Angelina Jolie: ‘Solo quiero que mi familia sane’
'Si de verdad creen que estoy loca, entonces ese es un problema'. Foto: Mary Rozzi/The Guardian

Angelina Jolie está sentada en un escritorio, con la espalda recta como una regla y bastante majestuosa. Sus rasgos son de una belleza de dibujos animados: pelo negro y liso, pómulos vertiginosos, enormes ojos azules y labios como un sofá rojo y relleno. Habla por Zoom con cuatro jóvenes activistas. Es un día terriblemente apropiado para hablar de derechos humanos: los talibanes acaban de tomar la ciudad de Gazni en su camino hacia Kabul, la capital de Afganistán.

Si esto fuera una película, podrías sospechar que Jolie está interpretando a una líder divina que habla a los pocos afortunados. Sin embargo, pronto se vuelve evidente que las cosas no son exactamente como parecen. La actriz y directora de cine es la que está asombrada, no los activistas. Los jóvenes hablan del trabajo que han realizado para crear conciencia sobre la masacre en Siria, la crisis medioambiental, los derechos de los transexuales y la pobreza alimentaria. Jolie está al pendiente de cada una de sus palabras. Les dice que han inspirado a sus hijos que siguen su trabajo, les advierte sobre el agotamiento, se disculpa por los errores de su generación y expresa lo honrada que se siente de conocerlos.

A la noche siguiente solo estamos Jolie y yo en Zoom. De fondo oigo a los niños jugar. Nuestra conversación con frecuencia se ve interrumpida por el feroz rugido de su rottweiler Dusty, quien parece creer que es un león. Es un día aún más deprimente para los derechos humanos: los talibanes entraron en Kabul y derrocaron al gobierno de Afganistán. Jolie dice que lo único que le da esperanza son los jóvenes que conocimos anoche. “Ellos hablan de estos temas con más urgencia y conciencia de lo que es moralmente correcto y decente que cualquier político, diplomático u organización no gubernamental con los que he trabajado”.

Comenta que no puede dejar de pensar en Muhammad Najem, un joven de 19 años que literalmente gritó a los cuatro vientos sobre el asedio del régimen sirio a su pueblo natal, Ghouta Oriental. Después de que su padre murió hace cuatro años en un ataque aéreo contra la mezquita donde estaba rezando, Muhammad y su hermano esperaron a que terminaran los bombardeos diarios para filmar la masacre desde su tejado y documentar el sufrimiento de los supervivientes. Él y su familia pronto se volvieron objetivos del gobierno, y huyeron a Turquía, desde donde habló con nosotros. No solo destacó su valentía, sino también la calidez de su sonrisa, sus ganas de vivir, a pesar de todo lo que ha visto. Desde la última vez que hablamos, Jolie volvió a platicar por Zoom con Muhammad y una chica que aboga por la lucha contra la pobreza menstrual. “Su relación con esa adolescente y su activismo estaba en mayor concordancia que la de casi todos los hombres que he conocido”, dice Jolie. Coincidimos en que la clonación de Muhammad puede ser la respuesta a la paz mundial. “¡Es un hombre evolucionado!”, afirma Jolie.

“¡Grrrrrr!” ruge Dusty, aparentemente de acuerdo.

Jolie lleva 20 años defendiendo los derechos humanos, primero como embajadora de buena voluntad y después como enviada especial del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Ha realizado más de 60 misiones de campo, siempre con una libreta y un bolígrafo en la mano, dando testimonio de las personas desplazadas por la guerra y la persecución en países como Siria, Sierra Leona, Irak y Afganistán.

Ahora, Jolie, de 46 años, escribió un libro junto con la abogada especializada en derechos de la infancia Geraldine Van Bueren QC y Amnistía Internacional, titulado Know Your Rights (Conoce tus derechos), una guía para jóvenes que lleva el nombre de la canción de The Clash cuyo título también lleva tatuado Jolie en la espalda. El libro expone todos los derechos que tienen los niños conforme a la convención de la ONU sobre los derechos del niño, ratificada por 196 países, en el que se explica cómo hacerlos valer y en el que se ofrecen consejos de jóvenes que lo lograron. Know Your Rights aborda todos los grandes temas de forma amena y accesible: desde los derechos a la vida, la dignidad, la salud, la igualdad y la no discriminación, la justicia penal, un lugar seguro, la libertad de pensamiento y expresión, la privacidad, la protesta pacífica, el juego y la educación, hasta el derecho a la protección contra el daño y la violencia armada.

