Imaginemos: porque podemos
Futuros alternos

Es escritor, periodista, locutor y productor en Aire Libre 105.3 FM y gestor cultural. Ha escrito para medios como Vogue, RollingStone, Esquire, Código, El Universal, entre otros, y colaborado en Imagen Radio, Ibero 909, Reactor y Bullterrier FM.  Twitter: @mangelangeles

Imaginemos: porque podemos
La bioquímica francesa Emmanuelle Charpentier en el Centro Helmholtz de Investigación sobre Infecciones, en Braunschweig (Alemania). En 2020 ganó el Premio Nobel de Química «por el desarrollo de un método para edición genética», premio compartido con Jennifer Doudna.

Mientras lees estas líneas las turbinas desarrolladas por la empresa IceWind Extreme Energy Solutions, comienzan a generar energía eólica para Islandia, un país que ya puede presumir de tener los niveles de producción más altos de “energía verde” per capita.

Este año, el mundo logró un hito histórico: no solo una, sino varias vacunas para paliar la llamada primera pandemia del siglo. Los nombres de éstas los sabemos de memoria porque fueron vitales para darnos esperanza. La ciencia nos trajo a Sputnik, Moderna, AstraZeneca/Oxford, Pfizer BioNTech y las que se sumen.

La todavía polémica tecnología de edición genética llamada CRISPR vivió su llamado “año cero” con avances importantes que podrían impactar en campos como la detección de enfermedades vía pruebas rápidas y la cura para diversos padecimientos sanguíneos. De paso, derribando algunas viejas estructuras: el pasado octubre, Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna se convirtieron en las primeras científicas en ganar el Premio Nobel de Química con un equipo conformado únicamente por mujeres.

Mientras lees esto, en The Mediated Matter Group del MIT (Massachusetts Institute of Technology) bajo la dirección de la arquitecta Neri Oxman, se llevan a cabo investigaciones para generar proyectos que involucren procesos automáticos y naturaleza (como la producción de seda de manera tradicional con gusanos que se convierta en estructuras arquitectónicas) y se puedan producir alternativas de construcción que nos permitan tener otro tipo de relación con los entornos en los que habitamos. Bioarquitectura, vaya. 

Mientras lees esto, también seguimos siendo un país donde el derecho a elegir de las mujeres no es una garantía. Incluso con lo visto hace apenas unos días en Argentina, en México aún tenemos políticos a quienes hay que recordarles que los derechos no se consultan, todavía pensamos que el verdadero problema con Marte es que el único que tiene posibilidades reales de llegar es Elon Musk, mientras vemos cómo surge un proyecto como la llamada Agencia Espacial Mexicana. Exacto: con varias décadas tarde.

Mientras lees esto también, hay quien todavía cree que el virus no existe, quien organiza marchas para protestar en contra de las medidas impuestas para combatirlo, y funcionarios encargados de la estrategia que son incapaces de seguirla, la cifra más alta en la historia de feminicidios, un número que todos los días crece de crímenes de odio contra la comunidad LGBTQ+ y por si fuera poco, una muy compleja situación económica agravada por la pandemia  y dos proyectos que nada tienen que ver con la dirección a la que se encamina el mundo en términos de nuestra relación con el medio ambiente: Dos Bocas y el Tren Maya.    

No es inútil decir que ambos paralelos de esa realidad tienen en común algo: el ejercicio de la imaginación. Acaso, una de las pocas cosas que podemos decir, nos diferencian de otras especies (hasta ahora, por supuesto). Y es que es imposible no notar que es una cuestión de dirección: hacia dónde va lo que dictan la costumbre y las viejas prácticas; y, hacia dónde va lo que nos mueve a un mejor lugar. O sea: seguir pensando que todo es producto del pasado o unir los puntos del presente para generar un mañana.  Y no, no se trata de pensar que por tener una lista larga de malas decisiones seamos un país condenado a ello. Al contrario: se trata de saber que ese no es un absoluto y buscar otras formas de crear, otras formas de vivir y otras formas de habitar. Tenemos que hablar de cosas así aunque haya quien crea, que no nos toca todavía. 

El primer paso es imaginar esos futuros alternos. Imaginar desde lo personal y empujarlo a lo colectivo. Entendernos como una entidad con lo suficiente para desarrollar esquemas que nos involucren y beneficien a todos: pensar en lo horizontal y por ende, en lo igualitario.

Sirve pensar en personajes que han demostrado con intelecto que podemos: de quienes ya no están como María Izquierdo, Nahui Ollin, Elena Huerta Muzquiz, Ámparo Dávila, Sor Juana Inés de la Cruz, Natalia Baquedano Hurtado, Pita Amor, Josefina Vicens, Elena Garro, Mario Molina, Guillermo González Camarena, Rockdrigo Gónzalez, Juan Rulfo, Luis Barragán, Rosario Castellanos, Juan Soriano, Nellie Campobello, Lola Álvarez Bravo, Ricardo Legorreta o Frida Kahlo, a quienes nos están cambiando lo que somos a través de lo que vivimos como Silvia Torres Peimbert, Julieta Fierro, Edda Sciuto, Frida Escobedo, Tatiana Bilbao, Valeria Luiselli, Tania Candiani, Margo Glantz, Alicia “La Pelé” Vargas, Teresa Margolles, Julia y Renata Franco, Mario Bellatin, Alma Guillermoprieto, Guillermo del Toro, Ely Guerra, Alejandro González Iñárritu, María Eugenia Chellet, Alfonso Cuarón, Enrique Olvera, Lula Martín del Campo, Camilo Lara, Yásnaya Elena Aguilar, Juan Sant y todas las personas que no pueden ser nombradas porque no hay espacio siquiera digital que pueda con tantos nombres. Para ellas, este espacio y la certeza de que, sí, este es un país de imaginación colectiva, de esa que siempre nos ha sacado adelante. Lo hemos hecho antes y lo seguiremos haciendo. La diferencia ahora radica en hacer de ello un ejercicio colectivo.

Imaginar nos hizo humanos y nos hace el país que somos. 

Imaginemos futuros alternos para habitar mejor eso que llamamos presente.

Imaginemos: porque podemos.

Miguel Ángel Ángeles es escritor, periodista, locutor y productor en Aire Libre 105.3 FM y gestor cultural. Tiene tres perros y un gato por lo que se puede considerar un experimento vivo de paciencia y falsa cordura. 

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