Sordera en medio de la polarización
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

Sordera en medio de la polarización
Foto: Pixabay

Una de las capacidades más increíbles que tenemos los seres humanos es la de escuchar a otra persona y conocer algo que me era ajeno. Somos los seres vivos que tenemos la capacidad de escuchar a otro, y no solo entender el contenido concreto de sus palabras, sino, además, de darle sentido a través de la observación de su rostro, postura, tono de voz y sentido de las palabras. Algo parecido podemos hacer cuando leemos a alguien, si conocemos algo del contexto en el que escribe y algo de la historia del autor, y tratamos además de ir más allá de los simples conceptos textuales de las palabras. 

Es increíble todo lo que podemos conocer y aprender, de solo escuchar o leer a una persona que quiere platicarnos una historia, o regalarnos algo de su conocimiento. Son mundos enteros a los que podemos acceder si ponemos atención, y dejamos el ego a un lado por un momento, para concentrarnos en lo que el otro dice, con la única intención de abrir la mente y entender la intención y el sentido de las palabras. Según David Deutsch, el conocimiento al que podemos acceder los seres humanos es infinito, si solo aprendiéramos a ponerlo a disposición de otros, no para ganar una batalla, sino para potenciarlo con el conocimiento que pueden aportar los demás. Es decir, el conocimiento podría ser infinito si lo utilizáramos para conocernos y crecer juntos. 

Pero esta capacidad se disminuye drásticamente cuando hay mucho ruido y cuando no tenemos la intención real de conocer algo nuevo, sino solo pretendemos saber por dónde podemos colar nuestra opinión, para ganar una batalla. Hay puro ruido en el ambiente cuando las opiniones, es decir, las interpretaciones subjetivas de cada uno son lo que domina la comunicación. Porque las opiniones siempre llevan la intención de convencer o imponer una visión parcial del mundo. Las opiniones siempre son parciales, porque es imposible que surjan de un conocimiento total del mundo, y es imposible que comuniquen todo lo que pretenden decir. Y, así, las opiniones mías y las de otros se vuelven parte de un ruido ensordecedor que hace imposible conocer, entender, empatizar, descubrir y crecer. Al opinar no se pretende simplemente comunicar algo, sino que se busca afirmar o negar una opinión de alguien más. Y así, cuando afirman la opinión de otro, se genera un grupo afín. Pero, cuando la niegan, se genera un grupo adverso. Y así surge la polarización. Grupos que afirman o niegan opiniones de otros, que se identifican por sus visiones parciales del mundo, y que sólo se mantienen juntos mientras haya eco en ese ruido que les es común. Esto genera una sordera selectiva que me priva de la riqueza de la diversidad. Si solo quiero escuchar el ruido que confirma mis creencias parciales, me pierdo de toda la riqueza que hay del otro lado. Me pierdo de las historias que me pueden mostrar una forma diferente de ver y entender la vida, y me pierdo de toda la información útil que está del otro lado de mis limitaciones y de mi ignorancia. 

Todos lo hacemos. Yo lo hago mucho más de lo que debería. Yo colaboro demasiado con este ruido ensordecedor, y quiero dejar de hacerlo. Me propongo hacerlo por dos vías: opinar mucho menos y escuchar mucho más. Para opinar menos trataré de hablar solo de aquello que conozco porque lo he vivido, con la única intención de servir a discusiones que vayan más allá de mí, y que sirvan de algo. Trataré de hablar y escribir para conectar y platicar, y no para convencer o imponer. Ese será mi editor interno. 

Para escuchar más simplemente trataré de ponerle rostro humano a cada palabra que otros dicen, para entender que viene de una fuente distinta a mí, que entiende el mundo diferente a mí, que por lo tanto no se trata de mí, y que puede enseñarme algo del mundo, que yo no conozco. Eso haré a partir de hoy, porque creo que ya desperdicié mucho tiempo opinando.