Joe Biden no puede sanar a Estados Unidos sin la ayuda del resto del mundo
Foto: Jon Tyson/Unsplash.com

Durante su campaña, Joe Biden citaba estas palabras de su poeta favorito: Seamus Heaney:

“Hope for a great sea change/ on the far side of revenge” 
(Espera el gran cambio del mar/ al otro lado de la venganza).

Al prestar juramento como presidente de EU en Washington DC, el resto del mundo va a necesitar que le dé la vuelta al mar. Su primera misión será reunificar a EU, y la segunda acabar con el aislamiento de EU. Tiene que demostrarle a los estadounidenses que necesitan al mundo y demostrarle al mundo que todavía necesita a EU.

Dadas las tres amenazas entretejidas de la pandemia, el colapso económico y la catástrofe climática, su presidencia se definirá no en los primeros 100 días como se acostumbra, sino en sus primeros 10 ó 20 días. A pesar del juicio de destitución de Trump, durante el primer día se verá a Biden echar a andar sus planes para realizar la vacunación masiva y para ayudar a la economía de EU presionando para que el Congreso apruebe el mayor paquete de estímulo económico que se haya dado en la historia. El nuevo cuerpo político tiene una nueva cara y debido a las inclinaciones de Biden, su plan multimillonario será más verde de lo que jamás hayan visto los legisladores de EU.

Pero Biden tiene que ser global. Su presidencia se forjará o se romperá sobre esas crisis existenciales y su internacionalista interior sabe que ninguno de estos tres objetivos nacionales de un país libre de virus, con resistencia económica y libre de contaminación puede lograrse sin cooperación multilateral. Sin embargo, esto es algo que los nacionalistas de la economía en ambos partidos no sólo rechazan, se burlan de eso.

Alguna vez, en el mundo unipolar de inmediatamente después de la guerra fría, EU actuaba de forma multilateral como en la coalición global que sacó a Irak de Kuwait hace 30 años. Recientemente, en el mundo multipolar, actúa de manera unilateral. Acabar con el nacionalismo agresivo populista de los años de Trump no va a ser fácil.

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Así es que no podemos esperar una repetición de “ve a donde quieras, paga lo que sea” del internacionalismo del pasado. Este pensamiento fue alguna vez tan dominante que en su discurso inaugural John F. Kennedy, en 1961, apenas hizo mención de los problemas internos. Tampoco podemos esperar que repita la tercera vía de Clinton en la década de los 90 que fue un intento triunfalista de una hegemonía no disputada, para atrapar a todos los países en un “consenso de Washington” actualizado.

Ahora existen muchos centros de poder en el mundo que compiten, y dos y medio siglos después de su declaración de independencia, EU necesita una modesta “declaración de interdependencia”.

Al principio podría parecer proteccionista, pero Biden va a repetir sus propuestas de campaña de que la política exterior de EU tiene que estar determinada por sus prioridades internas. Pero para eliminar el virus, reconstruir el comercio y el intercambio y para enfrentar la crisis del clima, todo va a depender de un trabajo más cercano con otros países. El nuevo presidente abandonará los muros, las tarifas y la xenofobia de los años de Trump y adoptará una política de “alianzas primero” antes de “América primero”. El Biden que conocí cuando trabajé con él durante la crisis financiera global no sólo será el más propenso a la política trasatlántica de los presidentes modernos, también explotará al máximo su reputación de ser una gran conciliador.

Biden tendrá que llamar de inmediato al primer ministro italiano, el actual presidente del Grupo de los 20, y proponer una cumbre urgente de líderes mundiales para coordinar acciones globales de emergencia de salud, economía y crisis ambiental.

El (nuevo) presidente sabe que la inmunización de EU no será suficiente para proteger a sus ciudadanos si los países más pobres no pueden pagar las vacunas porque el virus va a seguir mutando y volverá a infectar a los que ya estaban inmunizados. EU y Europa tienen que crear un consorcio del Grupo de los 20 para cubrir los 30 mil millones de dólares que hacen falta en fondos para vacunar a todo el mundo. Esto es una ganga en comparación con los billones en actividad económica que se van a perder si la pandemia continúa o si logra contenerse pero luego regresa.

