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Zinemátika

Enfermo, pero no muerto

José Arrieta

Según la consultora PwC, el cine no volverá a cifras como las del 2019 sino hasta 2024, siempre y cuando el virus empiece a declinar y los asistentes no dejen de consumir películas. Si esta proyección se cumple, habrá toda una generación cuya memoria sentimental no tendrá olor a palomitas.

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Foto: CarlosRamírez/EFE.

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Aunque los primeros registros de contagios por Covid-19 datan de enero de 2020, esta enfermedad no alcanzó el rango de pandemia sino hasta marzo del mismo año. Han pasado 16 meses desde entonces y muy pocas cosas han permanecido igual.

Una de las industrias más afectadas por la pandemia ha sido la del cine. Primero, numerosos rodajes debieron suspenderse de manera abrupta para seguir las recomendaciones de sanidad locales; luego, los cines fueron cerrados al considerarse sitios donde el contagio es más probable. Mientras los competidores más fuertes lograron resistir hasta que las condiciones sanitarias permitieron retomar cierto nivel de normalidad, las pequeñas cadenas y los proyectos independientes se enfrentaron al cierre definitivo.

Los números son fríos. De acuerdo con cifras de la Asociación Americana del Cine (MPAA, por sus siglas en inglés), el cine a nivel global recaudó 80 mil 800 millones de dólares durante 2020, de los cuales solo 12 mil millones de dólares corresponden a los cines tradicionales, mientras que los servicios de streaming digital obtuvieron casi cinco veces más dinero, alrededor de 61 mil millones de dólares. La recaudación en salas de cine fue la más baja en los últimos cinco años y el consumo de productos audiovisuales fue uno de los más bajos del último lustro, superando solamente a los 77 mil 800 millones de dólares obtenidos en 2015.

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A nivel local, la situación no es mejor. El Instituto Mexicano de la Cinematografía (Imcine) señala en su anuario estadístico que alrededor de 300 producciones nacionales fueron suspendidas o canceladas definitivamente por causa de la pandemia. Adicionalmente, aunque muchos cines abrieron sus puertas con 30% del aforo desde junio del año pasado, las distribuidoras no tuvieron la confianza suficiente para proyectar sus estrenos según los planes preestablecidos: de los 140 estrenos programados entre junio y diciembre de 2020, solo 34 llegaron a la gran pantalla en la fecha contemplada, 66 fueron reprogramados en ese periodo y los otros 40 fueron reagendados para 2021.

En total, se estrenaron 223 películas, 51% menos que en 2019, con un crítico descenso de 84% de asistencia; las cifras son algo menos graves en cuanto a los estrenos mexicanos, pues su audiencia descendió en un 78%. Las ganancias no se repartieron mucho, puesto que el 95.5% de la asistencia a cines se repartió entre Cinemex y Cinépolis, cadenas que, aun así, sufrieron pérdidas económicas muy importantes. En la Ciudad de México, por ejemplo, se perdieron 41 de las 149 salas de cine que cerraron definitivamente en el país.

Si la exhibición comercial sufrió, imagínese al circuito de cine de “arte” que, de por sí, casi siempre opera con pérdidas, salvo en los festivales de cine, eventos en las que se encuentran sus audiencias objetivo. Según el Imcine, a principios de 2020 estaban contemplados 218 festivales y eventos cinematográficos, de los cuales solo 161 se llevaron a cabo: el 65% de ellos de forma digital, 22% mezclando proyecciones digitales y presenciales, y el restante 13% se realizó de forma tradicional. El golpe lo resintieron los staffs contratados para estos eventos: se calcula que un 59% del personal contratado perdió su empleo.

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La solución a la que se encomendó el séptimo arte fueron las plataformas digitales, si bien esto no benefició necesariamente al cine mexicano. Aunque el consumo de audiovisuales se incrementó en servicios de streaming, solo el 8% del catálogo fue ocupado por largometrajes nacionales, una disminución del 1% con respecto al 2019.

En buena medida impulsado por el hastío provocado por estos meses de encierro, el futuro parece mejor. Los festivales de cine, como el de Cannes, retoman sus actividades a pesar de que los expertos señalan que el nivel de lo presentado no es lo mejor; cintas como Viuda Negra o Rápidos y Furiosos 9 tienen recaudaciones de regulares a buenas y, a nivel local, festivales como el de Guanajuato ya están programando sus nuevas fechas, con la buena noticia del alargue de los días de exhibición y ciudades en las que se podrán revisar sus propuestas.

Las cosas no serán sencillas: según la consultora PwC, el cine no volverá a cifras como las del 2019 sino hasta 2024, siempre y cuando el virus empiece a declinar y los asistentes no dejen de consumir películas. Si esta proyección se cumple, habrá toda una generación cuya memoria sentimental no tendrá olor a palomitas o recuerdos de esa hermosa sensación de estar en una sala oscura, jugando a ser Dios por un ratito.

No obstante, esto es cine: hay que tener fe en que habrá un final feliz, como siempre.

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