¿Qué es la COP26 y por qué es importante? La guía completa
En el Acuerdo climático de París de 2015, las naciones se comprometieron a restringir el aumento de la temperatura global a "muy por debajo" de 2°C. Foto compuesta: AP/Guardian Design

¿Qué es la COP26?

Durante casi tres décadas, los gobiernos de todo el mundo se han reunido casi todos los años para forjar una respuesta global ante la emergencia climática. En virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) de 1992, todos los países están obligados por el tratado a “evitar un cambio climático peligroso” y a encontrar formas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial de forma equitativa.

Las siglas COP significan conferencia de las partes en el marco de la CMNUCC, y las reuniones anuales han variado entre lo conflictivo y lo aburrido, intercalando momentos de gran dramatismo y uno que otro triunfo (el Acuerdo de París en 2015) y el desastre (Copenhague en 2009). Este año se celebra la 26ª edición, aplazada un año por la pandemia de Covid-19, y que tendrá como sede el Reino Unido en Glasgow.

¿Cuándo?

La conferencia se inaugurará oficialmente el 31 de octubre, un día antes de lo previsto, debido al Covid-19, y más de 120 líderes mundiales se reunirán en los primeros días. Posteriormente se retirarán, dejando las complejas negociaciones en manos de sus representantes, principalmente secretarios de medio ambiente o altos funcionarios similares. Se prevé que asistirán a la conferencia aproximadamente 25 mil personas en total.

Está programado que las conversaciones finalicen a las 18:00 horas del viernes 12 de noviembre, pero la experiencia de las COP anteriores indica que es probable que se prolonguen hasta el sábado y quizás hasta el domingo.

¿Por qué necesitamos una COP? ¿No tenemos ya el Acuerdo de París?

Sí, en el marco del histórico Acuerdo de París, firmado en 2015, los países se comprometieron a mantener el aumento de la temperatura global “muy por debajo” de los 2°C, al tiempo que “persiguen los esfuerzos” para limitar el calentamiento a 1.5°C. Estos objetivos son jurídicamente vinculantes y están incluidos en el tratado.

Sin embargo, para cumplir esos objetivos, los países también acordaron metas nacionales no vinculantes para reducir o, en el caso de los países en desarrollo, contener el crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero a corto plazo, para el año 2030 en la mayoría de los casos.

Dichos objetivos nacionales, conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional, o NDC, eran inadecuados para mantener al mundo dentro de los objetivos de temperatura establecidos en París. Si se cumplieran, darían lugar a un calentamiento de 3°C o superior, lo que sería desastroso.

Todo el mundo sabía en París que las NDC eran inadecuadas, por lo que los franceses incluyeron en el acuerdo un “mecanismo de ajuste” por el que los países tendrían que volver a reunirse cada cinco años con nuevos compromisos. Esos cinco años finalizaban el 31 de diciembre de 2020, pero la pandemia impidió que muchos países se presentaran.

Ahora se insta a todos los países a que examinen sus NDC antes de la COP26 en consonancia con el objetivo de 1.5°C, el más bajo de los dos objetivos de París. Los científicos calculan que se deben reducir las emisiones en un 45% para el año 2030, en comparación con los niveles de 2010, y a partir de ahí llegar al cero neto de emisiones para el año 2050, si se quiere que el mundo tenga una buena oportunidad de permanecer dentro del umbral de 1.5°C.

Un borrador de los resultados de la COP21 en París. Foto: Benoît Doppagne/AFP/Getty Images

¿Estamos cerca?

No. La ONU informó recientemente que las NDC actuales, incluidas las que acaban de ser presentadas o revisadas por Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido y más de 100 países, siguen siendo inadecuadas. Supondrían un aumento del 16% de las emisiones, muy lejos del 45% de reducción que se necesita. Así que queda mucho por hacer.

¿Todo esto tiene que ver con China?

El mayor emisor del mundo es China. Su presidente, Xi Jinping, informó que no acudirá de manera presencial a Glasgow. Su asistencia supondría un gran impulso, pero importantes personalidades de las conversaciones han comentado que aún pueden alcanzar un resultado exitoso sin su presencia física.

El año pasado, Xi anunció que China alcanzaría el cero neto de emisiones en 2060, un gran paso adelante, y el pico de emisiones en 2030. Esta última promesa se considera insuficiente y podría conducir a que el mundo supere los 1.5°C. Los analistas señalan que China podría alcanzar el pico de emisiones en 2025, con algún esfuerzo adicional, y que esto sería suficiente para mantener al mundo en el camino correcto.

