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Derechos Humanos

Explotación infantil, fugas tóxicas: el precio a pagar por un futuro más verde

Nuestra misión de crear una vida más limpia con el uso de recursos naturales podría causar un gran daño ambiental, advierten los científicos.

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Foto: Njata123/Wikicommons

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La batalla para evitar la inminente crisis climática de la Tierra hace que los ingenieros desarrollen nuevas tecnologías verdes. Se montan plantas solares y eólicas para reemplazar estaciones de carbón y gas, mientras que los autos eléctricos sacan a los vehículos de gasolina y diesel de los caminos. Lentamente disminuye nuestra dependencia en los combustibles fósiles para así reducir el calentamiento global.

Pero los científicos advierten que habrá un precio ambiental que pagar por esta intención de crear un mundo impulsado con tecnología verde. La exploración para encontrar materiales para construir estos recursos, y luego obtenerlos, podría tener consecuencias ecológicas muy serias e impactos mayores en la biodiversidad, dicen. 

“El cambio hacia cero emisiones netas creará nueva tensión en nuestro planeta, al menos a corto plazo”, dijo el Profesor Richard Herrington, director de las ciencias de la tierra en el Museo de Historia Natural de Londres. “Tendremos que aprender cómo considerar las ganancias y pérdidas con respecto a los ecosistemas justo como lo hacemos ahora cuando consideramos aspectos económicos”. 

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Los metales como el litio y el cobalto proporcionan ejemplos de los problemas que vienen, dijo Herrington. Ambos elementos se necesitan para hacer baterías recargables ligeras para autos eléctricos y para almacenar energía de las plantas solares y eólicas. Es probable que su producción aumente significativamente en la próxima década, y eso puede causar problemas ecológicos serios. 

En el caso del cobalto, 60% del abastecimiento del mundo viene de la República Democrática del Congo donde muchas minas sin regular usan a niños pequeños desde los siete años como mineros. Ellos inhalan polvo cargado de cobalto que puede causar daño fatal en los pulmones mientras trabajan en túneles propensos a colapsar. 

“Los hombres, mujeres y niños trabajan sin siquiera el equipo más básico de protección como guantes y mascarillas”, dijo Mark Dummett de Amnistía Internacional, que investigó la crisis minera de cobalto en RDC. “En un pueblo que visitamos, la gente nos mostró cómo se contaminó el agua que beben por la descarga de residuos de una planta de procesamiento de minerales”.

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También está el problema de la minería de litio. La producción mundial aumentará en la siguiente década. Pero la minería se vincula con todo tipo de problemas ambientales. En el llamado Triángulo de Litio de Sudamérica, que lo conforma Chile, Argentina y Bolivia, se bombean grandes cantidades de agua de fuentes subterráneas para extraer litio de los depósitos, esto se liga con la reducción de los niveles de agua subterránea y con el crecimiento de los desiertos. De manera similar en Tíbet, una fuga química tóxica de la mina de litio Ganzizhou Rongda envenenó el río local Lichu en 2016 y encendió grandes protestas en la región. 

Estos problemas ecológicos no solo se confinan a metales de especialidad, señalan los analistas. Dicen que las demandas crecientes para materiales tradicionales como cemento, para construir presas hidroeléctricas, o cobre, para hacer cables para las plantas solares y eléctricas y para los autos eléctricos, también podrían causar un gran daño ambiental a menos que se tenga cuidado. 

El creciente apetito por el cobre pinta una imagen impresionante de los problemas. Miles de toneladas se necesitan para crear dispositivos solares o eólicos mientras que los vehículos eléctricos usan dos o tres veces más del cobre que usa un vehículo de gasolina o diesel. Como resultado, el apetito del mundo por el cobre aumentará hasta 300% para 2050, según un reporte reciente. 

“Necesitas más decenas de kilos de cobre para un auto eléctrico que para uno de gasolina”, dijo Herringotn. “Eso significa, que si quieres convertir todos los 31 millones de autos del Reino Unido en vehículos eléctricos necesitarías cerca del 12% de la producción global de cobre, solo para Gran Bretaña. Esa es una demanda poco realista, dado que esperamos hacer puros autos eléctricos en solo una década”. 

Harrington dijo que es inevitable una expansión en la minería y en el suministro para refinerías de minerales, que en conjunto, causarían impactos ambientales reales. “Tendremos que hacer eso de una forma que genere ganancias pero también sirva a los humanos y al planeta”.

Una solución para estos problemas de la tecnología verde sería limitar la explotación de los recursos en la tierra e ir al mar a recolectar los materiales que necesitamos. Hay varias fuentes marinas que se destacan, con el mayor interés en los nódulos de metal que están en algunas partes del suelo oceánico. Estas bolas del tamaño de una papa son ricas en cobre, cobalto, manganeso y otros metales. Según la Autoridad Internacional del Lecho Marino, algunos depósitos contienen millones de toneladas de cobalto, cobre y manganeso. 

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Como resultado, varias organizaciones ahora analizan los más prometedores de estos depósitos, en particular en la zona Clarion-Clipperton en aguas internacionales del Océano Pacífico. Estos se pueden aspirar con robots sumergibles que recorrerían los 4.5 millones de kilómetros cuadrados que conforman la zona. 

Sin embargo, las investigaciones recientes de científicos marinos también revelan que a pesar de la profundidad de la zona Clarion-Clipperton, se encuentra entre 4,000 y 5,500 metros por debajo de la superficie, el suelo marino ahí también está lleno de vida. Un análisis, en 2017, encontró más de 30 especies nuevas para la ciencia que viven en la llanura abisal de la zona, muchos de ellos foraminíferos, los cuales se consideran los organismos unicelulares más grandes del mundo. 

Aspirar los nódulos podría devastar estas formas de vida, advirtieron los científicos marinos. “En este momento, no tenemos suficiente información sobre el suelo marino para saber cuál sería el impacto de extraer minerales ahí”, dijo Adrian Glover, investigador de ecología de las profundidades del océano en el Museo de Historia Natural. 

“Sin embargo, cuando la tengamos, será una gran pregunta para la sociedad. ¿Si están estos ambientes ricos en biodiversidad que pueden dañarse fácilmente, será mejor o peor explotarlos a comparación de explotar nuestras selvas en la tierra? Ese será un problema difícil de resolver”.

https://www.theguardian.com/environment/2021/jan/03/child-labour-toxic-leaks-the-price-we-could-pay-for-a-greener-future 

The Guardian
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