En su trabajo para la ONU, Jolie conversa con alumnas en Afganistán en 2011…
y con la ex refugiada Yoryanis Ojeda en Colombia en 2019. Fotos: Getty Images

Le pregunto a Jolie por qué motivo escribió el libro. “He conocido a demasiados niños que viven con las consecuencias de la violación de sus derechos: desplazados, jóvenes víctimas de violaciones. No podía entender por qué seguían luchando por cosas básicas que, para empezar, eran sus derechos. Me enojó mucho. ¿Cómo vamos a resolver algo si no lo abordamos, no?”. Su explicación es fluida y autoritaria, y no sorprendente.

Pero la siguiente parte sí. “Después viví una experiencia en Estados Unidos con mis propios hijos y pensé… bueno, los derechos humanos, los derechos de los niños“. De pronto, la fluidez desapareció. Su lenguaje se vuelve inconexo y elíptico. “Me acordé de los derechos del niño, los saqué y los leí y pensé: bueno, sirven para cuando te encuentras en una situación y quieres asegurarte de que hay apoyo para los niños en tu vida”.

Se disculpa y señala que no puede ser más directa. “Después descubrí que Estados Unidos no había ratificado los derechos del niño. Una de las formas en que esto afecta a los niños es el derecho a expresarse en los tribunales: un niño en Europa tendría más posibilidades de expresarse en los tribunales que un niño en California. Eso me reveló mucho sobre este país”.

Lo que ocurrió la llevó a temer por los derechos de sus hijos. “Yo… todavía estoy en mi propia situación legal”, tartamudea. “No puedo hablar de ello”. Escucha, digo, se han escrito tantas tonterías sobre ti a lo largo de los años que es imposible distinguir entre la verdad y la ficción: tienes que ayudarme a entender a qué te refieres. ¿Te refieres a tu divorcio de Brad Pitt y a las acusaciones que hiciste contra él de maltrato familiar? Me dice que ha jurado guardar silencio. Bueno, asiente si te refieres al divorcio y a las acusaciones. Ella asiente. ¿Y temió por la seguridad de sus hijos? Esta vez responde. “Sí, por mi familia. Toda mi familia”.

Sería increíble, digo, pasar tu vida en el escenario mundial, resaltando el abuso de los derechos de los niños, y después descubrir que esos mismos derechos podrían haberse visto comprometidos tan cerca de casa. “Muchas veces no puedes reconocer algo de forma personal, sobre todo si te enfocas en las mayores injusticias mundiales, porque todo lo demás parece más pequeño. Es muy difícil. Me gustaría poder tener esta discusión y es tan importante…” Se esfuerza un par de veces por completar la frase, se rinde y vuelve a empezar. Y ahora recupera la fluidez. “No soy el tipo de persona que toma decisiones como las que tuve que hacer con ligereza. Me costó mucho llegar a una posición en la que sentí que tenía que separarme del padre de mis hijos“.


Angelina Jolie y Brad Pitt fueron la pareja de oro de Hollywood; tan famosos que recibieron el nombre de Brangelina. Y Brangelina fue, acertadamente, la marca de las celebridades por excelencia. Ambos son ganadores de Óscar, se encuentran entre las estrellas mejor pagadas del mundo del cine (se dice que Pitt vale 300 millones de dólares, y Jolie 150 millones), son iconos de la cultura popular y del cine independiente, y, por supuesto, son absolutamente guapos (Pitt fue elegido dos veces el hombre vivo más sexy por la revista People, mientras que Jolie fue nombrada la mujer viva más sexy por la revista Esquire en 2004).

