Con estadios vacíos, el deporte seguirá triste en 2021
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Con estadios vacíos, el deporte seguirá triste en 2021

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El deporte se ha convertido en una sombra de sí mismo, en una mala copia. Sin aficionados en las tribunas todo es más triste, se nota una nostalgia que no se sabe cuándo va a acabar. ¿Será 2021 el año en que la oscuridad de los estadios vacíos se termine? Depende de la luz de la vacuna.

Por razones económicas, siempre prioritarias, se echó a andar la industria, ante el confinamiento derivado de la pandemia de Covid-19. Partidos a puerta cerrada por televisión o plataformas de streaming, ajustes en los calendarios para que diario haya un encuentro para ver con patrocinadores conformes porque su marca sigue vigente. El dinero circula, pese a que la pasión no.

Se escuchan los ecos de los jugadores y entrenadores que gritan en la cancha, los golpes al balón y el sonido de las faltas, en vez de los cánticos, porras, murmullos nerviosos o la típica mentada de madre. ¿Cuántos árbitros no extrañarán esto último? ¿Se sentirán realmente vivos sin este elemento tan propio de su oficio?

Hace unos días, el astro Cristiano Ronaldo aceptó que se siente aburrido por jugar en estadios vacíos: “Respetamos los protocolos porque la salud es lo más importante pero no me gusta”, expresó. Esa sensación de hastío es compartida no sólo entre los jugadores, sino también por los aficionados. Fanaticada y deportistas se necesitan mutuamente por la motivación ida y vuelta que generan. Sin esa simbiosis, la industria está incompleta.

Hoy más que nunca, los estadios son “esqueletos de multitudes”, como los describió el poeta uruguayo Mario Benedetti. ¿Qué pierde el deporte sin fans en los estadios? Su poder civilizatorio y la posibilidad de formar cultura entre los seguidores. Según Johan Huizinga, en su libro Homo Ludens, “el juego adorna la vida, la complementa, además de ser imprescindible por las conexiones espirituales y sociales que crea”.

Siguiendo esta idea, los rituales de vestirse con la camiseta, juntarse con los amigos y la familia para ir al coso o mirar el televisor para disfrutar del partido elegido se esfumó. La convivencia presencial quedó mermada y la imposibilidad de salir a la calle evitó que los jóvenes intentaran emular, en las canchas llaneras y urbanas, las gestas de sus ídolos.

Todo queda reducido a los debates tuiteros que muchas veces incluyen insultos entre desconocidos, entre anónimos que se esconden detrás de una foto genérica. También a ver juegos únicamente por la frialdad de la pantalla.

La caldera que hubiera sido el estadio Olímpico Universitario lleno en esa remontada de 4 goles ante Cruz Azul en la Liguilla del Guardianes 2020. “No hay peor nostalgia que añorar lo que jamás sucedió”, canta Joaquín Sabina con buena dosis de razón.

Para este año, vienen los Juegos Olímpicos, la Eurocopa, el Super Bowl y las eliminatorias mundialistas, sin olvidar todos los demás eventos deportivos que se dan año con año. El show debe continuar y evitar aglomeraciones es prioridad para todo el mundo con el fin de evitar los dolorosos contagios. Seguramente habrán gestas legendarias, porque la generosidad de los atletas da para eso y más.

Pero sólo hay que dejar en claro que hay una melancolía propia de los tiempos de la pandemia. El deporte seguirá triste sin aficionados en las tribunas. Ojalá que la humanidad pronto pueda estar vacunada contra el Covid-19. La sonrisa deportiva depende de eso.