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Viajar sola como mujer negra es un acto radical

Viajar sola me dio una sensación de mi misma y de mi lugar en el mundo. Después de siglos de represión, los viajes de las mujeres negras tiene el poder de disipar mitos y de contribuir

Georgina Lawton en su viaje a Nueva York

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Viajar solas puede ser muy liberador y restaurativo. Es una oportunidad de volver a empezar o de tomar un descanso para recuperar el contacto contigo misma. Puedes regresar a casa no solo con un mejor conocimiento de un lugar y de su gente, sino de quién eres, y por experiencia yo sé que eso es muy valioso.

A los 21 años dejé Londres para recorrer el mundo sola durante más de un año. Acababa de perder a mi padre y mucho de mi identidad, y viajar fue el medio que escogí para recuperarme. Bailé samba en Río de Janeiro, probé comida que hace agua la boca en los puestos callejeros de Vietnam y México, vagué por las antiguas ciudades de Marruecos y pasé días y algunas noches en fugaces encuentros románticos, unidos por el deseo pero divididos por el idioma.

Nadé con focas en las Islas Galápagos, caminé con rinocerontes blancos en Zimbabwe, me quemé con el sol de Manhattan, no sé cómo sucedió eso, me intoxiqué con alimentos en Nicaragua y casi me arrestaron en Cuba.

Pasé mucho y gasté casi todo mi dinero en un largo período de viaje yo sola y es la mejor decisión que he tomado. Me ayudó a pegar pedazos de mi misma, me inspiró a escribir y me recordó de mi lugar en una diáspora global vibrante. Y también fue ridículamente divertido.

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He escuchado a muchas mujeres de raza negra protestar porque no debemos viajar solas, por las cosas terribles que nos pueden pasar, y lo que podemos perder cuando dejamos nuestras casas. Y yo tengo mis dudas. Hay veces en que me he sentido al borde o no bienvenida en el camino. Pero la mayor parte del tiempo, mis viajes sola me han dado más de lo que me han quitado y siempre me recuerda de mi poder en un mundo que con frecuencia me hacer sentir, como mujer blanca, pequeña y sin poder.

Por demasiado tiempo, a las mujeres negras les han dicho cómo vivir. Nos obligan a existir en espacios que no están construidos con nuestra comodidad en mente, y es así, que hemos absorbido los mitos perniciosos de nuestros cuerpos y nos decimos a nosotras mismas. “No, no puedo hacerlo” o “No, no pertenezco a este lugar”. Nos han negado la autoría de nuestras historias de viaje y nos han rechazado o mandado de regreso a casa cuando nos atrevimos a exigir más de nuestro tiempo de diversión.

¿Pero qué pasa cuando ignoramos los negativos y los estereotipos? ¿Qué pasaría si en lugar de esperar permiso o de dejar que el miedo rija nuestras decisiones para decir,  nos decimos, “sí, es momento de ir?” Podría apostar que te divertirías como nunca.

Para las mujeres de raza negra, viajar solas conlleva un significado profundo que está arraigado en lo político y en lo personal. Durante siglos, el movimiento de cuerpos negros ha estado muy controlado. Durante el periodo brutal de la expansión colonial, la gente de raza negra eran retirados de países africanos del Caribe y transportados a otras partes del mundo para el progreso económico de las naciones europeas blancas. Los cuerpos negros sólo eran una herramienta para la producción capitalista y un medio para un fin, y como tal, nuestro acceso a los viajes de placer estaba cancelado.

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El movimiento del cuerpo de la mujer de raza negra estaba, y sigue estando, muy vigilado. En tiempos de unión, perseveramos, pero no pudimos viajar libremente ni por placer: un concepto así hubiera ido en contra del gobierno colonial. Y aunque este período acabó hace tiempo, las mujeres de raza negra heredaron un legado estrecho y sesgado sobre nuestros cuerpos que nos impactan hasta estos días.

El capitalismo neoliberal y la discriminación estructural sigue siendo una carga más para las mujeres de raza negra que para cualquier otro grupo. Los sistemas que navegamos están llenos de supremacía blanca y nunca se han diseñado para nuestro descubrimiento propio o placer. Para salir de este sistema opresivo por medio de un descanso bien merecido o de un viaje de placer es algo bastante revolucionario. El viaje de la mujer puede ser considerado un acto radical, una herramienta de rebelión, una alegoría de emancipación que nos permite redefinir nuestra posición en el mundo.

Para viajar siendo mujer de raza negra es dar la vuelta y superar los legados que impiden movernos. Se dispersan mitos que vienen de una historia de restricción de movimiento. Es decir “¡Nos vemos!’ a una vida de desazón y problemas. Tal vez eso suena a una carga demasiado pesada para una persona  y no implicó que la ruta hacia la igualdad racial dependa de tu decisión de visitar Venecia durante el fin de semana. Pero piensa que se trata de algo que te motiva para reservar un viaje.

Por supuesto, el coronavirus está haciendo que reconsideremos el propósito  y el placer de viajar solos. Tal vez te sientas más cómoda en soledad y pienses que la idea de viajar sola es más  atractiva. O tal vez estás trabajando de más en casa y te das cuenta de que la vida como nómada digital está a tu alcance ahora que las oficinas están a distancia y la libertad de ubicación ya no sólo es para los freelancers.

Las mujeres que viajan solas por el mundo libremente y por placer rompen fronteras y más si logramos hacerlo en un mundo postCovid en el cual la planeación extrema es súbitamente vital para la seguridad. Y con el resurgimiento del movimiento del Black Lives Matter y de un discurso global más urgente del trato de los cuerpos de raza negra, el momento es emocionante, si no es que salvajemente impredecible, para añadir experiencias a un discurso de historia revolucionaria.

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El movimiento del Black Travel comenzó en 2013 como una conversación en las redes sociales enfocada en una mayor visibilidad de aventureros que no caben en el molde tradicional. Ahora es totalmente común y hay marcas de personas de raza negra como Travel Noire, We Go Too, Tastemakers África y Nomadness Travel Tribe que ofrecen contenido curado, viajes inspiracionales y turismo de ascendencia que le da a los consumidores de raza negra y a los proveedores de viaje un asiento en la mesa y un centro a  sus historias.

Viajar solas por placer es un privilegio que más mujeres de raza negra deberíamos disfrutar. Viajamos para escapar, para emocionarnos, para gozar sin límites, por diversión, por libertad y por la comida. Viajamos porque somos afortunadas y podemos aventurarnos a ir a lugares a los que no pudieron ir nuestros padres, para vivir nuestros sueños y las intenciones de nuestros ancestros y para ser parte de una generación para la que la libertad de movimiento finalmente es real.

Viajamos para formar nuestras identidades personales, especialmente en espacios en donde una mujer de color sin compañía es un tabú. Y entendemos, mejor que nadie, la responsabilidad y la conciencia relacionada con nuestro movimiento. Viajamos para nosotras mismas, primero y antes que nada, pero junto a nuestros viajes está el potencial de acabar con los estereotipos, romper moldes, buscar raíces, fomentar la inclusión y aportar. Viajamos porque podemos. Y sólo eso es suficiente razón para ir.

Extracto editado de Black Girls Take World, una guía de viaje para mujeres de raza negra de Georgina Lawton. 

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