‘El español se utiliza de una manera terriblemente pobre’: Gonzalo Celorio
Gonzalo Celorio. Foto: Elsa Chabaud/academia.org.mx

Un fenómeno ataca a las academias de la lengua española: cada vez más, los hablantes se acercan a través de las redes sociales para hacerles consultas sobre cómo se escribe cierta palabra, cómo se acentúa un término, cuál es el acrónimo correcto. La Academia Mexicana de la Lengua lo vive de primera mano.

Para Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, este acercamiento es positivo. Refleja que los hablantes están preocupados por su propia lengua, lo que puede derivar en una mejor expresión. Pero al mismo tiempo revela un problema: la falta de enseñanza de la lengua española.

La lengua española en términos educativos, sobre todo en nuestro país, ha dejado de enseñarse pensando que porque es lengua materna ya se conoce y que no es necesario estudiarla en términos gramaticales”, dice en entrevista con La-Lista. Eso es verdaderamente aberrante, es tan aberrante como pensar que porque yo tengo un hígado, un corazón y unos pulmones no necesito estudiar anatomía, pues no”. 

La-Lista: ¿Hay un mayor acercamiento de los hablantes con las academias a partir de las redes sociales?

Gonzalo Celorio: Sí, por supuesto que sí. En la Academia Mexicana de la Lengua tenemos una comisión de consultas, en donde nos llegan preguntas continuamente que la academia responde. Ahora podemos presumir que estamos al día en las respuestas, pero no tenemos el banco de datos tan amplio como tiene la Real Academia Española, que empezó desde hace muchos años a prestar este servicio.

L-L: ¿Cuáles son las preguntas frecuentes?

GC: Sobre todo tienen que ver con el español de México y hay muchísimos consultantes de otros países, entre otros, de España misma que nos preguntan cuál es el uso en México de tal o cual acepción y nosotros respondemos.

Por otro parte, de un tiempo a esta fecha hemos desarrollado también las redes sociales y no esperamos a que nos hagan preguntas, sino continuamente estamos enviando mensajes sobre tal o cual forma verbal, tal o cual uso, tal o cual significación. Creo que hay una relación cada vez más estrecha, precisamente gracias a estos medios tan expansivos. 

L-L: ¿Cuáles son los beneficios de esta cercanía?

GC: Si los hablantes están preocupados por la significación de una palabra o por la manera de escribirla o por el origen, quiere decir que tienen también cada vez una mayor conciencia de su propia lengua y esto, en principio, redundará en una mejor expresión, más creativa, más amplia, más rica. Que eso es lo que quisiéramos nosotros porque con mucha frecuencia vemos que la lengua española en términos educativos, sobre todo en nuestro país, ha dejado de enseñarse pensando que porque es lengua materna ya se conoce y que no es necesario estudiarla en términos gramaticales. Eso es verdaderamente aberrante, es tan aberrante como pensar que porque yo tengo un hígado, un corazón y unos pulmones no necesito estudiar anatomía, pues no. 

Es importante conocer el funcionamiento de nuestro cuerpo como conocer el funcionamiento de nuestra propia lengua, que es la expresión de nuestro propio espíritu, de nuestra cultura, de nuestra posibilidad no nada más de comunicarnos los unos con los otros sino de concebir el universo. Evidentemente que entre más riqueza lingüística se tenga, más capacidad expresiva y creativa podemos tener. Esto es muy importante. 

Y como los estudios de gramática han desaparecido prácticamente del escenario educativo nacional, creemos que hay realmente muchas deficiencias y éstas se están subsanando a través de las consultas que les hacen a los académicos. 

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L-L: ¿Esta no enseñanza de la lengua materna se replica en otros países o es sólo un fenómeno en México?

GC: Sí, así es, se replica en otros países. Esto ha ocurrido de un tiempo a esta parte, desde los años 70 más o menos hubo una nueva pedagogía que tenía que ver con un sentido más práctico, se pensaba que uno podía aprender a escribir bien por el solo hecho de leer y no es así, sí se necesita el conocimiento gramatical que es equivalente al conocimiento anatómico para conocer nuestro cuerpo.

Pero ocurre desde hace 40 o 50 años, creo que a través de todos estos mecanismos educativos que empezaron a rechazar la memoria. Lo que me parece que es un arma de doble filo, porque estoy completamente de acuerdo con que la memoria no puede sustituir al razonamiento, eso sería una tontería, aprenderse de memoria sin entender pero la memoria a veces también sirve. 

Qué bueno que nosotros sabemos las tablas de multiplicar porque sino tendríamos que sumar tres veces ocho para saber que son 24 en vez de multiplicar tres por ocho. Con esta actitud, que tiene que ver con la memoria pero también con una actividad más participativa por parte del alumnado, una educación más abierta, se ganaron muchas cosas efectivamente pero creo que se perdieron otras. Y una de esas es el estudio formal de nuestra lengua, entonces vemos con bastante preocupación que el español en general, la lengua en general, está utilizándose de una manera terriblemente pobre. 

Yo no creo en el sentido de corrección rigurosa, la academia no marca pautas correctivas sino más bien pautas ejemplares, pero en lo que sí creo a pie juntillas es en la pobreza de la comunicación. Cuando hay palabras que funcionan, según los lingüistas, como archilexias, es decir, una palabra que sirve absolutamente para todo como fue la palabra ‘onda’ hace algún tiempo, como es la palabra ‘güey’ en la actualidad, es una palabra que se utiliza constantemente y que sustituye a otras muchas que quedan realmente marginadas del vocabulario. Eso me parece que es penoso, realmente triste, porque es el empobrecimiento de la lengua y la lengua es un instrumento verdaderamente riquísimo, lleno de posibilidades, de matices, de acepciones, de voces que a veces se utilizan de manera muy precaria. 