China no es el único país en el marco: los principales productores de combustibles fósiles, entre ellos Arabia Saudita, Rusia y Australia, también se han negado a reforzar sus compromisos. El presidente brasileño Jair Bolsonaro sigue presidiendo la desastrosa destrucción del Amazonas.

También hay interrogantes sobre el compromiso del nuevo gobierno japonés. India estuvo a punto de comprometerse a alcanzar el objetivo de cero neto de emisiones la pasada primavera, pero se vio superado por la crisis de Covid-19, su economía en rápido crecimiento y su dependencia del carbón la convierten en un país clave en las conversaciones. Y otras naciones en desarrollo como Indonesia, Malasia, Sudáfrica y México también estarán muy vigiladas.

¿Por qué es tan importante el 1.5°C?

Como parte del Acuerdo de París, la principal autoridad mundial en materia de ciencia climática, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se encargó de examinar minuciosamente lo que supondría para el planeta un aumento de la temperatura de 1.5°C. Encontraron una gran diferencia entre los daños causados por 1.5°C y 2°C de calentamiento, y concluyeron que la temperatura más baja era mucho más segura.

Un aumento de 1.5°C seguiría provocando el aumento del nivel del mar, el blanqueamiento de los arrecifes de coral y un aumento de las olas de calor, las sequías, las inundaciones, tormentas más fuertes y otras formas de clima extremo, pero serían mucho menos que los extremos asociados a un aumento de 2°C.

Otros hallazgos del IPCC, publicados en agosto, destacaron estas advertencias y concluyeron que todavía existía la posibilidad de que el mundo se mantuviera dentro del umbral de 1.5°C, pero que ello requeriría esfuerzos coordinados. Y, fundamentalmente, también determinaron que cada fracción de grado que aumente la temperatura es importante.

¿Hasta dónde tenemos que llegar?

Las temperaturas en todo el mundo ya se encuentran entre 1.1°C y 1.2°C por encima de los niveles preindustriales, y las emisiones de gases de efecto invernadero continúan con una tendencia al alza.

La producción de dióxido de carbono se redujo durante los confinamientos por Covid-19 del año pasado, pero eso fue temporal y desde entonces volvieron a aumentar a medida que las economías se recuperaron. Para no sobrepasar el 1.5°C, se debe reducir las emisiones mundiales en un 7% anual durante esta década.

¿Y qué pasa con el cero neto?

Para mantenernos dentro de 1.5°C, debemos dejar de emitir dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, procedentes de la quema de combustibles fósiles, de la agricultura y la ganadería, que crean metano, de la tala de árboles y de ciertos procesos industriales, casi por completo para mediados de siglo. Las emisiones residuales que queden para ese entonces, por ejemplo las que provienen de procesos que no se pueden modificar, deben compensarse aumentando los sumideros de carbono del mundo, como los bosques, las turberas y los humedales, que actúan como grandes almacenes de carbono. Ese equilibrio se conoce como cero neto.

Sin embargo, los objetivos a largo plazo no son suficientes. El clima responde a las emisiones acumuladas, y el dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante aproximadamente un siglo después de su emisión, por lo que podríamos alcanzar el cero neto en 2050, pero aun así habríamos emitido tanto durante ese tiempo que sobrepasaríamos el umbral de 1.5°C de forma irrevocable.

Por este motivo, los científicos y los políticos consideran que la década de 2020 es crucial para el clima: si las emisiones alcanzan pronto su punto máximo y se reducen rápidamente, podremos evitar que las emisiones acumuladas aumenten demasiado y aún tendríamos la posibilidad de no superar los 1.5°C.

¿La COP26 solo se trata del 1.5°C?

Las NDC son la parte central de las negociaciones, y también es importante conseguir que más países firmen un objetivo de cero neto a largo plazo. Pero la presidencia británica también espera ayudar a alcanzar estos objetivos centrándose en otras tres áreas: la financiación climática, la eliminación gradual del carbón y las soluciones basadas en la naturaleza.

La financiación climática consiste en el dinero que se proporciona a los países pobres, procedente de fuentes públicas y privadas, para ayudarlos a reducir las emisiones y hacer frente a los impactos de las condiciones meteorológicas extremas. En la COP de Copenhague de 2009 se prometió a los países pobres que recibirían 100 mil millones de dólares al año para 2020.

