Iván Zeferín, un juez federal de consigna
Libertad bajo palabra

Periodista y abogado con más de 33 años de trayectoria. Reportero, comentarista y consultor experto en temas jurídicos. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2011. Especialista en el Poder Judicial de la Federación y analista político. Twitter: @jenroma27

Iván Zeferín, un juez federal de consigna
Foto: Facebook ivan.zeher

Hay juzgadores ejemplares por su discreción, compromiso y honestidad. Su convicción con la autonomía e independencia es indeclinable a pesar de las presiones o los insultos que ahora son comunes desde la tribuna presidencial, generalmente mantienen un bajo perfil porque no les interesa el reflector sobre sus decisiones que en ocasiones retan al poder político por una convicción de hacer lo correcto conforme a derecho. Afortunadamente hay muchos con estos atributos en todo el país y pasan desapercibidos hasta que una de sus resoluciones prende los botones rojos de la intolerancia en Palacio Nacional.

Un juzgador tiene el deber constitucional de colocarse como tercero frente a las partes en controversia, debe mostrar comportamiento ético para afinar el sentido de justicia que moldea su carácter y dar a cada quien lo que le corresponde en equilibrio e imparcialidad. No se trata de justicieros, sino de peritos en derecho altamente especializados.

En la otra cara de la moneda hay un caso notorio que rompe con el deber ser del juzgador, se llama Iván Aarón Zeferín Hernández,  juez de Distrito en Materia Penal, adscrito al Centro de Justicia Penal Federal de Almoloya de Juárez, Estado de México. Fue agente del ministerio público y antes de ingresar al Poder Judicial de la Federación trabajó en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de la entonces PGR. 

Zeferín se ha ganado a pulso el aprecio de Alejandro Gertz Manero porque es un juez “de consigna” que cumple con obediencia los deseos de una fiscalía que persigue con afanes de venganza personal. Es el que obsequia con mayor rapidez las órdenes de aprehensión que a Gertz le interesan, como ha sido evidente en los casos contra integrantes de la familia Jenkins de Landa a pesar de la declaratoria de no ejercicio de la acción penal que data de 2018, atropello del cual se desprenden una serie de litigios viciados de origen que violentan los derechos humanos de ciudadanos que padecen un doble juzgamiento inconstitucional y que en su momento fueron exonerados de señalamientos ya resueltos.

También ha sido muy condescendiente con la Fiscalía de Gertz en el caso de Cooperativa Cruz Azul y Billy Álvarez, litigios de las empresas factureras, la llamada “Estafa Maestra” y la orden de aprehensión contra Francisco Javier Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, a pesar de una decisión adoptada en la Suprema Corte para no detenerlo hasta que terminara su mandato. 

Demasiadas coincidencias concretas y verificables en expedientes judiciales que demuestran su papel de peón en el ajedrez perverso del Fiscal General de la República. 

Zeferín Hernández es un personaje ávido de notoriedad, conduce un programa de televisión en plataformas digitales llamado Sentencias Justas, en el que se autodetermina como adalid de la pureza para decirnos qué resoluciones son admirables. Su más reciente invitado fue el juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, sobrino de Dolores Padierna, esposa del “Señor de las ligas” René Bejarano. En un programa marcado por el autoelogio, ambos personajes hablaron del caso Tepito, pero olvidaron curiosamente hablar del escandaloso asunto de Rosario Robles, en el que el invitado sesgó públicamente sus apreciaciones para ordenar el encarcelamiento de la acérrima rival política de su tía y negarle una medida precautoria más flexible para enfrentar su proceso el libertad. Tema que terminó corrigiendo una intervención del ministro Arturo Zaldívar en el penal de Santa Martha Acatitla.

A pesar de las quejas contra Zeferín ante el Consejo de la Judicatura Federal, entre ellas una de senadores del Partido Acción Nacional (PAN), nadie le recrimina sus excesos. ¿Quiénes protegen a Zeferín? ¿Por qué nadie corrige sus desplantes? ¿Se ha visitado su juzgado para revisar aunque sea por curiosidad por qué otorga cuanta orden de aprehensión le solicitan desde el escritorio de Alejandro Gertz?         

En uno de los mejores discursos que he escuchado de una ministra de la Corte, Norma Piña Hernández expuso ante 86 nuevas juzgadoras que protestaron al cargo el pasado 3 de noviembre: “Si lo que les llena la vida es el protagonismo, el individualismo y la fama, este no es el lugar”. Justas las palabras para deducir que Iván Zeferín Hernández es la antítesis del buen juez.

EDICTOS

¿De qué nivel será la preocupación de Andr´rs Manuel López Obrador por la manifestación que se realizará el próximo domingo en las principales plazas públicas del país que su batería de insultos ha sido dirigida a la sociedad civil que desea legítimamente expresarse para repudiar la reforma electoral, que tiene el objetivo de exterminar los logros democráticos de las últimas tres décadas?

Me quedo con una reflexión de José Woldenberg, figura emblemática del avance democratico en nuestro país y presidente de un IFE histórico que cambió para bien el desarrollo y confiabilidad de los resultados electorales para blindarlos del manoseo de los gobiernos en turno. “Si algo se ha demostrado en los últimos años es que el Instituto Nacional Electoral y los institutos locales han dado garantías de esa imparcialidad, los resultados están a la vista. De las cuatro últimas elecciones federales, en tres ha ganado la oposición y hoy cuando hay elecciones a gobernador las probabilidades de que gane la oposición son mayores a las que gane el gobierno, ¿por qué? En primer lugar porque los humores públicos son cambiantes, porque las gestiones de gobierno están decepcionando a mucha gente, pero también porque hay una institución que al momento de contar los votos no está cargada hacia ningún lado. 

¿Por qué si el presidente y su partido han sido beneficiarios de este sistema electoral lo quieren destruir? El enojo y las descalificaciones nos demuestran que la fuerza orgánica de los ciudadanos es crucial para evitar el asalto contra el INE que nos ha dado elecciones confiables en las que Morena gobierna a más de 58 millones de personas en 21 entidades, tiene mayoría en ambas cámaras del Congreso y es el partido en el poder. La deducción es que el régimen no está dispuesto a permitir la imparcialidad, tampoco a perder por las buenas cuando así lo decida el voto libre de los ciudadanos.