Incluso antes del Covid, EU, al igual que todas las economías avanzadas, estaba viviendo una década de desempleo y ninguna de las grandes economías, ni de los países en desarrollo, recuperará la producción o los empleos perdidos de 2020 hasta que se realice un plan global sincronizado para recuperar el crecimiento.

En el ambiente actual de baja inflación e intereses bajos, existe un exceso de ahorros que necesitan invertirse, y la inversión pública que fomenta la productividad se pagará por sí misma al crear un círculo virtuoso de demanda de consumo, crecimiento y aumento de ingresos por impuestos.

Sé, por mi experiencia durante la crisis financiera global, que si EU, Europa y Asia llegan a un acuerdo para coordinar sus estímulos fiscales, el efecto multiplicador, el excedente del aumento en el comercio y el consumo, será dos veces más efectivo para propiciar el crecimiento que si cada bloque actúa por sí mismo.

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Los dividendos de la cooperación podrían superar los 20 millones de trabajos que se necesitan y eso podría ser todavía mejor si el presidente Biden puede deshacer las objeciones del presidente Trump para ayuda de emergencia para África y los países en desarrollo. Lo que sería un Plan Marshall del siglo 21 podría incluir el alivio de la deuda, la creación de un 1.2 billones de nuevo dinero internacional por medio de los que se llaman derechos especiales de giro, y fondos equivalentes para salud, educación y reducción de la pobreza por parte del FMI y el Banco Mundial.

Biden se reintegrará esta semana a los acuerdos climáticos de París y tiene que anunciar que participará en diciembre en la conferencia del clima Cop 26 en Glasgow. Ya dijo que la década de los 2020 puede ser la última oportunidad de evitar una catástrofe por el calentamiento global. Sus iniciativas para la energía doméstica serán bienvenidas, pero no es suficiente. La transición a una economía de cero emisiones es la misión más grande de nuestros tiempos, y EU y Europa tienen que encabezar y convencer a todos los países, ricos y pobres, de implementar un nuevo acuerdo verde global y llegar a un acuerdo para los objetivos de reducción de emisiones para 2030.

Los fracasos abyectos de Trump y su legado, un mundo más inseguro, le dan a Biden otra oportunidad histórica. El Joe Biden que conozco dejará clara su determinación para enfrentar la falta de liberalismo en China y el oportunismo ruso. Actuará con velocidad para rehacer el tratado con Irán y contener las ambiciones nucleares de Teherán y para acabar con su patrocinio para el terrorismo.

Sin embargo, estas acciones imperativas representan un profundo cambio generacional. Desde 1980, cuando Biden fue a Moscú para ayudar a Ronald Reagan a asegurar la reducción de armamentos en el tratado con el presidente Gorbachov, siempre ha estado al frente en las demandas para buscar el desarme nuclear.

Creo que Biden podría ser el primer presidente de la era nuclear que declare y cumpla una política de “no usar primero” las armas nucleares. Su presidencia puede dar lugar a una década de desarme si puede negociar las prohibiciones globales para las pruebas nucleares y el enriquecimiento del uranio. Con estos pasos históricos podrían abrir el camino de una renuncia por parte de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, Egipto y Turquía a cualquier aspiración nuclear y dejarían aislada a Corea del Norte, y se iría reduciendo el papel de las armas nucleares hasta conseguir su eliminación.

Desde Franklin Roosevelt, hace casi 90 años, ningún presidente ha llegado al cargo con tantas presiones y con un fuerte llamado al cambio. Las palabras de Franklin D. Roosevelt en su toma de posesión fueron un llamado a la “acción y a la acción ahora” y se aplican con igual fuerza en estos momentos tan peligrosos. Y el presidente Biden lo sabe. En palabras de Seamus Heaney,  “make hope and history rhyme” (para hacer que esperanza rime con historia).

*Gordon Brown fue primer ministro de Reino Unido de 2007 a 2010. Su libro más reciente, Seven Ways to Change the World, se publicará este verano en Simon & Schuster.