Ese objetivo no se ha cumplido: la OCDE reveló en un informe de septiembre que el año pasado solo se aportaron alrededor de 80 mil millones de dólares. Los países en desarrollo quieren que se garantice que el dinero llegará lo antes posible, y quieren que exista un nuevo acuerdo financiero que amplíe considerablemente los fondos disponibles con posterioridad a 2025.

La eliminación gradual del carbón es esencial para no sobrepasar los 1.5°C. Los países han tomado medidas en este sentido: China, el mayor consumidor de carbón del mundo, dejará de financiar nuevas centrales eléctricas de carbón en el extranjero, por ejemplo. Pero China, India, Indonesia, México, Australia y otros países siguen siendo grandes productores y consumidores de carbón, y aún queda mucho por hacer.

Las soluciones basadas en la naturaleza son proyectos como la conservación y restauración de los bosques existentes, las turberas, los humedales y otros sumideros naturales de carbono, y el cultivo de más árboles. Se trata de iniciativas importantes, ya que la destrucción del Amazonas y de otras selvas tropicales en todo el mundo contribuye enormemente al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, los expertos piden cautela: aunque cultivar árboles es una buena idea, no hay espacio para cultivar todos los árboles que algunos han sugerido, y no pueden resolver la crisis climática por sí solos. También es necesario terminar con el uso de los combustibles fósiles.

También se ha avanzado en cuestiones como el metano, un gas de efecto invernadero que puede calentar el planeta 80 veces más que el dióxido de carbono y que procede de la cría de animales, los residuos agrícolas, la extracción de petróleo y otras exploraciones de combustibles fósiles. La Unión Europea y Estados Unidos establecieron una asociación para reducir las emisiones mundiales de metano para el año 2030, lo que, según investigaciones recientes, podría lograrse en su mayor parte con un costo mínimo o nulo.

¿Hay otros problemas?

En la COP26, los países también tendrán que encontrar una respuesta al problema del mercado de carbono. El mercado de carbono se introdujo por primera vez en las conversaciones en el protocolo de Kioto de 1997, como un mecanismo mediante el cual los países ricos podrían transferir parte de su reducción de carbono a los países en desarrollo. Funciona así: una tonelada de dióxido de carbono tiene el mismo impacto en la atmósfera independientemente del lugar donde se emitan, de modo que si resulta más económico reducir una tonelada de dióxido de carbono en India que en Italia, el gobierno o las empresas italianas podrían pagar por proyectos, paneles solares, por ejemplo, o una central eólica, en la India que reduzcan las emisiones en ese país, y contar esos “créditos de carbono” para sus propios objetivos de reducción de emisiones.

De esta forma, los países pobres acceden a una financiación muy necesaria para sus esfuerzos de reducción de emisiones, y los países ricos se enfrentan a una menor carga económica para reducir el carbono.

Sin embargo, el sistema se ha prestado a abusos en algunos casos y resulta inadecuado en cualquier caso en un mundo en el que todos los países, desarrollados y en desarrollo, deben reducir sus emisiones de carbono lo más rápidamente posible. El mercado de carbono se incluyó en el artículo 6 del Acuerdo de París, pero nunca se han resuelto los conflictos sobre cómo aplicarlo. Las discusiones sobre el artículo 6 contribuyeron a hacer fracasar la última COP, que se llevó a cabo en Madrid en 2019, y los anfitriones de Reino Unido esperan que esta vez se pueda gestionar la cuestión con el fin de no arruinar cualquier posible resultado.


Estamos en la 26ª edición de COP, ¿por qué ha tardado tanto?

Desde la revolución industrial, el mundo moderno ha dependido de los combustibles fósiles. Vivimos en una era prometeica: casi toda nuestra prosperidad y tecnología se ha construido sobre la base de una energía económica y de fácil acceso procedente de los combustibles fósiles. Poner fin a su reinado exigirá enormes cambios en los sistemas energéticos, en el entorno construido, en el transporte, en nuestro comportamiento y en nuestra dieta.

Conseguir que 196 naciones se pongan de acuerdo en algo tan complejo no ha sido sencillo. Los países desarrollados no se han mostrado dispuestos a asumir los costos, mientras que los países en desarrollo han exigido el derecho a seguir utilizando los combustibles fósiles para lograr su crecimiento económico. Se han producido disputas sobre la responsabilidad histórica, sobre la distribución de la responsabilidad, sobre los costos, sobre la ciencia, y la política se ha visto influenciada por los cambios de gobierno en países clave, Donald Trump, por ejemplo, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París.

