Rosa Beltrán: México ahora es mucho más violento con las mujeres
La escritora mexicana Rosa Beltrán, autora de "Radicales libres". Foto: Instagram

Parecen lejanos los tiempos en los que la infancia era pasar la tarde con los vecinos de la cuadra y en los que las cosas pasaban, pero no se les llamaba por los nombres que ahora tienen, como bullying o feminicidio. Ese retrato del México del ayer y el de hoy lo hace la escritora Rosa Beltrán en Radicales libres.

Un recorrido por 50 años en los que las mexicanas no solo han buscado la reivindicación, sino han enfrentado situaciones extraordinarias como el terremoto del 85, es algo que hace la autora en su más reciente novela, en la que ahonda en el día a día de las mujeres, pero también en el machismo enraizado en la sociedad.

Aunque en el pasado la situación que vivían las mujeres estaba marcada por una cultura patriarcal, en la que algunas mujeres eran la excepción de la norma y desafiaban las creencias de su tiempo, la publicación editada por Alfaguara muestra el deterioro social que se ha alcanzado y deja una reflexión sobre lo que se vive en la actualidad, con una imparable ola de violencia.

La historia de una familia y los hechos individuales de tres generaciones sirven como barca para que el lector dimensione la forma en que se han incrementado las agresiones, acoso y distintas formas de violencia contra la mujer.

La-Lista (L-L): ¿Qué la llevó a escribir el libro Radicales libres?

Rosa Beltrán (RB): Era una necesidad vital, pero no encontraba cómo escribirla porque quería que esta voz que narra la historia fuera un nosotros. Que la revisión de esas seis décadas de crecimiento no fuera solamente la de la narradora, sino la de muchas y muchos que hemos vivido los años anteriores a que México fuera esta narrativa prácticamente única de violencia, desaparecidas y levantamientos; cuando también había la posibilidad de pasar una infancia con vida de barrio, en la calle, jugando con los vecinos de distintas clases sociales, volviendo a tu casa hasta que se hiciera de noche, y después la adolescencia llena de mitos, sobre todo en el caso de las mujeres, y el estigma contra el uso libre del cuerpo.

Ya pertenecíamos a la generación posterior a la píldora, que data de los años 60 y que fue la generación de nuestras madres, la que decidió que no iba a vivir exclusivamente para la maternidad teniendo 11 o 12 hijos, sino que querían ingresar a la vida laboral y tener una vida social.

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En el caso de la siguiente generación, en los 70 y 80, había un machismo soterrado que hacía que un día fueras el amor de la vida de alguien y al día siguiente fueras la comidilla, que estuvieras en boca de todos, y hubiera una suerte de vacío que se hacía de estigma, hecho también por las propias mujeres. Esta novela también explora el machismo en las mujeres, que hemos normalizado.

Finalmente quería hablar de la generación del #MeToo, de las más jóvenes, de las que han decidido que Ni una más, que no es posible vivir en un mundo donde matan 11 mujeres por día, que hay que construir una verdadera sororidad, pero no de palabra sino de hechos.

Además quería contar ese misterio que son las familias. Todos tenemos una familia que guarda secretos y sabemos que solamente guardando esos secretos sobrevivirás cuando eres niño, pero también sabemos que revelando esos secretos, sobre todo en una época como esta en la que incluso las identidades se deciden por voluntad, puedes visibilizar lo que está mal. Esos prejuicios son los que nos han separado, nos han hecho sufrir, nos han excluido de algo que debería ser normal, no existe una familia funcional.

L-L: El libro inicia con la niña que ve a su mamá irse en una moto. Forma parte de este poder de decisión que va ganando la mujer desde los 60…

RB: Quizás había excepciones y simplemente no se escribía. Para todos, hombres y mujeres, claro que para la mujeres esto adquiere cierto cariz especial por cierta marginación que ha habido.

La vida se nos presenta como un tablero de ajedrez que ya hay muchas piezas movidas y sobrevivir consiste en hacer el mejor juego que puedes hacer con el tablero que te tocó. Puedes tener un gran juego, pero hay que desoír las historias que vienen de fuera, que te dicen que la familia tiene que ser exactamente así, y tú sentirte culpable o mal quién sabe por qué.