Pero Brangelina también se convirtió en sinónimo de altruismo y creación de conciencia entre los famosos. Pitt acompañó a Jolie en muchos de sus viajes a ACNUR, abrieron escuelas en países devastados por la guerra, y tres de sus seis hijos fueron adoptados en países azotados por los conflictos y la pobreza: Maddox, de 20 años, es camboyano; Pax, de 17, es vietnamita, y Zahara, de 16, es etiope. Incluso consiguieron utilizar los medios de comunicación a su favor. Ante la inevitable aparición de fotos cuando nació su hija Shiloh en 2006, Jolie y Pitt subastaron la sesión de fotos a la revista People en Estados Unidos y a Hello! en Gran Bretaña por 7.6 millones de dólares. Dos años más tarde, cuando llegaron los gemelos Knox y Vivienne, vendieron la sesión de fotos a las mismas revistas por aproximadamente 14 millones de dólares, convirtiéndolas en las fotos de famosos más costosas de la historia. En ambas ocasiones, los fondos se destinaron a la Fundación Jolie-Pitt para financiar proyectos humanitarios. Como pareja, parecían demasiado buenos (o al menos demasiado exitosos) para ser verdad.

Y así se demostró. En septiembre de 2016, Jolie solicitó el divorcio de Pitt, que se concretó en 2019. Sin embargo, todavía están inmersos en una amarga batalla por la custodia, después de que ella alegó violencia doméstica contra él. En noviembre de 2016, el FBI anunció que no se presentarían cargos contra Pitt, y lo eximió de cualquier delito, a raíz de un incidente ocurrido un par de meses antes en su avión privado, en el que se alegó que un Pitt borracho maltrató a Maddox, que entonces tenía 15 años. Cinco días después del incidente, Jolie solicitó el divorcio, citando diferencias irreconciliables y declarando que su decisión de poner fin al matrimonio “se tomó por la salud de la familia”. Pitt admitió que tenía problemas con el alcohol (asistió a Alcohólicos Anónimos tras su separación) y que le gritó a uno de sus hijos, pero siempre ha negado haber maltratado físicamente a sus hijos. Jolie se niega a comentar sobre el incidente debido al proceso judicial. Los abogados de Pitt se negaron a comentar cuando The Guardian los invitó a hacerlo.

En la actualidad, Jolie se encuentra en su casa en Los Feliz, un barrio residencial cerca de las colinas de Hollywood. Compró la mansión, que costó supuestamente 25 millones de dólares y que solía ser el hogar del cineasta Cecil B. DeMille, para facilitar las visitas de los niños a Pitt después de su separación. Durante la mayor parte de los últimos cinco años, ella ha mantenido la custodia, mientras que él disponía de derechos de visita. Aunque con frecuencia se informa que las causas que condujeron al actual proceso judicial se referían a la lucha de Jolie por la custodia exclusiva, en realidad se trataba de cómo se podía lograr una custodia compartida sana.

Puedo escuchar a un par de niños jugando en el fondo, mientras Dusty continúa aportando regularmente a la conversación. “Lo que sé es que cuando un niño ha sufrido daños, físicos o emocionales, o ha sido testigo del daño de alguien a quien quiere o cuida, puede causarle daños. Una de las razones por las que los niños necesitan tener estos derechos es porque sin ellos están expuestos a vivir vidas inseguras y poco saludables”. Es posible que se refiera a los niños en general, pero suena a algo personal. En la batalla por la custodia, parece que gran parte del mundo tomó bandos. Algunos abogados especializados en derecho familiar criticaron a Jolie por querer que sus hijos declaren contra su padre, mientras que Jolie sugiere que sería una traición a sus derechos que ella no los dejara. En tanto, los abogados de Jolie han comentado que tres de los niños pidieron dar su testimonio.

Le pregunto a Jolie en qué momento tomó conciencia de los derechos humanos y comienza a hablar de los valores de su madre. “Ella no se acercaba a ellos como si fuera un trabajo o una vocación, simplemente fue amable. Fue un ser humano decente que se molestaba cuando veía que la gente era maltratada. En realidad fue así de simple”.

La madre de Jolie, Marcheline Bertrand, que murió de cáncer de ovario en 2007, a los 56 años, se formó como actriz, salió con Jim Morrison en su juventud y, al final de su vida, fue pareja del activista y poeta nativo americano John Trudell. El padre de Jolie, el actor Jon Voight, fue nominado al Oscar por Midnight Cowboy (1969) y ganó el premio al mejor actor por Coming Home en 1979, pero fue un padre menos impresionante en opinión de Jolie. Cuenta que su madre sacrificó su carrera para criar a sus dos hijos (Jolie tiene un hermano mayor, James Haven), en gran parte como madre soltera. “Mi mamá se casó a los 21 años, y a los 25 ya estaba divorciada y con dos hijos pequeños. No pudo ser la artista que quiso ser, pero crió a sus hijos con arte y creatividad. Incluso si se trataba de una fiesta de cumpleaños, encontraba la manera de poner en práctica esos talentos”.

