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Archipiélago

Felices 80, Dylan

Saraí Campech

Es un personaje al que no hay que entender, sobre todo en sus últimas grabaciones, sino al que hay que recibir como al amigo de la infancia con quien se vivieron grandes historias. Ese que tal vez fue referente y nos llevo a rebasar limites, con el que nos enojamos y dejamos en el cajón de los recuerdos, ese que al galope del tiempo ha ganado cierta mística. Estrujazos cumpleañeros hasta donde sigues girando, Bob.

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Bob Dylan
Bob Dylan interpreta el tema "All along the watch Tower" en su actuación en el tercer concierto del festival "Leyendas de la guitarra" celebrado en el Auditorio de la Expo 92 de Sevilla en el año 1991. EFE/Eduardo Abad

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“La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento”

Blowin’ in the wind

El 24 de mayo de 1941 nació Robert Allen Zimmerman, hijo de Abram y Beatty, vivió hasta los seis años en Duluth, Minnesota. Luego se mudaron a Hibbing, el biógrafo Robert Sheldon, quien lo descubrió en 1961, escribió en algún momento que los primeros asomos de la pasión por la música de Robert fue a los tres años, cuando actuaban en la oficina de su papá.

Se dice que cantaba y lo grababan en un dictaphone, después de este horas tumbado escuchando la radio lo mismo blues, country y rock and roll, el joven Zimmerman formó una que otra banda, la música se había colado hasta su tuétano y no pensaba hacer nada por cambiarlo, fue así que en aquellos lares sonaban The shadow blasters o The Golden chords, eran un poco más del estilo de grupo versátil que lo mismo se echaban una de Little Richard que otra con todo y movimiento de pelvis de Elvis Presley.

Cuentan que causaron revuelo en medio del bosque, él no lo sabía, pero el correr de los ríos de la zona lo arrastrarían con su caudal a navegar por diversas aguas. El personaje que con solo mencionar su nombre evoca tanto, adquirió forma en la Universidad de Minnesota, estancia donde el folk le fue ganando al rock y poco a poco ya no se presentaba como Robert Allen, sino como Bob Dylan. Hay versiones que aseguran que el nombre más bien era Bob Dillon por Matt Dillon, personaje de ficción de Gusmoke, serie estadounidense que tenía el récord de ser la más longeva, hasta que llegaron Los Simpson, pero ese es otro tema.

Hay quienes llegaron a decir que Dylan era por el poeta Dylan Thomas, pero en el libro de Robert Shelton cuenta que el propio Dylan le dijo que no era por el poeta nacido en Gales en 1914, ya que argumentó que su poesía era para personas que no tenían una vida sexual plena, cierta o no la anécdota, Dylan en algún momento aceptó la influencia del autor de Twenty-five poems.

Fue a principios de los 60 cuando la leyenda de Bob Dylan comenzó a gestarse, desde ese viaje en enero del 61 con la idea de visitar a Woody Guthrie, uno de los músicos que lo influenció con esos temas tan cargados de humanidad, hubo tocadas en clubes de Greenwich Village, noches en las que conoció al productor John H. Hammond quien en 1962 le publicó su primer álbum en la Columbia Records, increíble en 2022 se cumplen 50 años.

Desde entonces su voz rasposa, la guitarra, armónica y letras profundas se convirtieron en banda sonora de movimientos sociales de la segunda mitad siglo XX, aunque él realmente no fue muy activo en cuestiones políticas. Más allá de la música, Dylan se vio seducido por la historia de la Guerra civil estadounidense, el teatro de Bertolt Brecht. Su discografía es amplísima, tan solo entre 1963-1966 publicó seis discos, justo de 1965 es una de las favoritas: Like a Rolling Stone lanzada en el 1965.

Sus encuentro con los Beatles, la osadía de su conversión eléctrica, aquella conferencia en París donde llevo una marioneta, el programa de radio por satélite, el premio Príncipe de Asturias de la letras en 2007, el Nobel de literatura en 2016, lo colocó en un lugar que quizá no había imaginado, pero que sin duda eran un acto de justicia en torno a esa historia de vida en la que las letras y la música crecieron a la par y en el universo Dylaniano no podrían existir una sin la otra.

Hay muchos libros sobre Bob Dylan, uno de ellos de Shelton: No direction Home. The Life and music of Bob Dylan, Crónicas. Volumen 1” y Tarántula de Dylan, pero también están sus letras completas, tremendos libros editados por Malpaso Ediciones bajo el ojo de Miquel Izquierdo, José Moreno y Bernardo Domínguez, los cuales significaron meses, semanas y muchos cafés y cigarrillos para lograr captar en las traducciones al español la esencia del autor, líbranos en cartoné con sobrecubierta que incluyen las letras en inglés del poeta de Minnesota que en 2018 deconstruyó su propio mito sobre el escenario de varios países, incluido el del Auditorio Nacional en México.

Es un personaje al que no hay que entender, sobre todo en sus últimas grabaciones, sino al que hay que recibir como al amigo de la infancia con quien se vivieron grandes historias. Ese que tal vez fue referente y nos llevo a rebasar limites, con el que nos enojamos y dejamos en el cajón de los recuerdos, ese que al galope del tiempo ha ganado cierta mística. Estrujazos cumpleañeros hasta donde sigues girando, Bob.

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