Estándares vs soledad
Entre la libertad y la locura

Comenzó hace siete años con un blog llamado My Vintage Armoire. Ha colaborado en Elle México, Quién, Instyle, Life&Style, Reforma y Finding Ferdinand. Licenciada en mercadotecnia y comunicación por el Tec de Monterrey, escribe sobre la felicidad y la tristeza, el amor y el desamor, la duda, los reproches, el amor propio, el existencialismo, la introspección y el crecimiento personal. Lanzó el podcast Libre&Loca, uno de los 50 más escuchados en México y Latinoamérica. TikTok: therobertawoodworth

Estándares vs soledad
Foto: Pixabay

He recibido muchas preguntas últimamente sobre si es normal ese sentimiento constante de que estás haciendo las cosas mal cuando te enfocas en tu crecimiento personal, de que te cierras a muchas cosas, de que te vuelves más “difícil”.

¿Por qué? Porque nadie te dice que muchas veces conectar contigo significa desconectarte de otros. A veces una vibración más alta se traduce en una tribu más pequeña y, en ocasiones, poner límites y construir tus estándares viene acompañado de momentos de soledad.

Hay muchos mitos que vienen con crecer, con encontrarte, con quererte y sobre todo con responsabilizarte de tu vida, “la gente te va a ver como tú te veas y te va a tratar como tú te tratas”.

Bajo esa premisa, el momento en que te empiece a gustar la persona que eres, deberías de volverte increíblemente atractivX para todo el mundo, ¿correcto? Y puede que así sea, pero lo que nadie nos dice es que muchas veces ese proceso viene acompañado de mucha soledad, porque la gente con la que solías estar quizá cambie. En tu propio descubrimiento te darás cuenta cuáles presencias te suman y cuáles no, cuáles actividades te llenan y cuáles no, quién verdaderamente eres y quién has sido por el simple hecho de que alguien te hizo creer que era lo que se esperaba de ti.

Al ser humano el cambio le angustia y, por consecuencia, tendemos a pensar que no puede ser más que evidente que tenemos que estar haciendo algo mal si de pronto todo a nuestro alrededor empieza a desmoronarse. Porque así se siente verdaderamente cuando aquella amistad de toda la vida simplemente deja de ser o cuando aquello que te daba risa ya no lo hace más.

Pero no, tenemos una tendencia, pesimista y corta de visión, a pensar que todo es demasiado permanente. Pensamos que esta incomodidad no va a pasar, que difícilmente encontraremos personas y pasiones nuevas, pero ese es un error.

Todo en nuestra vida siempre ha sido y será impermanente, y cada que hemos dicho y creído que no llegará nada diferente o mejor, llega.

Te recuerdo esto por si te ha pasado por la cabeza dar marcha atrás, bajar un escalón, regresar a viejos hábitos y personas, traicionar tus nuevos límites o bajar tus estándares por la falsa sensación de control que te daría tener lo que crees que serán “más opciones”.

¿A quién vas a conocer ahí? ¿Con quién vas a empezar a trabajar? ¿Qué tipo de trabajo vas a empezar a hacer? ¿Cómo te vas a sentir contigo cuando lo hagas? Cuando tengas “más opciones”, ¿qué tipo de oportunidad vas a tener?
¿Te van a dar energía o te vas a sentir drenado? ¿Desmotivado?

Ante la duda, la respuesta no es soltar ni regresar, ni volverte más flexible, sino abrazar todo lo que has construido y enfocarte en que esa soledad se vuelva solitud, se vuelva un disfrute de tu tiempo contigo en congruencia, con las ideas claras e intenciones alineadas.

Vivimos aceptando lo mínimo en relaciones y amistades porque no creemos que merecemos más, y dado que hay tanta gente allá afuera aceptando el mínimo, cuando decidimos subir la vara pocos llegarán o harán el esfuerzo de hacerlo, pero recuerda, las personas podrán entenderte y conectar contigo únicamente al nivel al que lo hayan hecho ya consigo mismas.

Sé paciente y enfócate activamente en buscar espacios donde puedas no solo conocer personas en sintonía sino SER.