En el lado positivo, el costo de la energía renovable y otras tecnologías ecológicas se ha reducido en los últimos años, por lo que ahora es tan barato como los combustibles fósiles en la mayor parte del mundo. La tecnología de los vehículos eléctricos también progresó rápidamente, y se están desarrollando nuevos combustibles como el hidrógeno.

¿Por qué se realiza en Glasgow?

La presidencia cambia cada año, y suele alternar entre países desarrollados y en vías de desarrollo, y alrededor del mundo para que todas las regiones estén representadas. Las COP anteriores más destacadas se llevaron a cabo en Copenhague, Kioto, Marrakech, Lima y Durban, y es probable que la del próximo año se realice en Egipto. De hecho, Reino Unido coorganiza la COP26 junto con Italia, que ha albergado varias reuniones precursoras, como una COP previa y una COP para jóvenes en Milán, y que recibirá la reunión de líderes del G20 pocos días antes de la COP26.

¿No será una super difusión masiva de Covid-19?

En un principio, la COP estaba prevista para noviembre de 2020, pero en mayo del año pasado se decidió posponerla debido a la pandemia. El gobierno escocés, la ONU y el gobierno nacional de Reino Unido han participado estrechamente en los preparativos.

Se decidió celebrar el evento en persona, en lugar de forma virtual, debido a la urgente necesidad de que los países aumenten sus aspiraciones en materia de reducción de emisiones, y a la dificultad de conseguir avances en ese sentido sin que la gente se reúna presencialmente. El temor, bien fundado, debido a la experiencia de otras conferencias virtuales, era que una conferencia virtual dejara a los países exentos de responsabilidad.

Los países también se han mostrado recelosos de comprometerse a tomar decisiones firmes en las complejas negociaciones técnicas por medios virtuales. Algunas de las negociaciones se han llevado a cabo con antelación, de forma virtual, pero no se pueden formalizar las decisiones hasta que sean acordadas por todas las naciones en persona.

El gobierno de Reino Unido ha ofrecido a los delegados la posibilidad de vacunarse con antelación a las conversaciones, pero aquellos que procedan de países incluidos en la lista roja también tendrán que permanecer en cuarentena. El gobierno de Reino Unido pagará los gastos de aquellos países que no puedan permitirse acudir.

Boris Johnson (centro) y el presidente de la COP26, Alok Sharma (izquierda), reunidos con la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), Patricia Espinosa, en el edificio de la ONU en Nueva York el 20 de septiembre. Foto: Andrew Parsons/No10 Downing Street

¿Qué pasa si la COP26 fracasa?

Los grandes protagonistas de las conversaciones, la ONU, Reino Unido y Estados Unidos, ya han reconocido que la COP26 no logrará todo lo que se esperaba. Las NDC que probablemente surjan de Glasgow no aportarán todo lo necesario para garantizar que el mundo se mantenga dentro de los 1.5°C.

Esto resulta decepcionante para muchos observadores, pero no es una sorpresa. Debido a la complejidad de las negociaciones, nunca fue probable que se lograra un resultado perfecto. Los anfitriones de Reino Unido se centran ahora en garantizar que se produzcan suficientes avances en la reducción de las emisiones para el año 2030 con el fin de “mantener vivo el 1.5°C”, y en seguir el mayor número posible de otros caminos, la eliminación gradual del carbón, la reducción del metano, dejar de utilizar los combustibles fósiles para el transporte, y lograr que las empresas, las instituciones financieras y los gobiernos subnacionales establezcan planes para reducir las emisiones de acuerdo con el 1.5°C, que ayuden a alcanzar ese objetivo.

Una de las cuestiones clave actualmente consiste en garantizar que las propias conversaciones se desarrollen sin problemas. La Conferencia de Copenhague de 2009 se percibió ampliamente como un fracaso, a pesar de que produjo un acuerdo parcial que se convirtió en la base de París. Pero terminó con escenas de caos, división, recriminaciones y discordia. Si se puede evitar eso, y establecer una ruta clara que impida de forma creíble que el mundo supere los 1.5°C, la COP26 podría tener un resultado exitoso.

La crisis climática no es la única crisis medioambiental: ¿qué pasa con la pérdida de especies y la naturaleza?

Los países también se reunirán en una serie de conversaciones paralelas para frenar la pérdida de biodiversidad, restaurar los ecosistemas naturales y proteger los océanos. El gobierno chino iba a ser el anfitrión de estas conversaciones en Kunming el pasado mes de octubre, pero se han retrasado. El próximo mes de abril llegarán a una conclusión en una reunión presencial, precedida por negociaciones virtuales.