El Proyecto Pegasus descubre los vínculos entre la empresa de software espía NSO y el Estado israelí
El director ejecutivo de NSO Group, Shalev Hulio. En un informe reciente, la empresa reconoce que está ‘estrictamente regulada’ por las autoridades de control de exportación en Israel. Foto: Guardian/Reuters

En 2017, pocos hubieran discutido que Israel y Arabia Saudita eran enemigos regionales. Oficialmente, los países no tenían vínculos diplomáticos. Sin embargo, para un pequeño grupo de empresarios israelíes que asistieron a reuniones secretas con funcionarios saudíes en Viena, Chipre y Riad ese verano, hubo indicios de que las relaciones se estaban calentando.

Los empresarios representaron a NSO Group. Su misión era vender a los saudíes el sistema de espionaje de grado armamentístico, Pegasus.

Según una persona que asistió a la reunión en junio de 2017 en Chipre, un alto funcionario de inteligencia saudí quedó “asombrado” por lo que vio. Después de un debate extenso y técnico, al espía saudí, que había llevado un nuevo iPhone, se le mostró cómo Pegasus podía infectar el celular y usarlo después para operar de forma remota su cámara.

No necesitas entender el idioma para ver que estaban asombrados y emocionados y que vieron lo que necesitaban ver”, dijo la persona.

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NSO Group había recibido permiso explícito del gobierno israelí para tratar de vender la conocida herramienta de piratería informática a los saudíes. Fue un acuerdo clasificado y resultó en que la venta se cerraría posteriormente en Riad en un acuerdo que supuestamente valía al menos 55 millones de dólares.

“En Israel hay un fuerte movimiento político para hacer diplomacia a través de los negocios”, comentó la persona, hablando bajo condición de anonimato. “Los negocios primero, la diplomacia después. Cuando hacen un trato juntos, este abren muchas puertas para la diplomacia”.

Es común que los gobiernos ayuden a las empresas a exportar sus productos. NSO, después de todo, emplea a exfuncionarios de inteligencia cibernética de Israel y mantiene relaciones con el Ministerio de Defensa.

Pero las revelaciones sobre cómo Estados represores como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Azerbaiyán y otros han utilizado la tecnología de NSO para atacar a abogados, activistas de derechos humanos y periodistas generan preguntas para Israel y han puesto el tema bajo un nuevo escrutinio.

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Las revelaciones amenazan con ejercer presión diplomática sobre Israel, en medio de preguntas sobre si está utilizando la licencia del programa de espionaje de NSO para influencia política, y permitiendo que el software se venda a países no democráticos que probablemente le dan un mal uso.

En un reciente informe de transparencia publicado por NSO Group reconoció que la empresa estaba “estrictamente regulada” por las autoridades de control de exportaciones en Israel. La Agencia de Control de Exportaciones de Defensa (DECA, por sus siglas en inglés) dentro del Ministerio de Defensa de Israel “restringe estrictamente” la concesión de licencias de algunos productos de vigilancia basándose en su propio análisis de clientes potenciales desde una perspectiva de derechos humanos, dijo la empresa, y le había rechazado las solicitudes de licencias de exportación “en bastantes casos”.

Además, NSO también fue objeto de una “exhaustiva” revisión reguladora por parte de Israel dentro de su propio “marco interno sólido”.

Dentro de NSO, el proceso que utiliza Israel para evaluar si se le puede vender a los países la tecnología es considerado un “secreto de Estado”. Una persona familiarizada con el proceso explicó que se sabía que los funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional de Israel y de la Oficina del Primer Ministro habían dado su opinión.

En el caso de Arabia Saudita, fuentes familiarizadas con el tema dijeron que bloquearon al reino de utilizar temporalmente Pegasus en 2018, durante varios meses, después del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, pero se le permitió volver a usar el programa de espionaje nuevamente en 2019 después de que interviniera el gobierno de Israel.