Debutando en el cine, con su padre, Jon Voight, y Ann-Margret, en Lookin’ To Get Out, 1982. Foto: Everett Collection Inc/Alamy

Comenta que lo que le gustaba de su madre es que aceptaba la diferencia y estaba abierta a todas las experiencias. “No intentó convertirme en un molde de ella. Éramos muy diferentes como mujeres“.

¿En qué sentido? “Ella siempre quiso que me sentara al lado del desconocido en el avión porque era tímida, ¿no? Mientras yo amaba su dulzura, ella amaba mi fuerza. Ella se quedaba muy quieta, y yo siempre estoy en movimiento. Yo era muy sexual, y ella actuaba mucho como una dama. Pero ella vio mi verdadero yo y lo alentó completamente, y me enseñó a hacer eso con mis propios hijos. Mis hijos son todos muy diferentes entre sí”.

Su madre siempre le dijo a Jolie que fuera de ayuda en la vida, pero cuando era adolescente, dice, no supo a qué se refería. Experimentó con drogas, entre ellas la heroína, bebió en exceso y se cortó en un intento para superar una abrumadora sensación de vacío. A los 14 años tuvo su primer novio que vivió con ella. Su madre le sugirió que se mudara con su novio para evitar que se fuera de casa y se perdiera aún más. Jolie era antisistema y franca, pero también era un desastre.Tardé mucho tiempo para sentir que podía ser de ayuda para alguien, porque durante mucho tiempo sentí que estaba un poco loca, que estaba un poco desquiciada, y que no estaba estabilizada. Si me hubieran preguntado de adolescente si podría ser la madre de alguien, o ser útil para la ONU o escribir un libro, habría dicho que absolutamente no”.

Con el beneficio de la retrospectiva, ¿sigue sintiendo que estaba desequilibrada? “Quizás eso es lo que me ayuda a reunirme con todos estos jóvenes. Me recuerdan que cuando me sentí un poco loca por desafiar el sistema, o por estar enojada por ciertas cosas que estaba presenciando, no estaba equivocada. Estar rodeada de todos estos jóvenes que tienen, por una buena razón, un sentido de lucha y rebeldía y la voluntad de entrar y sangrar si es necesario por algo que saben que está mal, me recuerdan quién fui yo cuando era más joven. Y me recuerdan que no es algo malo”.

En aquel entonces, Jolie también sangraba por una causa, aunque no estuviera segura de cuál era. Cuando se casó con el actor Jonny Lee Miller a los 20 años, se puso una camiseta con su nombre inscrito con su sangre. Cuando estuvo con su segundo marido, Billy Bob Thornton, se pusieron frascos con la sangre de cada uno alrededor del cuello. Apareció en programas de televisión haciendo trucos escandalosos con cuchillos mariposa. Era difícil saber si era una autopublicista enfurecida, peligrosa o ambas cosas.

Al ver a Jolie hoy, es difícil relacionar a la mujer urbana con trajes de Saint Laurent con la punk con chaqueta de cuero. Pero Jolie comenta que son en gran parte la misma persona; simplemente no supo cómo enfocar su energía. “No tenía rumbo. Buscaba la libertad, la verdad, los sentimientos. Quería sentir profundamente y experimentar profundamente“. Se ríe. “Escucha, crecí en Hollywood. Esta ciudad es perturbadora. Me dolieron muchas cosas en la vida”.

¿Qué le dolió más cuando fue joven? De nuevo, vuelve a hablar de su madre. “Mi madre sufrió mucho. Mi padre tuvo una aventura, y después hubo muchos problemas con la manutención de los hijos y la pensión alimenticia. Después perdió a sus padres, y quedó bastante destrozada, así que me empeñé en ayudarle cuando fui joven”. Le dijeron que podía ser actriz o modelo “como si fuera algo grandioso”. Sugiere que si hubiera sido un chico, le hubieran ofrecido otras opciones. “Nadie te dice que puedes ser director o abogado. De modo que me impulsaron por un camino, y yo quería tener éxito para ayudarle económicamente, y para poder tomar más decisiones en su vida y en la mía”.

