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Esteban Ortiz-Ospina dice que entre 13 manejan la principal base de datos de Covid

Anna Portella

Our World In Data lleva un año poniendo cara, trayectoria, velocidad y ubicación al avance del SARS-CoV-2 en el mundo.

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El 23 de marzo se cumple el primer aniversario de un término que estuvo en boca de todos: la Jornada Nacional de Sana Distancia. La televisión y las redes nos traían imágenes de las grandes avenidas convertidas en pistas de concreto. En aquel entonces, la cifra era de 316 casos positivos de Covid-19, y la hoy conocida curva de contagios apenas se visualizaba ascendente. 

Esta pandemia la hemos narrado con palabras, imágenes, números y gráficos. Estos últimos nos ayudaron a poner cara, trayectoria, velocidad y ubicación a los organismos microscópicos que lograron que el mundo se parara. En específico, la famosa curva de contagios, que nunca se aplanaba y de la que aún hoy dependen nuestras vidas. 

Estas gráficas de líneas y puntos se nos han hecho tan comunes que parece que funcionan como la electricidad en casa: aprietas un botón y se da la luz.

Pero detrás de una de las bases de datos más usadas de la pandemia, Our World In Data (OWID), hay un grupo de 13 personas que trabajan para actualizar cada día, manualmente si hace falta, el avance del SARS-CoV-2 en el mundo.

Esta página web la alimentan y manejan entre expertos de la Universidad de Oxford y la organización The Global Change Data Lab. Se financia con subsidios de instituciones como la Fundación Bill y Melinda Gates, patrocinios y donaciones.

La fundó el alemán Max Roser y un amigo suyo de la Universidad de Oxford se unió al proyecto en 2016. Este último es el único latinoamericano del equipo: el ingeniero colombiano Esteban Ortiz-Ospina.

¿Qué es lo primero que hace por la mañana alguien que trabaja en una base de datos?

Tenemos diferentes roles en el equipo. Yo lo primero que hago es ponerme al día de los datos que se publicaron y cómo son percibidos por la audiencia. Tenemos un canal de retroalimentación de las personas que entran en la página y nos mandan mensajes cuando está caída o bien cuando los gobiernos corrigen algunos datos. 

¿Hay alguna curiosidad de OWID que nadie se imagina?

Somos un equipo bien pequeño, de 13 personas. Creo que es algo que a muchas personas les cuesta trabajo dimensionar, por el alcance que tienen los datos. Y en el tema de la vacunación, solo hay un individuo.

¿Cuál ha sido el rol de OWID en la pandemia del SARS-CoV-2?

Hemos ayudado a que estos datos estén en dominio publico y sean fáciles de encontrar. De hecho, Google ya entrega una gráfica propia y los datos de vacunación son de OWID

El otro tema, que no me lo imaginaba hace un año, es que hemos llenado vacíos en la recopilación de estos datos. En el tema de las pruebas PCR y de la vacunación no estaban siendo consolidados por ningún organismo y nosotros entramos a llenar este espacio.

¿Alguna anécdota?

Un caso casi insólito: Hace poco nos enteramos que el gobierno de Australia publicaba datos de manera bastante separada y desperdigada. Muchas personas de la sociedad civil empezaron a reunirlos, consolidarlos, limpiarlos y tabularlos. Después, los ingresaron en nuestras bases de datos y hoy, el gobierno usa nuestros datos, que son una versión procesada de los que ellos mismos publican.

¿Y qué ha supuesto la pandemia para OWID?

Muchísimo trabajo. Hemos tenido que ajustar nuestros procesos internos para responder a la demanda de información a la velocidad del Covid.

También pasaron a tener 100 millones de visitantes en su sitio web.

Creo que el incremento pasó a ser de 10 veces más personas entrando en la página. También en el reconocimiento institucional del proyecto la pandemia ayudó mucho. OWID existe desde 2014, pero creo que la gente que antes veía nuestros datos no sabían que eran de ahí. 

Nadie lo tomaba en serio a inicios del 2020, ¿por qué ustedes decidieron lanzar la base de datos del coronavirus?

