballos corrieron en una pista casi vacía que estaba rodeada por tropas de la guardia nacional y por la policía mientras las protestas se llevaban a cabo.

Este año, Churchill Downs permite que los seguidores regresen a la pista pero con capacidad limitada.

Los trabajadores que regresaron a las pista a pesar de las dificultades lo hacen por amor a los caballos y al ambiente de la pista.

González, que ha tenido varios trabajos estables pero que en la actualidad vigila y cuida a los caballos en los establos durante las noches, dice que al principio le daba miedo pero que ha aprendido a amarlos. La posibilidad de trabajar al aire libre es lo que lo hace regresar.

“Aquí tenemos sol, se siente la brisa y la lluvia”, dijo. “En las fábricas y en las oficinas hay más estrés. Aquí hay más libertad”.

The Guardian
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