¿Los fotoperiodistas pueden sentir?
Columnista invitada

Fotoperiodista mexicana en proceso y constante deconstrucción. Trabaja en La-Lista. Los temas en los que le gusta desarrollar su trabajo son derechos humanos y violencia de género. Twitter: @gherrale

¿Los fotoperiodistas pueden sentir?
12 de diciembre, 2021. La caravana migrante se dirigía a la Basílica cuando un grupo de policías encapsuló a los migrantes, provocando un enfrentamiento. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

La caravana migrante que salió de Chiapas a finales de octubre, con más de 300 integrantes, llegó a la Ciudad de México el 12 de diciembre. En la autopista México-Puebla, a la altura de la localidad de Santa Catarina, me uní a su recorrido. La meta era llegar a la Basílica de Guadalupe. Al principio creí que sería una cobertura “sencilla”, pero el cansancio empezó a invadir mi cuerpo. Colegas que iban en auto me permitieron subirme a su cajuela, aunque minutos después opté por seguir caminando.

Dos mujeres me recomendaron no caminar tan rápido y tomar agua para no sentirme mal. Los minutos transcurrían y cada paso era más difícil, hasta que el mapa en mi celular me marcó que la estación del Metro Santa Martha Acatitla, en Iztapalapa, estaba a menos de 20 minutos caminando. Nos encontrábamos más cerca de la meta, pero los primeros integrantes de la caravana comenzaron a detenerse: un retén de cientos de policías de la Ciudad de México les impedía seguir.

Los migrantes trataron de llegar a un acuerdo para que les permitieran el paso. Ante la resistencia de las autoridades, decidieron formar una cadena humana y avanzar. La unión no fue suficiente, la policía los agredió y los migrantes respondieron con piedras, mochilas, palos, escudos y varios objetos volaron sobre mi cabeza.

En cuestión de segundos quedé en medio de la policía y la caravana, mi cuerpo se aplastaba contra otros. Lo que más me impactó fue cuando sentí que mis pies pasaban encima de un cuerpo humano. El tumulto detrás de mí avanzaba hasta que grité con desesperación que alguien estaba abajo, que podía asfixiarse.

Un fotógrafo mucho más grande que yo me respondió de manera grosera: “Cálmate, eres prensa ¿no?“. Esa frase sigue resonando en mi cabeza desde ese domingo.

No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pudieron ser minutos, hasta que dos hombres cargaron el cuerpo para llevarlo hacia atrás de la caravana. Entonces me di cuenta que era una mujer.

Axel, un compañero fotógrafo, me avisó que Paola, también fotógrafa, se había quedado atrás, estaba perdida. No sabía qué hacer, en mi mente estaba el recuerdo de lo que sentí al pisar el cuerpo de aquella mujer. Me fui alejando de la caravana, me recargué en una barda y comencé a llorar. Ya no podía controlar lo que estaba sintiendo.

La voz llegó de nuevo: “Cálmate, eres prensa ¿no?“. Desde que empecé en el mundo del fotoperiodismo he escuchado miles de veces que para ser profesional y “hacer bien tu chamba” tienes que ser un cubo de hielo ante la situación que tienes enfrente.

¿Los fotoperiodistas tenemos “derecho” a sentir? Le pregunté a dos de mis fotógrafxs favoritos.

Jacky Muniello es fotógrafa documental mexicana, ha colaborado con agencias internacionales como DPA y AFP y tiene con un amplio conocimiento sobre el tema migratorio. Esto me respondió: “Claro, cualquier periodista o fotoperiodista puede sentir, somos seres humanos y creo que también buscamos en nuestro trabajo diario tener empatía con las personas o con el tema que se está trabajando. Es importante ser muy consciente de que es tu trabajo y tienes que ser capaz de sobrellevar esos momentos, pero también debes saber que la empatía no está peleada con la prensa. Y siendo objetivo en tu trabajo y haciéndolo con ética, está permitido sentir el dolor ajeno”.

Félix Márquez es periodista audiovisual, ha trabajado con agencias nacionales e internacionales –como AP– y también ha seguido el tema migratorio. Él asegura que “definitivamente” tenemos derecho a sentir. “Un fotógrafo que es insensible a lo que está viviendo no lo retrata de la misma manera. A lo largo de los años escuché decir que los fotoperiodistas que trabajábamos en el México contemporáneo teníamos que ser fríos, a mí me pasó todo lo contrario, entre más me adentraba a los hechos o a las historias me fui haciendo cada vez más sensible. Somos humanos, no robots, sentimos y debemos hacer propia esa condición. Creo profundamente que hay que preocuparnos cuando normalizamos las injusticias y el dolor”.

Probablemente hay experiencias mucho más fuertes que la que cuento en este texto, pero lo que quiero es invitar a la reflexión.

Desde mi trinchera, rechazo el reprimir nuestras emociones o el no tener la mínima intención de relacionarnos con lo que está pasando. Llegar, tomar la fotografía e irme tranquilamente a mi casa sabiendo que hay miles de personas que están siendo víctimas de violaciones a sus derechos humanos no es el tipo de “chamba” que quiero hacer.

Tenemos que reconocer lo que sentimos, hablarlo y sanarlo, porque lamentablemente todos los días nos seguiremos encontrando con este tipo de escenarios. Invito a que armemos redes de apoyo, si encontramos a un compañero o compañera afectada por la situación, tratemos de ayudar y no juzgar lo que desconocemos que está sintiendo.