El Mundial ya no empieza en la televisión

Lunes 12 de enero de 2026

Ingrid Motta
Ingrid Motta

Doctora en Comunicación y Pensamiento Estratégico. Dirige su empresa BrainGame Central. Consultoría en comunicación y mercadotecnia digital, especializada en tecnología y telecomunicaciones. Miembro del International Women’s Forum.

Puedes encontrarla en: LinkedIn y TikTok: @_imotta

El Mundial ya no empieza en la televisión

La FIFA anunció que TikTok será su “Preferred Platform” para la Copa del Mundo 2026.

fifa mundial 2026.jpg

La FIFA anunció que TikTok será su “Preferred Platform” para la Copa del Mundo 2026.

/

X: @fifaworldcup_es

Durante décadas, la televisión fue la catedral del deporte. Ahí se congregaban naciones, se decidía qué era histórico, y se construía la memoria colectiva. Ese modelo dejó de ser operativo. La FIFA anunció que TikTok será su “Preferred Platform” para la Copa del Mundo 2026, un nombramiento inédito que convierte a la red social en socio estratégico de contenido, distribución y activación digital del torneo. Con ese movimiento, el evento deportivo más grande del planeta reconoce que el Mundial ya no se enciende en la televisión, sino en su siguiente fase evolutiva: el feed.

Este desplazamiento no ocurrió de golpe, de hecho, lleva un siglo reconfigurando la forma en que consumimos deporte. La radio convirtió los partidos en fenómenos de masas; la televisión los transformó en rituales nacionales; el cable y el satélite multiplicaron la oferta y globalizaron las ligas; el streaming rompió la parrilla y personalizó la experiencia; y las plataformas sociales terminaron por convertir el deporte en un flujo permanente, en conversación diaria, en microemociones que no necesitan del partido completo para existir en la esfera pública.

Hoy el feed es, más allá de la puerta de entrada al deporte, la compañía durante la transmisión, el que condiciona quién controla el hábito, la repetición, la conversación y la economía de la atención. La alianza entre FIFA y TikTok no es un acuerdo de distribución; es la construcción de una infraestructura cultural. Un hub oficial del Mundial dentro de la plataforma, formatos diseñados para interacción constante, acceso privilegiado para creadores, circulación de momentos oficiales, monetización integrada y blindaje antipiratería. El partido en el feed se vuelve la antesala donde se calienta la conversación, se forman expectativas y se decide qué vale la pena ver en vivo.

TikTok presume que los fans son 42% más propensos a ver partidos en vivo después de consumir contenido deportivo en la plataforma. No es un dato menor: revela que TikTok no solo distribuye audiencia, sino que la modela en tiempo real. La televisión, en contraste, no desaparece, pero pierde el monopolio del tiempo, del descubrimiento y de la conversación. Su rol se ritualiza en inauguraciones, finales, clásicos, y momentos de identidad nacional. Podrá seguir transmitiendo el gran evento, pero dejó de ser el camino natural hacia él. La ruta del hábito, la del scroll infinito, ocurre en otra pantalla y bajo otras reglas.

El recorrido del fan ya cambió. Primero el feed, con clips, reacciones, creadores, memes y polémicas. Después la señal, sea televisión o streaming, pero solo para aquello que el algoritmo y la conversación social validaron. Finalmente, el archivo: resúmenes largos, análisis extendidos, memoria posterior. El deporte dejó de delimitarse en tiempo y espacio para convertirse en un flujo continuo. El Mundial ya no vive únicamente en 90 minutos, sino en miles de micro-momentos que circulan antes, durante y después del partido.

Cuando todo se consume en fragmentos, el instante domina: el clip se impone sobre la jugada, el gesto viral desplaza a la estrategia y la emoción comprimida en diez segundos pesa más que noventa minutos de juego. El deporte se reorganiza alrededor del momento que puede sobrevivir en el feed. La experiencia se personaliza radicalmente: cada usuario vive su propio Mundial, filtrado por intereses, emociones y afinidades. Nadie fuera de la plataforma sabe por qué ciertos contenidos explotan y otros desaparecen. El torneo es ya una campaña algorítmica global con reglas privadas. La televisión solía ser el árbitro del relato; hoy ese lugar lo ocupa un algoritmo que nadie eligió y que nadie puede auditar.

En el ángulo económico, el deporte es el último gran motor de suscripciones y ratings; por eso los derechos se han disparado. Pero el acuerdo FIFA–TikTok muestra un nuevo orden: las plataformas sociales capturan el tiempo diario, el streaming captura los datos, la televisión conserva los rituales y FIFA capitaliza todo lo anterior sin casarse con nadie. Para los broadcasters, el riesgo es evidente: si el descubrimiento, la conversación y la fidelidad ocurren fuera de su ecosistema, su valor negociador se erosiona, incluso si conservan la señal.

A esto se suma el ángulo regulatorio, quizá el más subestimado. El Mundial 2026 será el primero donde la experiencia cotidiana del torneo esté mediada por una plataforma que opera fuera de los marcos que durante décadas ordenaron el ecosistema audiovisual.
La televisión, abierta o de paga, funcionaba dentro de reglas visibles: responsabilidades editoriales, obligaciones hacia las audiencias, límites al poder de mercado. TikTok no responde a esa lógica. Su distribución no está pensada para pluralidad ni equilibrio narrativo, sino para maximizar retención y monetización. El resultado es un Mundial filtrado por un sistema algorítmico opaco, diseñado para capturar atención, no para construir relato público.

En México, una parte del país sigue dependiendo de la televisión abierta para ver el Mundial; mientras tanto, los segmentos urbanos y jóvenes ya operan en lógica social-first: se enteran por clips, se enganchan por creadores y solo después buscan la señal oficial. Esto genera dos experiencias paralelas del mismo torneo, dos culturas deportivas que ya no se encuentran en el mismo lugar. Y obliga a las televisoras a replantear su rol: tener derechos de transmisión ya no basta. Quien no controla presencia, formatos y conversación en plataformas cede el relato. Y quien cede el relato pierde valor simbólico, aunque conserve la licencia.

El Mundial 2026 será el más grande de la historia: 48 equipos, tres países sede, 16 ciudades. Pero su verdadera singularidad no es logística, sino cultural. Será el primer Mundial cuya experiencia cotidiana esté mediada por una plataforma que no responde a lógicas nacionales, regulatorias ni editoriales tradicionales. La televisión conservará el símbolo y el streaming la infraestructura. Pero el algoritmo ya define el poder cultural: decide qué significa, qué trasciende y qué se desvanece en el feed.

PUBLICIDAD