Dice que a su madre no solo se le negó una carrera, sino también su voz. “Cuando era joven me di cuenta de que la persona que tenía una voz pública tenía más poder que la mujer más amable y decente que estaba en casa haciendo todo lo correcto y haciendo todos los sacrificios”. Se refiere a su padre, un partidario explícito de Trump que afirmó que la campaña para conseguir que se anulara el resultado de las elecciones estadounidenses fue “la mayor lucha desde la guerra civil: la batalla de la justicia contra Satanás”, y del que se ha distanciado en muchas ocasiones. Jolie cuenta que estaba decidida a no dejarse silenciar como su madre. “No creo que haya entrado en este negocio porque quisiera ser actriz. Entré en él porque es donde puedes tener una voz. Cuando tienes a alguien que controla las finanzas y controla la narrativa de la familia porque es una persona pública, todos están bajo esa persona”.

Con su madre, Marcheline Bertrand, en Los Ángeles en 2001. Foto: Charbonneau/BEI/Rex Features

A los siete años, Jolie debutó en el cine en Lookin’ To Get Out, de Hal Ashby, e interpretó a la hija del personaje de Voight. A los 16 años fue modelo de trajes de baño y a los 20 protagonizó Hackers junto a su futuro esposo Jonny Lee Miller. En 2000, con 24 años, ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto por su visceral retrato de una paciente psiquiátrica en Inocencia interrumpida. En 2013, se calcula que ganó 33 millones de dólares, principalmente por su contrato con Louis Vuitton y su aparición como la bruja homónima en Maléfica. Su elección de papeles sugiere que actúa principalmente por el dinero: junto a alguna película de calidad (fue excelente como Mariane Pearl, la esposa del reportero de Wall Street Journal, Daniel Pearl, en A Mighty Heart, a pesar de la controversia de que una mujer blanca interpretara a un personaje de raza mixta), se han producido un sinfín de sinsabores.

Antes de separarse de Pitt, se consolidó como directora de cine. First They Killed My Father, su última película como directora (estrenada en 2017), es un estremecedor retrato de la vida bajo el régimen de los Jemeres Rojos, en el que consiguió unas excepcionales y comedidas interpretaciones de sus actores, especialmente de los niños. Desde entonces, su carrera ha quedado en segundo plano, ya que se ha dedicado a ser madre de tiempo completo.

“A menudo no puedes reconocer algo de forma personal, sobre todo si te enfocas en las mayores injusticias globales”. Foto: Mary Rozzi/The Guardian

¿Siente que siempre se han respetado sus derechos? “Hmm. Una buena pregunta de terapia”. Hace una pausa. “Creo que mi madre hizo mucho para garantizar mis derechos y empoderarme. Pero ya sabes, comencé a trabajar desde muy joven para ayudarle a pagar las cuentas y otras cosas. Y no era consciente de cómo merecía que me trataran como niña y como ser humano. No sentía que hubiera nacido con estos derechos y protecciones. Creía que eran cosas que había que exigir o por las cuales había que luchar, y a veces ser considerada una persona difícil cuando lo hacías”. ¿La consideran difícil? “Sin duda, desafiaré a quien se interponga en mi camino para conseguir lo que creo es necesario hacer“.

¿Cuándo fue la primera vez que sintió que le faltaron el respeto en la industria como para mandar a alguien al carajo? “Erm… bueno, sin sorpresa, Harvey Weinstein. Trabajé con él cuando fui joven”. Tenía 21 años cuando participó en la película de Miramax Playing By Heart, producida por el depredador sexual y violador convicto. Comenta que las mujeres suelen restar importancia a una agresión si consiguen escapar, como lo hizo ella en su momento. “Si consigues salir de la habitación, piensas que lo intentó pero no lo hizo, ¿no? La verdad es que el intento y la experiencia del intento es una agresión“.

¿Qué pasó? “Realmente no quiero desviar el libro hacia historias sobre Harvey”. ¿Pero fue un abuso de derecho? “Lo fue. Fue más allá de un intento, fue algo de lo que tuve que escapar. Me alejé y le advertí a la gente sobre él. Recuerdo que le dije a Jonny, mi primer esposo, que se portó muy bien al respecto, que corriera la voz entre los demás chicos: no dejen que las chicas vayan solas con él. Me pidieron que actuara en El aviador, pero dije que no porque él estaba involucrado. Nunca más me asocié o trabajé con él. Fue difícil para mí cuando Brad lo hizo“.

