Blanquea tus huesos. Deja de hablar en lenguas
Travesías
Blanquea tus huesos. Deja de hablar en lenguas

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“Y aunque ahora escribo mis poemas en español tanto como en inglés, siento el robo de mi lengua nativa”, escribe Gloria Anzaldúa en ese excepcional manifiesto llamado “Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas”.[1] Allí, la escritora chicana nacida en Texas teje una red de solidaridad lingüística y de género, a modo de carta dirigida a las “Queridas mujeres de color, compañeras de la escritura…”.

La lengua, como espacio de pertenencia e identidad, silenciada o despreciada por los diversos poderes (culturales, sociales, políticos), se transforma en la escritura de Anzaldúa en resistencia individual y colectiva. Una resistencia que ensancha los límites del español de una infancia marcada por el brutal trabajo en los campos del sur de Estados Unidos, y se vincula con las minorías que habitan el país: mujeres afro, chicanas, indígenas, asiáticas. ¿Quién las mira? ¿Quién las escucha? Son las invisibles. Han intentado arrebatarles sus propias palabras, y con las palabras se van la memoria, el orgullo, las raíces. “Nuestro lenguaje, también, es inaudible. Hablamos en lenguas como las repudiadas y locas.” Cherríe Moraga, otra de las grandes poetas chicanas lo escribió: Me “falta imaginación” dices / No. Me falta el lenguaje. / El lenguaje para clarificar / mi resistencia a las letradas.

¿Cómo ser escritora desde ese lugar de rechazo, de marginación? ¿Cómo ser escritora si se es invisible e inaudible? ¿Cómo ser escritora desde lenguas repudiadas y locas?

¿Quién soy yo, una pobre Chicanita del campo, que piensa que puede escribir? ¿Cómo aún me atrevo a considerar hacerme escritora mientras me agacho sobre las siembras de tomates, encorvada, encorvada bajo el sol caliente, manos ensanchadas y callosas, no apropiadas para sostener la pluma, embrutecida como animal estupefacto por el calor? Qué difícil es para nosotras pensar que podemos ser escritoras, y más aun sentir y creer que podemos hacerlo.

La exigencia es clara: deja de ser quien eres, quizás si raspas lo moreno de tu cara. Quizás si blanqueas tus huesos. Deja de hablar en lenguas…”. Anzaldúa en 1980 alerta a sus hermanas sobre los peligros de ceder la propia palabra ante un sistema que exige disciplinarse en lo cultural, en lo social y por supuesto en lo erótico-sexual. ¿A quién se le ocurre querer escribir siendo chicana, pobre y lesbiana?.

Aunque la abogada afroamericana Kimblerly Crenshaw creó el término “interseccionalidad” en 1989, la carta de Gloria Anzaldúa es ya una reinvindicación de aquellos cruces que el poder hegemónico (masculino, blanco, heterosexual) desprecia y oprime.

Desde ahí postula la escritura de las mujeres de color -también nos habla a nosotras, las escritoras mexicanas, latinoamericanas, que no se nos olvide- como libertad y sororidad, desacomodo y desafío; escritura que viene desde las entrañas, desde el dolor, desde la infinita ternura, para abrazar con ella la lucha por otra realidad.

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El español de Anzaldúa, silenciado, denigrado durante décadas, se asemeja al ayuujk que habla Yásnaya Elena Aguilar Gil. O a alguna de las 78 lenguas indígenas que se habla en México.

No es el español del poder sino el de la resistencia

La lengua que hay que hablar en voz baja para no llamar la atención; para no recibir miradas de desprecio. Como las que recibe la familia hablante de náhuatl que Yásnaya encuentra en el metro de la Ciudad de México, y que relata en su libro Ää manifiestos sobre la diversidad lingüística.[2] ¿Cuántxs mexicanxs conocemos por lo menos el nombre de esas lenguas? ¿Cuántxs pensamos en los derechos lingüísticos como derechos humanos?

El 26 de febrero de 2019 Yásnaya Aguilar, lingüista, activista, pensadora, mujer mixe enamorada de las lenguas, pronunció un discurso en la Cámara de Diputados en su lengua (cito la traducción al español):

Nuestras lenguas no mueren, las matan. El Estado mexicano las ha borrado con el pensamiento único, la cultura única, el Estado único. (…) Fue México el que nos quitó nuestras lenguas, el agua de su nombre nos borra y nos silencia. Aun cuando han cambiado las leyes, estas continúan siendo discriminadas dentro de los sistemas educativos, de salud y del judicial.[3]

Yásnaya en la Cámara de Diputados

Si, tal como lo muestran los censos, en 200 años la población hablante de lenguas indígenas se ha reducido de un 65% a un 6,5%, estamos ante un verdadero “lingüicidio”. “Las lenguas mueren porque sus hablantes son discriminados y violentados”. El Estado mexicano se conformó sobre la imposición del castellano desde las políticas públicas para lograr una supuesta unidad y homogeneidad. Pero ser mexicano es un estatus legal, no es un estatus cultural, dice Aguilar Gil.

