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Señales

Sin amigos ni familia, la otra cara de querer cumplir con las medidas

Aminetth Sánchez

Promover la sana distancia, el quédate en casa y el uso de cubrebocas cuesta relaciones. En los momentos en que más acompañamiento y redes de apoyo se requieren, los vínculos se afectan. Y todo por querer mantener a los tuyos a salvo.

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—¿Vendrás a la reunión del sábado? Estaremos tus tíos, tus primos, los padrinos de tu hermana y nosotros. 

—¿Cómo? ¡¿Se van a reunir?!

—Sí, pero será una reunión pequeña, sólo nosotros nueve. 

—No, mamá, debemos cuidarnos. 

Así inició la conversación y terminó en discusión. A Raúl Garduño, la pandemia lo distanció de su familia. Y no sólo físicamente. Su relación comenzó a desgastarse cuando, en cada llamada, les repetía las medidas que debían tomar, criticaba sus “breves” salidas al centro comercial y les contaba historias de contagios para que experimentaran en cabeza ajena. Primero lo escuchaban, luego le “daban el avión” y, al final, discutían porque estaban hartos de que siempre les dijera lo mismo. “Me terminé cansando y ahora, aunque me duele, pienso: ‘son adultos, lo que les pase es su responsabilidad’”. 

Alicia Alarcón también ha visto que algunos de sus lazos familiares y de amistad se afectan por su “necedad” de querer cumplir con las medidas sanitarias. Ha recibido varias invitaciones y a casi todas responde: “te quiero muchísimo, pero no puedo verte porque, además, sé que estás saliendo”. De inmediato, dice, la relación se enfría y lo peor es que sus contactos no dejan de salir. “La gente se siente infalible”. 

Cuando Norma Silva vio que su mejor amigo presumía en redes sociales sus viajes y salidas a fiestas clandestinas, decidió tomar distancia. No concebía que mientras el marcador de muertes por Covid-19 crecía a ritmo acelerado, él saliera y desafiara a la enfermedad, “sentía rabia, enojo, cada vez que veía una de sus publicaciones”. Primero optó por repetirle los riesgos, pero los ignoró, se molestó y hasta la calificó de exagerada. Luego lo dejó de seguir y, desde hace cuatro meses, ya no le escribe. No sabe de él. 

Promover la sana distancia, el quédate en casa y el uso de cubrebocas cuesta relaciones. “Sí sientes la soledad muy cañona”, describe Alicia. En los momentos en que más acompañamiento y redes de apoyo se requieren, los vínculos se afectan. Y todo por querer mantener a los tuyos a salvo.

En su columna en The Huffington Post, la científica estadounidense Beth Prusaczyk afirma que el peaje emocional de esto es enorme. “Ver que todos mis seres queridos ignoran las normas y recomendaciones me sienta como una bofetada en la cara. No es la primera vez que algunas personas muy cercanas a mí han ignorado mis consejos como experta, pero esta es la primera vez que me lo tomo como un asunto de vida o muerte. Me muevo entre la ira y la resignación”, escribe.

No es un fenómeno aislado, basta con entrar a las redes sociales para descubrir decenas de historias de distanciamiento y llamadas de auxilio de personas que piden consejos sobre cómo lograr que amigos y familiares cumplan con las medidas sanitarias. Quieren ayudarlos, mantenerlos a salvo. 

¿Qué hacer? Para algunos, la respuesta es dejar de intentarlo y sólo esperar a que no se contagien. Para otros, la solución es mantener ‘la lucha’ y, como destaca Prusaczyk, arrastrar la carga emocional. 

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