Democracia con inteligencia artificial
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Doctora en Comunicación y Pensamiento Estratégico. Dirige su empresa BrainGame Central. Consultoría en comunicación y mercadotecnia digital, especializada en tecnología y telecomunicaciones. Miembro del International Women’s Forum.

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Democracia con inteligencia artificial
Foto: Pixabay

Información es poder. No es gratuito que las empresas más poderosas del planeta sean las grandes tecnológicas, quienes han acumulado poder económico y político gracias al uso de procesamiento de datos de sus usuarios mediante inteligencia artificial.

Empresas como Amazon, Facebook, Google y Twitter, entre muchas otras, tienen la capacidad de moldear la conversación de acuerdo con sus prioridades de negocio, creando nuevas estructuras democráticas bajo discursos mediados por inteligencias artificiales que, de manera automatizada, promueven o eliminan temas de la agenda social sin ninguna regulación de por medio, y moderan la conversación con ideales estadounidenses fundados en Silicon Valley que ajustan las leyes globales de manera local.

A la vista de tecnológicas, las leyes deben cambiar. Los algoritmos son los que definen el tratamiento de los datos de forma automatizada y por ende ellas no son responsables de lo que sucede en la red, sino los propios usuarios que determinan la relevancia de la información. ¿Y los bots? ¿Quiénes los inventaron?

La búsqueda de descentralización del poder de manos de políticos solo ha logrado centrar el poder en unos cuantos millonarios que, desde su dominancia tecnológica, deciden el futuro de la humanidad.

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La digitalización de las noticias ha desaparecido a cientos de medios impresos, solo sobreviven los que se migraron a un ecosistema digital basado en algoritmos que priorizan y moderan la información bajo una supuesta eficiencia y relevancia para sus lectores.

Permitir y justificar que la inteligencia artificial autónoma regule la información en aras de promover la innovación sienta las bases para que las leyes queden en un segundo plano y que, en lugar de tener una internet abierta y democratizada, se asegure un futuro dominado por bits y bites.

La falta de legislación desde la concepción de productos tecnológicos puede significar el fin de la democracia. Hemos sido testigos de cómo el uso de inteligencias artificiales ha modificado las decisiones políticas de ciudadanos de todo el mundo, manipulando su decisión de voto, en beneficio de los intereses particulares de personajes y empresas.

La Unesco presentó una recomendación sobre ética de la inteligencia con la que expone la necesidad de contar con políticas públicas, así como marcos normativos internacionales y locales para asegurar que la tecnología se utilice en beneficio de la humanidad y no al contrario. Sin embargo, el crecimiento en el uso de inteligencia artificial avanza a una velocidad superior a los gobiernos y reguladores tecnológicos quedando los usuarios en la desprotección de privacidad de datos y sus derechos individuales.

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Gobiernos, empresas y ciudadanías deben encontrar un punto de encuentro para regular el uso de la inteligencia artificial. La información es la base de la democracia y del ejercicio de decisiones colectivas encaminadas a la promoción de los derechos humanos.

El increíble desarrollo que ha tenido la inteligencia artificial confunde a las personas al grado de no saber si están hablando con un humano o una máquina que identifica patrones de lenguaje y comportamiento de su interlocutor, para guiarlo hacia un contexto para el que no está preparado.

Tomemos decisiones humanamente inteligentes, siguiendo la recomendación de Stephen Hawking: “El surgimiento de una poderosa inteligencia artificial será lo mejor o lo peor que le haya pasado a la humanidad, todavía no lo sabemos”.