¡Corre ese maratón! ¡Escribe esa novela! Cómo hacer que el 2022 sea el año en el que por fin cumplas tus objetivos
Muchos de nosotros tenemos estos objetivos a medio y largo plazo que son ambiciosos, pero (en teoría) alcanzables. (Modelo posando). Foto compuesta: Guardian Design; g-stockstudio/Getty Images/iStockphoto

Este año, mi propósito de año nuevo es terminar el primer borrador de una novela. Es un objetivo realista: no digo que tenga que ser rentable, ni siquiera que sea buena. Solo quiero que las palabras estén en la página, incluso si todo lo que hacen después es languidecer para siempre en una carpeta.

Bueno, yo digo que eso es lo que quiero, pero, por supuesto, terminar el borrador fue mi propósito de año nuevo del año pasado, y del año anterior, y del anterior. A decir verdad, he estado retrasando este propósito en particular desde 2017.

Tal vez para ti sea correr un maratón, o una carrera de 5 kilómetros. Puede que sea perder una cantidad determinada de peso, o terminar un curso de yoga o un idioma extranjero. Podría ser un proyecto que requiera mucho tiempo, como confeccionar un edredón o investigar la historia de tu familia.

Muchos de nosotros tenemos esos objetivos a medio y largo plazo que son ambiciosos, pero (en teoría) alcanzables con la necesaria inversión de tiempo y esfuerzo. Voy a suponer que muchas otras personas tampoco han comenzado, incluso si los confinamientos del año pasado significaron que, como yo, tenían horas interminables para cumplirlos.

Entonces, ¿por qué aplazamos estos objetivos y cómo podemos hacer que 2022 sea el año en el que por fin los logremos? Hablé con los expertos para averiguarlo.
Centrarse en el proceso, no en la perfección

“Es un problema muy humano”, comenta Fuschia Sirois cuando le describo mi situación. Profesora de psicología en la Universidad de Sheffield, Sirois estudia la procrastinación y el perfeccionismo, y sus consecuencias en el bienestar. Señala que ambos factores influyen en nuestra incapacidad para emprender proyectos.

“Cuando estás trabajando para lograr algo y no lo has conseguido del todo, todo es posible; puedes imaginar el éxito que tendrá”, dice Sirois. “Pero sabemos que eso no es lo que ocurre en la vida real”.

En otras palabras, el simple hecho de avanzar hacia mi objetivo será un recordatorio que me baje de las nubes respecto al largo camino que tengo por delante. Puede que la historia que sea capaz de escribir no sea mala, pero será, inevitablemente, distinta a como la imaginé, y esa sola comprensión nos puede desviar, comenta Sirois. “Conservamos ese objetivo cuando nunca lo empezamos: se convierte en algo abstracto, ahí fuera”.

Así que la fuerza de voluntad y un plan no son necesariamente suficientes. Las investigaciones de Sirois indican que procrastinamos una tarea para evitar emociones complicadas. “No somos seres racionales. Nuestros miedos, ansiedades, luchas internas personales, los argumentos negativos que tenemos sobre nosotros mismos, nuestra autoestima… todo esto interviene”.

Procrastinar puede entonces agregar otra capa de autocrítica, mientras que el perfeccionismo nos puede engañar haciéndonos creer que existe un momento ideal para comenzar.
La parálisis que describe Sirois es dolorosamente familiar. No podría contar el número de noches de la semana y fines de semana en los que me sentí culpable de no escribir, a pesar de que no había planeado hacerlo.

Sirois sugiere, en cambio, que intente profundizar en estos bloqueos emocionales. Por ejemplo, pueden representar que soy crítica conmigo misma, lo que puedo afrontar con autocompasión, o mi inseguridad sobre el objetivo, lo que requiere un análisis.

“Es fácil culpar al plan. Resulta mucho más difícil decir: ‘No sé cómo manejar mis emociones'”, señala Sirois. Parte del problema, explica, es que nos resulta difícil prever con exactitud nuestros estados emocionales, lo que significa que podemos exagerar el esfuerzo que supone trabajar para alcanzar nuestro objetivo o la satisfacción que sentiremos al lograrlo, o ambos aspectos.

“Lo que aprendemos sobre nosotros mismos durante esos viajes más largos, como correr un maratón o escribir una novela, cómo desarrollamos nuestras habilidades, las relaciones que entablamos y fortalecemos: en realidad, eso es lo que hace que la experiencia sea mucho más rica y gratificante de lo que podríamos imaginar, pero solemos olvidar estos aspectos”.