No fue sencillo tomar esa decisión. Por un lado, empezamos a hacer seguimiento de los datos y vimos que iba a ser un problema grande por la tasa de crecimiento de los casos. Pero ese mensaje no había llegado al público en general. Si uno se metía en periódicos aparecían esos mapas con burbujitas de casos pero la gente decía: “ah, bueno, 50 casos en Italia es poco”. 

Lo que hacía falta era esta perspectiva de velocidad a la que estaban creciendo los casos

¿Por qué les llamó eso la atención?

Nosotros hemos hecho seguimiento de datos y tendencias históricas de cambio y era muy evidente que la velocidad del Covid iba a tener repercusiones en la vida del mundo. Ahí nos dimos cuenta de que iba a ser sin duda un problema global.

¿Qué les hizo reaccionar?

Creo que fue el ver que había un vacío en la forma cómo se presentaban los datos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estaba haciendo actualizaciones cada día en unos archivos PDF que eran imposibles de procesar. Nos dimos cuenta que si nosotros teníamos problemas en seguir los datos, seguramente millones de personas estaban con este mismo problema y que eso solamente iba a crecer. 

A nivel personal, ¿en qué le afectó darse cuenta de esto en ese momento?

Creo que en el momento que entendí que habría más de una ola de contagios, cambió la forma que planeé el resto del año con mi familia. Con el tema de colegios, no sería cerrar y abrir sino que sería un tema de convivir con la pandemia por años.

¿Años?

Ya vamos por el segundo.

¿Hay algo que ahora ustedes ven y que el resto aún no?

Creo que la vacunación va a durar bastante tiempo. Por eso, parte de nuestro esfuerzo en hacer el seguimiento. Al final, vamos a terminar por tener datos que permitan hacer comparaciones entre países y eso será clave.

¿Los datos han sido de las pocas verdades ante tanta incertidumbre?

Creo que no. Esta pandemia ha cambiado el rol de los datos en la información de dominio público, porque la gente piensa que hay que mirarlos para tener debates sobre riesgos o políticas públicas. 

Pero otro de nuestros esfuerzos ha sido ser muy precisos con las definiciones y las fuentes porque todo el mundo, al principio, quería saber qué estaba pasando y cómo cambiaban las curvas epidemiológicas. Pero había mucha confusión sobre qué estaban viendo en los gráficos.

El problema de la interpretación y manipulación…

(Donald) Trump decía que en Estados Unidos había más casos porque hacían más test. Es cierto, eran datos, pero parte de lo que estaba pasando era que la tasa de positividad, el porcentaje de pruebas que estaban saliendo positivas, era muy alto. La realidad era distinta a la que se promocionaba en esa narrativa. 

¿Cómo manejan el tema de las cifras negras?

Nosotros no hacemos auditoría de los datos que publican oficialmente los gobiernos. Tenemos un proceso de validación de los que publicamos y cuando hay dudas suficientemente grandes sobre los datos oficiales, no los publicamos.

Por ejemplo, en el proceso de vacunación en Rusia había casos confusos con los datos de los reportes que el mismo gobierno estaba manejando y no los sacamos.

Pero sí meten en una misma gráfica o mapa datos de diferentes países que, por cómo se obtienen, no serían comparables, como el número de PCR que se hacen.

Por eso, nuestro trabajo es integrarlos con definiciones muy claras de qué es lo que aparece en las gráficas, porque queremos enfatizar los puntos que pueden llevar a confusiones a la hora de hacer comparaciones.

Los datos de casos positivos se ponen al lado de los datos sobre pruebas, y no se dejan aislados, porque es en la tasa de positividad donde se ve qué tan comparables son los datos entre países. 

¿Hay algo que les haya molestado en el uso de sus datos?

El tema de rankings es siempre problemático. Ahora ha disminuido, pero se hacían gráficos de barras con países y se seleccionaban según el criterio de cada uno para promocionar que un país lo estaba haciendo bien o mal, cuando había más información detrás que no se estaba usando para interpretar bien el contexto.

Los datos son puntos de entrada a la realidad y que ponen luz sobre un tema especifico, pero se necesita mucho más para saber cuál es la verdad detrás de ellos.

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