¿Has pensado en cómo inundaciones o huracanes impactan el trabajo de cuidados? ¿Puedes imaginar quiénes, después del huracán en Acapulco, tuvieron más responsabilidad de cuidar?
La respuesta parece obvia; pero hasta ahora, ha sido una relación minimizada tanto en los estudios de cambio climático como de cuidados.
Como señaló Oxfam (2022)1 “El cambio climático intensifica el trabajo que implica prestar cuidado a la gente, los animales, las plantas y los lugares; reduce la disponibilidad y calidad de los servicios públicos en las comunidades marginadas y agrava directamente la distribución injusta del trabajo de cuidados no remunerado en la que se sostiene la desigualdad de género”.
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Piensa en una inundación. ¿Has visto cómo se reparten las actividades entre mujeres y hombres? ¿quién cuida a las personas y quién se encarga del transporte? De acuerdo con el mismo informe de Oxfam (2022, p. 47), hay tres tipos de efectos en el trabajo de cuidado cuando se presenta una crisis derivada de algún fenómeno meteorológico extremo:
- Directos: aumenta el número de personas que requieren cuidados, personas con lesiones, heridas, con daños psicológicos por todas las pérdidas y que necesitan incluso, lo más básico para la supervivencia. Aquí también está el daño y el riesgo en el que se encuentran las personas cuidadoras, así como el aumento de necesidad de personas que presten apoyo en campamentos de ayuda, centros de evacuación, refugios, etc. En estos casos, ¿Quién cuida a quién cuida?
- Indirecto: necesidad de acciones de limpieza tras desastres; pérdida de infraestructura de salud y viviendas. Ante estas emergencias, las mujeres y niñas suelen ser quienes consiguen alimentos, combustible y agua en campamentos y refugios, aumentando el riesgo de violencias de todo tipo, especialmente sexuales. Los servicios más básicos se interrumpen, como la reducción de acceso a lavandería y acceso a salud sexual y reproductiva, aumentando con esto los riesgos de embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.
- Medio ambiente: pérdida de cosechas y animales de cría; pérdida de medios de subsistencia e instrumentos de trabajo, lo que genera inseguridad alimentaria, una carga que recae principalmente en las mujeres. En ocasiones, se suele responsabilizar a las mujeres de la protección de bosques, incluso de animales y de la biodiversidad con argumentos biologicistas o bien, porque se ve como una extensión del trabajo de cuidados sin recibir ninguna remuneración, generando con esto mayor desigualdad.
Cuando estamos ante crisis humanitarias, los daños a infraestructuras básicas que suelen actuar como corresponsables en el trabajo de cuidados, como escuelas, centros de atención a infancias, casas de personas mayores, hospitales y centros comunitarios colapsan. Recordemos la pandemia: ante el cierre de escuelas y hospitales, fueron las mujeres quienes asumieron mayoritariamente esa responsabilidad.
¿Qué hacemos?
Para empezar, visibilizar la relación inseparable de estos temas en el diseño e implementación de medidas o políticas públicas ya sean de cambio climático o de cuidados.
Las acciones climáticas han buscado asegurar una representación igualitaria en la toma de decisión y en enfatizar los impactos diferenciados del cambio climático; y esto es bueno, pero no basta. Debemos ser más intencionales en desmenuzar esta relación y en diseñar acciones género transformadoras que abarquen los dos aspectos.
Oxfam (2022, p. 80) hace algo muy inspirador. Retoma la teoría de las 5 erres del cuidado y propone una serie de alternativas que me parecen un maravilloso punto de partida:
- Reconocer las desigualdades en torno al cuidado por efectos del cambio climático que demandan más trabajo de las personas cuidadoras y generar estrategias para, cuando esto suceda, estén más preparadas, reciban remuneración y tomen decisiones. Reconocer el trabajo que se hace en los hogares para sobrellevar situaciones de crisis o desastres sumado a las tensiones medioambientales cotidianas sobre todo en entornos de pobreza.
- Reducir el tiempo y esfuerzo de las tareas de cuidado mediante tecnologías domésticas y agrícolas que, al mismo tiempo, contribuyan a mitigar el cambio climático. Se plantea el acceso y capacitación a servicios de información que permitan la prevención y mitigación del riesgo en los hogares y comunidades.
- Redistribuir cargas de cuidado. En la medida que, con o sin desastres, los trabajos de cuidado estén desproporcionadamente sobre las mujeres, será muy difícil cambiar algo. Impulsar una corresponsabilidad de hombres y niños en los hogares; así como del Estado y del sector privado en la infraestructura y servicios de cuidado.
- Representar a quien cuida, ¿Qué necesidades tienen las personas cuidadoras en una crisis? El diseño e implementación de políticas públicas climáticas tiene que reflejarlas.
- Recompensar/remunerar el cuidado. Quizás es la parte más complicada, pero se deben de pensar estrategias que remuneren el trabajo de cuidados en crisis y con presupuesto de financiación climática. No es un tema separado.
Las 5 erres del cuidado no solo nos obligan a mirar a quienes sostienen la vida después de un desastre, sino también a las condiciones en las que lo hacen. Cuidar a quien cuida debe ser una responsabilidad colectiva y verse reflejado en políticas climáticas.
1Oxfam (2022) El cuidado en un clima cambiante. Centrar el trabajo de cuidados. en la acción climática, disponible en https://www.oxfamamerica.org/explore/research-publications/caring-in-a-changing-climate