Las amigas que gané con la pandemia
Matria

Es editora, locutora, escritora, productora y mamá. Ha escrito en diversos medios sobre música, feminismo y cultura digital. Actualmente produce y conduce distintos podcasts para Audible y HBO, entre otros. Twitter e Instagram: @rominapons.

Las amigas que gané con la pandemia
Foto: Pixabay

Vivo en un complejo sesentero de mas de 20 edificios al sur de la Ciudad de México. Es un espacio grande, con muchas áreas verdes, un parque para niños, una explanada para bicicletas, patines o patinetas, y hasta tienditas de barrio. Todo en un lugar cerrado. 

Antes de la pandemia, conocí a unos cuantos vecinos y nuestra relación no pasaba de saludos y la cordialidad típica de cuando ves a la misma persona varias veces en la semana, pero con la pandemia todo cambió. Mi lugar para desenvolverme dejó de ser la ciudad para centrarse todo en este espacio. 

De manera casi orgánica, varias mamás de niños de la misma edad empezamos a juntarnos, al aire libre y buscando que nuestros hijos llevaran una cierta normalidad. Conforme nuestros hijos empezaron a relacionarse más, también lo hicimos las madres y los padres. 

Empezamos a poner días para reunirnos –siempre al aire libre y con cubrebocas… y poco a poco aquella vecina de la que solo sabía su nombre, ya era mi conocida, resulta que compartíamos amigos y gustos en común y las pláticas se volvieron cada vez más personales. 

Con ellas, hicimos una “burbuja”, este concepto que tan de moda se puso en pandemia y tan necesario es para el desarrollo psicoemocional de los niños. Buscamos un espacio seguro y ventilado para hacerlo y empezamos, desde cero, a organizarnos para darles a nuestros hijos la vida más normal posible. 

Me detengo en la palabra normal porque creo que lo de antes no era normal: horas en el coche, estrés y sobrevivir en automático a los días. Con esta burbuja tuvimos una normalidad que me genera mucho más sentido: una en la cual los mismos niños se desarrollan en distintas áreas, desde aprender cosas de la escuela hasta aprender cosas de la vida. Desde tomar clases que para unos eran menos divertidas que otras hasta impulsarse entre ellos a aprender a usar el patín del diablo, subir al pasamanos o aprender a contar hasta el 100. Incluso a aprender a negociar y a respetar a aquellos que son distintos a ellos. 

Pero también fue una normalidad más sana para los adultos: pasaron de ser mis conocidas a mis amigas, a mi círculo de apoyo no solo como mujer, sino también como mamá. Respetando las respectivas individualidades hemos generado una crianza colectiva que nos aliviana la carga a todas.

Desde el típico “tengo un Zoom, ¿te lo encargo un ratito?” hasta cuestiones más delicadas como apoyar cuando hospitalizaron al esposo de una de nosotras. Ellos, los hombres, también han generado un grupo cercano entre ellos y así, ya sea las parejas, las mamás con los niños o los papas con los escuincles, vamos apoyándonos en conjunto. 

Cuando toda mi familia tuvo covid, ellas fueron el más grande apoyo, pues aunque no podían pasar del umbral de mi puerta, me trajeron comida, me ayudaron con encargos, me alivianaron, como pudieron, la carga que yo estaba llevando. 

Hoy, lo que más agradezco de esta experiencia pandémica es conocerlas y tenerlas en mi vida. Mujeres con quienes el tema de la maternidad ya trascendió y ahora son a quienes busco para echarme unos vinos un viernes por la tarde. Y es que la crianza va de eso, de la colectividad entre papás, mamás, niñas y niños. Porque cuando crías en equipo, la cosa es menos pesada y se disfruta más. 

Hoy, con este, entre comillas, fin de la pandemia, tengo un sabor agridulce pues voy a extrañar mucho este microcosmos que creamos. Pero también sé que aunque esa burbuja termine, las amistades, los afectos y los apoyos ahí van a seguir. Hoy cargo con un peso menor en mi crianza, por que se que si algo necesito, puedo pedirlo y esa ayuda está en el edificio de al lado. Y si eso que necesito es simplemente platicar, sin hijos de por medio, puedo encontrarlo también ahí, con esas desconocidas que la pandemia convirtió en mis mejores amigas.