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L-L: ¿Cómo se ha vivido la pandemia en la Academia Mexicana de la Lengua? ¿Qué tanto se han visto afectados en cuanto a contagios?

GC: La academia, por fortuna, ha corrido con mucha suerte porque no hay ningún académico, hasta la fecha, que haya sufrido una enfermedad. Ningún académico ni numerario, ni correspondiente, ni electo, ni honorario, todos gozan de cabal salud a pesar de que la academia como es natural está integrada muchas de ellas de edad avanzada. Decía Ernesto de la Peña que si sumamos la edad de todos los académicos, tenemos más edad que el cristianismo. 

Hemos tenido dos casos, uno mortal y otro no, de colaboradores administrativos: un personal de vigilancia y un chofer. Fuera de eso, todos están bien y la academia está funcionando extraordinariamente bien porque muchos académicos, por razones también de edad y de distancia, en los últimos tiempos no asistían a las sesiones presenciales de la academia. Y hace casi un año que tenemos sesiones virtuales asisten absolutamente todos los académicos, y no nada más numerarios sino varios académicos correspondientes de otros países, otras ciudades, que nos acompañan en las sesiones. 

Hemos podido también, por estos medios telemáticos –prefiero llamarles telemáticos que virtuales, me parece que es un término más apropiado o menos ambivalente– hemos podido resolver todas las consultas, avanzar muy considerablemente en la gran obra de la academia que es el nuevo diccionario de mexicanismos, que estará listo el día 31 de mayo. Y se ha podido avanzar también en muchísimas publicaciones. 

L-L: ¿Algo se ha complicado a partir de la pandemia?

GC: Lo que no hemos podido hacer con la misma eficacia es la distribución de nuestras publicaciones y también en el trabajo de prensa, hemos podido avanzar mucho en el trabajo de preprensa, en la elaboración de los originales, pero mucha de las imprentas han estado cerradas y el mecanismo de distribución –aunque tenemos Amazon– también es verdad que muchas librerías han estado cerradas y que mucha gente no se atreve a ir a comprar libros. Entonces no hemos estado presentes en las ferias de libro, donde generalmente exponemos nuestro material bibliográfico, porque se han cancelado. Sin embargo, hemos subido a varias plataformas digitales nuestros materiales que tienen una consulta muy rica, entre otros, estamos en la plataforma de Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y ahí pudimos digitalizar 71 textos académicos que tienen un número muy alto de consultantes. 

Tenemos, por otra parte, una colección que se llama Biblioteca Digital Musa, en honor a Sor Juana, donde ya hemos digitalizado muchos textos académicos que también son consultados. Pero quizá lo más importante de todo es que los académicos tenemos la obligación estatutaria de ofrecer una lectura de un estudio, alguna conferencia, una exposición, una charla rotatoriamente en cada sesión. A cada académico le corresponde en una sesión ofrecer una conferencia y estas conferencias antes se hacían a puerta cerrada, de manera tal que si son 36 miembros de la academia solamente podía escuchar cada conferencia, en el mejor de los casos, 35 personas. Ahora estas conferencias después las subimos a la página de Facebook  de la academia, puedo decir con mucho orgullo que ahora quienes pueden disfrutar de estas conferencias se cuentan por decenas de miles. 

Cuando Eduardo Matos dio una conferencia sobre el V Centenario del Encuentro de Dos Mundos, tuvo 80,000 visitantes. Y lo mismo cuando Vicente Quirarte dio una conferencia sobre Ramón López Velarde. Ahí tenemos algo muy positivo, al grado tal que esto ya será irreversible evidentemente, preferiremos seguir utilizando este mecanismo aún cuando pudiéramos tener un auditorio. 

L-L: Entrevistaron a la escritora Margo Glantz en el podcast El café de la mañana y dijo que tanto la Academia Mexicana de la Lengua como el Colegio Nacional son una especie de Club de Toby. ¿Cómo están planeando subsanar esta área de oportunidad en materia de género?

GC: Las dos últimas académicas que se han elegido en mi dirección han sido mujeres, una es Liliana Weinberg –que entró hace ocho meses– y otra que entró (este mes) es Angelina Muñiz-Huberman. Ambas mujeres. En la actualidad ya son 10 mujeres las que están presentes en la academia, creo que todavía no se refleja en el número de mujeres del mundo intelectual dedicado fundamentalmente a la lengua que existe en el país y esto habrá que irlo subsanando paulatinamente. 

Tampoco queremos tener cuota de género y quienes curiosamente más se oponen a la cuota de género en la academia son las propias académicas, porque consideran que no deben ser académicas por el solo hecho de ser mujeres sino por ser las más competentes en condición de igualdad de circunstancias o de oportunidades. Pero curiosamente sí, lo que hemos ahora advertido es que la academia se ha pronunciado en estos dos últimos años por elegir a dos mujeres. La última sustituye a nadie menos que a don Miguel León Portilla, que fue el decano de nuestra corporación y que murió el 1 de octubre del año antepasado. 

Lo que quiero decir es que para que entre un nuevo académico se tiene que morir otro, porque el número de sillas –por eso la condición de académicos numerarios– es un número fijo de 36 escaños y en ese sentido no se puede ampliar ese número y hay que esperar a que alguien fallezca para que esa silla quede vacante y, de todas maneras, la academia deja pasar un tiempo de luto sin ocupar esa silla, como fue el caso de un año que transcurrió entre la muerte de don Miguel León Portilla y la elección de su sucesora.