¿Qué me enseñó el funeral de mi padre? El duelo compartido es absurdo, pero esencial
'Mientras más cercano eres a una persona, más absurdos te parecen los rituales que siguen inmediatamente después de su muerte'. Foto: Robert Hoetink/Alamy


El funeral de mi padre generó infinidad de anécdotas. No recuerdo ningún sentimiento, solo un acontecimiento tras otro, la mayoría de los cuales estaban relacionados con mi hermano o mi perro. La del mejor amigo de mi papá probablemente sea la mejor, pero es demasiado procaz y procesable para contarla aquí. La segunda mejor fue la protagonizada por mi hermano y el perro: se fue del velorio con la amiga de mi hermana con el pretexto de sacar a Spot a pasear. Lo que sea que hicieron en este “paseo” no despertó el suficiente interés del perro, que regresó perfectamente a casa, llevando su propia correa, como un dibujo animado. Al darse cuenta de que lo habían perdido, y conscientes de lo terrible que sería perder al perro de una persona, la frenética pareja pasó dos horas recorriendo Ramsgate, llamándolo por su nombre.

El día no fue divertido porque no fue triste; mi padre tenía 64 años, y nos sentimos absolutamente estafados por el universo: nos robaron sin más dos décadas de inigualable bondad. Es simplemente que cuanto más cercano eres a una persona, más absurdos te parecen esos rituales que ocurren directamente después de su muerte. Cuando mi tío murió un par de años después, leí en su funeral, en lugar de mi madre, que no quiso. Apresurada, busqué en Google “qué leer en los funerales”. Cuando me levanté para entonar solemnemente la canción de Cymbeline, “Fear no more the frown o’ the great / Thou art past the tyrant’s strok“, fue la primera vez que vi la letra. Casi tuve que detenerme a mitad de lectura, ya que mi tío fue, memorablemente, un poco tirano, y nunca dejó de fruncir el ceño, por lo que pareció que me dirigía a la congregación con un poético: “Tranquilos todos, se murió“. A toda la familia le pareció graciosísimo, a sus colegas, quizá no tanto.

Parece ser que solo cuando te encuentras en el círculo exterior, y protegido contra el dolor, tienes algo parecido a un conjunto de emociones maduras, sobre todo compasión, por todas las personas cuya pérdida es mayor, a las que puedes ver que se encuentran verdaderamente destruidas, incluso si no dejan de reírse durante cinco minutos seguidos. Ese es el objetivo de los pocos conocidos en un funeral: aportan la solemnidad. Probablemente, la relajación más importante de las reglas de Covid-19 es la que la gente menciona menos: no las discotecas, sino el luto colectivo para cada hombre y su perro.