Hay que desoír instituciones y discursos que vienen de instituciones como el psicoanálisis freudiano, que dice que tu vida como hijo, tu relación filial, siempre tiene que empezar con un trauma. Pero te detienes (a ver) esto y dices: ¿Quién dijo esto? Lo dijo un señor, aparte de todo es un producto cultural patriarcal, ¿por qué voy a empezar a definir la vida mía a partir de mis padres y de la falta, de la falla, de lo que no está, y llamarle trauma, y explicarme todo lo que no me gusta de la existencia a partir de esa falta? ¿Qué no podría explicarlo desde otra manera, por ejemplo, desde las estrategias de sobrevivencia que son las que nos hacen llegar a donde estamos, no solo del covid sino de nuestra propia historia?

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L-L: ¿Considera que se han ido erradicando el acoso, abuso y bullying dentro de la infancia?

RB: Por supuesto que no. Hay bullying, hay acoso; hoy se llama bullying, antes se llamaba ‘no molestes a tu hermana‘. Hay violencia, antes se llamaba crimen pasional, hoy se llama violencia de género; me parece muy bien que cambie el lenguaje y que aprendamos a nombrar las cosas de una forma que nos haga verlas distintas porque si no, no podremos cambiarlas.

La novela va hacia un México que empeoró, no mejoró;  es mucho más violento sobre todo con las mujeres. Violento en general, para ti, para mí, para todos. En el caso de las mujeres, se mata a 11 por día; hay quienes se están atreviendo a denunciar cada vez más, pero siguen padeciendo la doble victimización: por un lado, lo que les ocurrió, y por el otro, el estigma en el momento en que van a denunciar de que sospechen que están exagerando o que tienen la culpa por haberse vestido así o por haberse puesto en esta circunstancias. No creo que se haya terminado.

L-L: ¿El libro pretende abonar a estos debates sobre cómo se puede mejorar la situación?

RB: Depende de cada quién, porque la literatura no es un manual de comportamiento, no es un manual de autoayuda; la literatura muestra y en el mejor de los casos toca las emociones de los otros, te hace sentir rabia, impotencia, o te hace sentir euforia. Incluso a través de la ironía te hace pensar de manera doble: “Ah, así que esto me produce una sonrisa, pero a la vez está haciendo una aguda crítica a algo en lo que tengo responsabilidad”.

La literatura hace todo eso, nos hace identificarnos. Es un ejercicio de memoria también, pero no es un manual ni un libro de cómo se vive mejor, ¿porque quién tiene esa fórmula?

L-L: ¿Cuál es su perspectiva en torno al empoderamiento de la mujer y los movimientos feministas?

RB: Es una lucha que viene de muchas generaciones atrás. Mi libro empieza con el 68, con el recuerdo de una madre que desde los 60 decide ejercer su libertad y hablar de una forma distinta de maternidad. Yo creo en las maternidades, no en la maternidad, porque hay tantas, cuántas mujeres hay, pero el feminismo data de mucho tiempo atrás, empieza en el siglo XIX y hay atisbos desde antes.

Claro que ha habido derechos que se han ganado. Cuando piensas que apenas en los 70 en países como Argentina o España hubo derecho al divorcio, te parece absurdo, es tan reciente; o a que las mujeres tuvieran una cuenta bancaria y que se lucha por el derecho al aborto y que en Argentina apenas se acaba de obtener. Todo esto sí son logros, pero te parece que toma tanto tiempo, que se va poco a poquito pensando de una manera distinta donde se escuche a las mujeres, se escuchen sus razones. Sientes que esta lucha va para muchos años todavía.

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L-L: ¿Qué se viene dentro de todos sus proyectos literarios?

RB: Mi literatura está contada, desde mi primer libro, haciendo un contraste entre la vida pública y la vida privada, para mí no están separadas. La historia con H mayúscula de las historias familiares, de las pequeñas historias personales.

Incluso una novela como El cuerpo expuesto habla de Darwin desde su vida privada, y desde un ángulo que no había sido tratado nunca, desde una época que le permite hacer lo que hizo porque en esta lo habrían tildado de tener falta de concentración, le habrían dado medicina por el TDAH, etc.

Siempre abordo lo histórico desde las vidas individuales, desde lo pequeño, creo es lo que seguiré haciendo. No es expresamente feminista por proyecto, no hay detrás un plan biológico, no se trata de dar teoría del feminismo, se trata de hacer literatura, pero no puedo evitar hacerla desde este cuerpo de mujer; se trata también en todo lo que escribo de hablar desde el cuerpo, de posicionar el cuerpo, de ver de qué manera el cuerpo de quien está escribiendo se ve afectado por lo que ocurre afuera.