En 2009, Pitt protagonizó Bastardos sin gloria, de Quentin Tarantino, coproducida por Weinstein Company. En 2012, la actriz cuenta que Pitt se acercó a Weinstein para trabajar como productor en el thriller negro Killing Them Softly, que Weinstein Company distribuyó posteriormente. Al hacerlo, Jolie sintió que él minimizó la agresión sexual que ella sufrió. “Nos peleamos por ello. Por supuesto que me dolió“, comenta Jolie sobre el hecho de que Pitt se mostró feliz de trabajar con Weinstein, a pesar de saber que la agredió. Ella evitó asistir a los eventos promocionales de la película.

Jolie bebe de una botella mientras habla. ¿Qué es? “Es kombucha. No es alcohol, ¡todavía no!”. Se ríe y da otro trago. Le pregunto si sus hijos se interesan por el activismo. Me responde que todos son muy diferentes, pero que es difícil que no se interesen por la forma en que se formó la familia.

“Grrrrrrrrr”, ruge Dusty.

“Dentro de la comprensión de que son una familia llega una gran conciencia que ha de nacer de todos los años en los que han crecido juntos, aprendiendo unos de otros, hablando de la adopción, la raza y la familia. Que la gente diga: cómo pueden ser hermanas, no son del mismo color, cuando son pequeñas. Viajar al país de la otra y ser la única persona que pertenece a su origen en ese país y sentirse ajena, aunque sea su familia”.

Le pregunto a Jolie si siempre quiso adoptar. No, responde: mientras crecía no deseaba tener hijos. “Nunca quise ser niñera, nunca tuve muñecas, por lo que es gracioso que haya terminado con seis hijos“. ¿Qué tuvo en lugar de muñecas? “Me gustaba jugar a la oficina. Después, al final de mi adolescencia, comprendí qué es la adopción y la idea de que había niños en todo el mundo que se habían quedado huérfanos, y me pareció que tenía sentido. Nunca tuve esa idea de ‘mi propia sangre'”. Aunque dio a luz a tres hijos cuyo padre es Pitt, nunca le interesó la genética. “Simplemente era una familia que nace de estar juntos y crecer juntos, ¿no?“. A menudo concluye una frase con no: parte pregunta, parte declaración.

En 2013, Jolie escribió un artículo de opinión en el New York Times en el que reveló que se había sometido a una doble mastectomía preventiva porque era portadora de la mutación genética BRCA1, la cual causó la muerte de su madre y la puso en alto riesgo de padecer cáncer de mama y de ovario. Dos años después, escribió otro artículo en el que anunció que también se había operado para extraerse los ovarios y las trompas de Falopio. Resultó inaudito escuchar a una gran estrella de Hollywood en la cúspide de su carrera hablar de estos temas. Pero resultó ser un factor de cambio. Un año después, un informe de Reino Unido reveló que su decisión de hacer pública su mastectomía condujo a que se duplicaran las consultas del Servicio Nacional de Salud sobre las pruebas genéticas de riesgo de cáncer de mama.

Le pregunto si hacer pública la mastectomía fue una forma de activismo. Bueno, responde, ciertamente no usaría esa palabra para describirlo. De hecho, añade, rara vez utiliza esa palabra. ¿Fue una forma de decirle a la gente: si la cirugía preventiva es razonable para mí, también lo es para ti? “A lo largo de mi vida, nunca he tenido esa confianza en que si hago esto, cambiará las cosas. No me considero de esa manera. Sólo pienso: si mi mamá se hubiera enterado de esto y se hubiera sometido a esta cirugía y hubiera leído un artículo de opinión como éste, tal vez todavía estaría viva. Por eso siento que debo escribir esto, porque tal vez la mamá de alguien lo leerá”.

Le digo que me parece fascinante la forma binaria en que se le representa: ya sea como una santa o como una loca, una archimanipuladora. (Se ha sugerido que está luchando por la custodia de los niños simplemente porque quiere mudarse de Estados Unidos, algo que ella niega). “Creo que la gente en ocasiones solo necesita que las personas sean lo que ellos necesitan que sean. Lo que me importa es que si la gente piensa esto o aquello de mí, ¿afecta mi capacidad de trabajar por los derechos de los niños? ¿Afecta mi capacidad de trabajar con Muhammad y ayudarlo? Si realmente piensan que estoy loca, entonces ese es un problema, porque puede que no le presten tanta atención y tal vez no valoren que diga lo importante que es él o este libro“.

