Orden y progreso tecnológico
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Orden y progreso tecnológico
Foto: Pixabay

La semana estuvo llena de noticias que, considero, son muy positivas para poner reglas claras, no solo en el uso de la tecnología por parte de los usuarios, sino también para los propios fabricantes.

Empiezo con Apple, que anunció que verificará las fotos en los iPhone de usuarios de Estados Unidos, mediante un sistema que traduce imágenes en hashes, es decir, códigos numéricos que identifican una imagen pero que no pueden usarse para reconstruirla, al tiempo que las comparará con una base de datos antes de que se carguen en sus servicios de almacenamiento de iCloud, para así garantizar que no coincidan con imágenes de abuso infantil y/o abuso sexual. Asimismo, revisará las cuentas de niños que, a partir de los 13 años, compartan fotos con contenido sexualmente implícito.

Las imágenes que resulten una amenaza para la seguridad infantil, junto con la información del usuario, serán puestas en manos de autoridades competentes, como el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (NCMEC, por sus siglas en inglés) que opera en el mismo país.

Con esta iniciativa, Apple pretende ratificar sus acciones encaminadas al bienestar y responsabilidad social, así como sentar las bases para lograr un mundo más justo para todos. Sin embargo, para empresas como WhatsApp, la propuesta es una muy mala idea y atenta contra la privacidad de los datos de los usuarios, por lo que su director general, Will Cathcart, confirmó vía un hilo de Twitter que la empresa no adoptará estas medidas, acusando a Apple de atentar contra los derechos de sus usuarios.

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A WhatsApp y, evidentemente a Facebook, propietaria de la aplicación de mensajería instantánea, se le han unido la academia y diferentes organizaciones sociales para alertar sobre el abuso que podría generar Apple al brindar información al gobierno y compartirle datos e imágenes de usuarios de su ecosistema.  

Los consumidores de Apple presumen de gozar de una robusta política de privacidad por parte de la empresa; pero bajo el argumento de una supuesta estrategia para acabar con el abuso infantil, en realidad, la empresa tecnológica podría estar endureciendo el control de datos de sus usuarios.

Made in China

Los mismos días, pero del otro lado del mundo, medios estatales chinos levantaron la mano para poner orden.

El People’s Daily informó que se cancelarán cuentas de la plataforma Sina Weibo (equivalente a Twitter en el mundo occidental) de “individuos indignos” a los que los fans irracionales convierten en estrellas, cuando en realidad no aportan nada positivo a la cultura ni a la sociedad. (Sí, yo también pensé en varios en México a los que no estaría mal apagarles el internet).

Por otro lado, el Economic Information Daily afirmó que la compañía líder en internet y tecnología Tencent provoca “adicción a los videojuegos”, a través de su vertical Tencent Games, creadora de títulos como Fortnite, Epic Games, League of Leyends, call on Duty, Assassin’s Creed, Far Cry y Ubisoft, lo que trajo como consecuencia que sus acciones cayeran en un 5.18%.

En China, un país con una vigorosa capacidad económica y en donde la industria de videojuegos es muy próspera, recibir una crítica por ocasionar problemas sociales y de salud que conlleva la dependencia a las pantallas puede ser devastadora. 

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La reglamentación en ese país impide que menores de 18 años jueguen con videojuegos en línea entre las 20:00 y las 8:00 horas. Tencent declaró que utilizará tecnología propia de inteligencia artificial para reconocimiento facial y, con ello, asegurar que los menores de edad no incumplan con la regulación.

Considero que el común denominador de los presuntos cuidados que los gobiernos y empresas tecnológicas propusieron son decisiones que se deberían tomar desde casa, encabezados por los padres de familia.

Permitir y fomentar la pornografía, la proliferación de supuestos influencers sin oficio ni beneficio social y la adicción a los videojuegos solo tienen explicación en una falta de atención, información e interés a lo que está pasando dentro del núcleo familiar.  

No hay que ir a Estados Unidos o a China para entender y asumir nuestra responsabilidad hacia el uso de la tecnología, y crear las bases de una sociedad hiperconectada justa y sana física y mentalmente.