No está claro por qué el gobierno de Israel presionó a NSO para reconectar la herramienta de vigilancia para Riad.

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Sin embargo, los 10 países que sugiere el análisis forense del Proyecto Pegasus han estado abusando de la tecnología y disfrutan de relaciones comerciales con Israel o tienen relaciones diplomáticas con el país que han estado mejorando notablemente en los últimos años.

En dos países clientes de NSO, India y Hungría, parece que los gobiernos comenzaron a utilizar la tecnología de la empresa al tiempo o después de que su respectivos primeros ministros se reunieran con el entonces primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en encuentros de alto nivel con la intención de impulsar la cooperación comercial y de seguridad. Se entiende que a ninguno de los países que son considerados enemigos de Israel, como Turquía, se le ha permitido comprar los productos de NSO.

Los mercados dictan lo que funciona, yo no lo dicto… el único lugar en el que en realidad he intervenido… es en la ciberseguridad”, dijo Netanyahu en una conferencia de prensa en Hungría en 2017, junto al primer ministro del país, Viktor Orbán

Lo que no está claro es si las agencias de inteligencia de Israel podrían tener privilegios especiales con NSO, como acceso al material de vigilancia recolectado por el programa de espionaje. Una persona cercana a la empresa, que pidió permanecer en el anonimato, afirmó que era un tema frecuente de especulación. Cuando se les preguntó si Israel podía acceder a la inteligencia reunida por los clientes de NSO, respondieron: “Los estadounidenses creen que sí”.

Esa perspectiva estuvo respaldada por actuales y exfuncionarios de inteligencia estadounidense, quienes comentaron al Washington Post, un socio en el Proyecto Pegasus, que existía la presunción de que Israel tenía algún acceso, a través de una “puerta clandestina” a la inteligencia descubierta a través de tales herramientas de vigilancia.

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John Scott-Railton, investigador senior del Citizen Lab en la Universidad de Toronto, explicó que creía que sería “irresponsable” que un Estado permitiera la distribución a gran escala de una poderosa herramienta de vigilancia como Pegasus sin ser capaz de supervisar lo que se estaba haciendo con ella.

Dijo que los registros judiciales habían revelado que NSO utilizaba servidores que no siempre se localizaban en las instalaciones del cliente. “Lo que eso significa es que existe el potencial de visibilidad. Y sería una locura para ellos (los israelíes) no tener visibilidad”.

NSO negó rotundamente que Israel tuviera acceso a los sistemas de sus clientes.

NSO Group es una empresa privada. No es una ‘herramienta de la diplomacia de Israel’; no es una puerta clandestina para la inteligencia de Israel; y no sigue órdenes de ningún líder gubernamental”, enfatizó el abogado de NSO.

En un comunicado, el Ministro de Defensa de Israel explicó que Israel comercializaba y exportaba productos cibernéticos de acuerdo con su Ley de Control de Exportación de Defensa y que las decisiones políticas toman en cuenta la “seguridad nacional y consideraciones estratégicas”, la cuales incluyen adherirse a las disposiciones internacionales.

“Como una cuestión de política, el Estado de Israel aprueba la exportación de productos cibernéticos exclusivamente para entidades gubernamentales, para uso lícito, y únicamente para el propósito de prevenir e investigar delitos y contrarrestar el terrorismo, bajo certificados de uso final/usuario final proporcionados por el gobierno adquirente”, detalló el ministerio.

Dijo que se tomaron “medidas adecuadas” en los casos en que los artículos exportados se utilizan para la violación de las licencias de exportación.

El ministro añadió: “Israel no tiene acceso a la información recolectada por los clientes de NSO”.

Para Israel, pocos clientes a quienes les ha autorizado el uso de Pegasus han sido tan problemáticos como Arabia Saudita. Semanas antes, NSO bloqueó al reino una vez más, después de las acusaciones de que Arabia Saudita había utilizado Pegasus para atacar a decenas de periodistas de Al Jazeera.

Arabia Saudita se negó a comentar.