Mientras habla, me doy cuenta de lo cansada que se ve. Aunque se niega a hablar de los detalles de su divorcio, ha comentado que la experiencia ha sido traumática y la ha dejado “rota”. ¿Qué le han quitado los últimos cinco años? Se produce una larga pausa. Se tapa la cara con las manos y parece estar a punto de llorar. “Quiero decir que, en cierto modo, ha sido la última década. Hay muchas cosas que no puedo decir”, repite. “Creo que al final del día, incluso si tú y unas pocas personas que quieres son las únicas que conocen la verdad de tu vida, por lo que luchas, o lo que sacrificas, o lo que has sufrido, llegas a estar en paz con eso, independientemente de todo lo que sucede a tu alrededor”.

Esta mañana lloré mucho por Afganistán. Hace 20 años me reunía con niños pequeños, vi las promesas realizadas”.

¿Le ha resultado difícil superar todo esto en paz consigo misma? “No he salido de esto”, dice, en voz baja. Supongo que lo que estoy preguntando de forma torpe es: ¿cómo estás? Ella se ve aún más afectada. “Es muy difícil de responder”. Otra pausa. “¿Cómo estoy? Estoy comprendiendo que en ocasiones puedes sobrevivir a las situaciones sin saber cómo sentir y vivir de la misma manera. Así que se trata más bien de ser abierto. Estoy tratando de volver a ser abierta como ser humano”.


Descubrir que Estados Unidos no ha ratificado la convención sobre los derechos del niño le ha dado un propósito: en lugar de limitarse a luchar por sus hijos, puede considerarlo como una causa mayor de derechos humanos. Intenta dar un giro positivo a su situación. “Ha sido tan horrible que casi tengo que considerar que es una bendición estar en una posición que me permite luchar contra este sistema. No empieza con la violación (el incidente del avión). Es mucho más complicado que eso”. Comenta que la falta de ratificación tuvo un impacto significativo en su batalla: “A mi hijo de 17 años, por ejemplo, se le negó el derecho a expresarse en los tribunales“.

Jolie es compleja, y en ocasiones contradictoria. Me dice que quiere hablar de todo esto; al minuto siguiente, cambia de opinión. “No es que quiera hablar de algo realmente, porque simplemente quiero que mi familia sane. Y quiero que todo el mundo salga adelante, todos nosotros, incluido su padre. Quiero que sanemos y estemos en paz. Siempre seremos una familia”. No solo Jolie es compleja; también lo es la situación. Resulta difícil ver cómo incluso ella podría seguir adelante con su denuncia de violencia doméstica y lograr una solución pacífica.

Cuando le menciono lo afectada que se ve, admite que hoy ha estado emocional, desde que vio cómo los talibanes tomaron Kabul. “Esta mañana lloré mucho por Afganistán. Ese fue mi comienzo, hace 20 años, esos primeros viajes en los que conoces a la gente y conectas con ellos de verdad. Conoces a niños pequeños, ves las promesas realizadas, los esfuerzos hechos, la confianza otorgada, lo ves todo, y después sigues la trayectoria de cómo los suben a los camiones para enviarlos de vuelta, y los sigues de regreso a Kabul, y a la escuela, y tienes una idea del dolor y el miedo y la muerte y el horror y la traición y el trauma. Es repugnante. Dice demasiado sobre el mundo en el que vivimos hoy en día. Revela demasiado sobre la situación en la que nos encontramos”.

Pero, al mismo tiempo, le hace pensar en Muhammad y en los otros tres activistas que conocimos, que luchan tan ferozmente por un mundo mejor. Le hace pensar en todas las terribles concesiones que hacen los políticos y que conducen a resultados como el de Afganistán. Le hace pensar en su época de juventud, cuando se negaba a someterse a las convenciones, y en todas las personas que la han tachado de loca en los últimos años por creer que la justicia y la humanidad pueden triunfar sobre la realpolitik. “No”, afirma, recuperando la confianza en sí misma, “no estoy loca”.

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