“A nuestras lenguas las matan también cuando no se respetan nuestros territorios, cuando las venden y concesionan, cuando asesinan a quienes las defienden. ¿Cómo va a florecer nuestra palabra en un territorio del que se nos despoja?”

Ää manifiestos sobre la diversidad lingüística es hoy una obra imprescindible. El rigor ético y político de sus planteamientos combinados con una prosa profunda y rigurosa que no deja nunca de ser amena, y muchas veces irónica o dulce, lo convierten en uno de los mejores libros de ensayo que han salido en nuestro país en los últimos tiempos.

Yásnaya nos enseña a pensar desde otro lugar; un lugar que nace desde el dolor y la indignación para volverse irreverentemente propositivo, poniendo el dedo en la llaga de las injusticias y los silenciamientos que nos constituyen. “A mayor autonomía de los pueblos indígenas, mayores probabilidades de fortalecer la lengua. Yo ya no entiendo de revitalización lingüística sin lucha por la autonomía de los pueblos.” (p. 124)

Si consideramos que esto fue escrito en San Pedro y San Pablo Ayutla, donde un grupo armado se apropió del manantial en 2017 dejando a la totalidad de la zona sin agua y donde ninguna autoridad del Estado ha intervenido, es mucho más claro entender esta defensa de la autonomía. De ahí la reivindicación de México como un Estado plurinacional y no como una nación multicultural.

“Para protestar por falta de agua por un año y por falta de justicia, en lugar de armarse, mi comunidad llevó instrumentos de música y marcha fúnebre. Música, no balas. Me siento conmovida por ser de Ayutla.” (p. 186 Tuit publicado el 05.06-2018)

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Y ahí están el rap y el hip hop de las mujeres indígenas. Pocas experiencias más potentes que escuchar a la zapoteca Mare Advertencia Lírika,[4] o a la mazahua Za-Hash y sus versos y rolas feministas que lo mismo abrevan de la tradición de sus comunidades que del mejor jazz; de la intensidad de Janis Joplin que del feminismo decolonial. 

“Yo comencé a cantar porque a muchos les avergonzaba hablar lengua, a pesar de que estamos en un siglo en el que muchos pueblos originarios ya están en otro parámetro, la realidad es otra: todavía hay pueblos en los que los adultos —que son la mayoría de los hablantes— se avergüenzan de que los jóvenes hablen su lengua nativa”, dice Za-Hash.[5] 

En las composiciones de mujeres como ellas, en sus ritmos, en su poesía, están las luchas de todas las mujeres del país. Su digna rabia, su furia, su alegría, su reivindicación del cuerpo y el erotismo.

Como están también en los versos de las poetas Mikeas Sánchez, Rubí Tsanda Huerta, Nadia López García, Elizabeth Pérez Tzintzún, Celerina Sánchez Santiago, Emilia Buitimea Yocupicio, Alejandra Lucas Juárez, Enriqueta Lunez, Rosa Maqueda Vicente, Zara Monrroy, Irma Pineda[6], de Briceida Cuevas, de Natalia Toledo.

Son ellas las verdaderas herederas de Gloria Anzaldúa: de margen a margen. De dolor a dolor. De abrazo a abrazo. De sororidad a sororidad.

Escucharlas a todas hoy, es escuchar a los millones de mujeres de México que luchan contra la violencia patriarcal, ésa que denigra voces y cuerpos, ésa que asesina, ésa que silencia, ésa que celebra la participación política de un hombre acusado de violación. 

Porque ninguna de nuestras mujeres blanqueará ya sus huesos. Ni silenciará su lengua. Ni renunciará a la libertad de la piel y la palabra. 

Colección Originaria de poetas en lenguas indígenas. (Foto de Mara Rahab, una de las creadoras del proyecto)

[1] Gloria Anzaldúa, “Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas”, Escrito originalmente para Words in Our Pockets (Palabras en nuestros bolsillos), editado por Celeste West (San Francisco: Bootlegger Press). Disponible en internet: https://elizabethruano.com/wp-content/uploads/2019/03/Anzaldua-2017-Hablar-en-lenguas.pdf

[2] Yásnaya Elena A. Gil, Ää manifiestos sobre la diversidad lingüística. Compiladores Ana Aguilar Guevara, Julia Bravo Varela, Gustavo Ogarrio Badillo, Valentina Quaresma Rodríguez, México, Bookmate / Almadía, 2020.

[3] La traducción del discurso puede leerse también en el libro citado, p.183.

[4] Se puede escuchar en youtube o en  https://soundcloud.com/mare-advertencia-lirika

[5] “Za-Hash, la rapera mazahua que promueve el feminismo con sus versos”, en Anuario de glotopolítica, 3 de mayo de 2019. Disponible en internet: https://glotopolitica.com/2019/05/03/za-hash-la-rapera-mazahua-que-promueve-el-feminismo-con-sus-versos/

Su música está en Youtube y en https://soundcloud.com/za-hash-tejeda

[6] Todas ellas forman parte de Originaria. Antología de once poetas en lenguas indígenas, impulsada por la Gira de Mujeres Poetas del mismo nombre, fundada, entre otras por la gestora cultural Ateri Miyawatl y a la librera independiente Mara Rahab.