La solución, comenta Sirois, es buscar el significado en el proceso, no en el resultado. Un estudio reciente demostró que las personas que pensaban en la razón por la que su objetivo era importante para ellos pasaban mucho menos tiempo procrastinando que las personas que solo pensaban en lo bien que se sentirían al lograrlo.

Si pienso que mi último capítulo era malo, me sugiere que lo reformule como “me estoy convirtiendo en una mejor escritora”. En cambio, si alguien está entrenando para un maratón, podría centrarse en mantenerse en forma, pasar tiempo con sus amigos o seguir los pasos de sus familiares.

“Puedes observar las luchas que estás experimentando con una perspectiva más amplia, para ver lo que significa en términos de tu propio crecimiento personal”, señala Sirois.

Sin embargo, es difícil, incluso para los expertos. Cuando estuvo en el plazo de entrega de su reciente audiolibro, Do It Now: Overcoming Proscrastination, Sirois cuenta que “me costó una eternidad empezar”.

Pagarse a sí mismo

Katy Milkman, científica del comportamiento que trabaja en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania y autora de How to Change, propone que el obstáculo para progresar suele ser nuestra predisposición a sentirnos bien en el momento.

“Puede que no sea tan agradable, en el momento, alcanzar ese objetivo a largo plazo”, comenta. “Sabes que deberías, sabes que te alegrarás cuando lo hayas logrado, pero cada vez que te sientas, existe algo más tentador o próximo que desvía tu atención”.

Una forma para solucionar esta situación es relacionar la tarea con algo placentero, por ejemplo, limitar nuestros refrigerios o tés favoritos a las sesiones de escritura o ver la televisión solo cuando estemos en la caminadora. Milkman menciona a una estudiante que se permitía encender una vela aromática solo cuando trabajaba en su tesis.

Tendría que haber sido una vela perfumada muy especial, digo yo. “Estoy de acuerdo”, responde Milkman. “Eso no es lo mío”. En su lugar, tiene amados audiolibros que utiliza para motivarse en sus rutinas de ejercicio.

Otra forma es utilizar el dinero en efectivo. Milkman recientemente llevó a cabo un “mega estudio” en el que participaron más de 60 mil miembros de gimnasios de Estados Unidos, y descubrió que esto funcionaba. Conceder puntos de recompensa (equivalentes a solo 9 centavos de dólar o unos 6.5 peniques) a las personas que regresaban al gimnasio después de faltar a un entrenamiento programado aumentaba las visitas en un 16% aproximadamente, en comparación con el ofrecimiento inicial. La concesión de una recompensa mayor (puntos equivalentes a 1.75 dólares) por cada sesión de entrenamiento fue casi igual de eficaz, aumentando las visitas en un 14% aproximadamente.

Así que, si quieres correr un maratón, intenta pagarte una libra por cada día que cumplas tu plan de entrenamiento. Esta estrategia se puede aplicar como sanción, no solo como recompensa, explica Milkman: pídele a un ser querido que te cobre por cada vez que no corras. Eso también aporta un nivel extra de responsabilidad.

Si no quieres molestar a tus amigos con esto, existen servicios que lo automatizan.

Beeminder.com, por ejemplo, refleja tu progreso hacia un objetivo cuantificable en una gráfica. Cuando cruzas hacia el lado equivocado de tu línea de moda, Beeminder te cobra. StickK.com también aprovecha el “poder psicológico de la aversión a la pérdida” para provocar un cambio de comportamiento, cobrándote cuando rompes los términos de tu “contrato de compromiso”.

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¡Apuntando hacia los objetivos! (Modelos posando). Foto compuesta: Guardian Design; Halfpoint Images; Katleho Seisa/Getty Images

De acuerdo con Beeminder, puede que esta estrategia te resulte eficaz si hay “algo que sabes que deberías hacer, que realmente quieres hacer, que sabes con seguridad que puedes hacer, pero que, por lo general, no haces”. También si eres un “friki de los datos”.

Parece que habla de mí. Por el momento no me inscribo, pero creo que esto me funcionaría mejor que una vela aromática.

Dejar de soñar despierto

Una de las estrategias más comunes para alcanzar el éxito es visualizarlo: imaginarse a uno mismo cruzando la línea de meta con una marca personal, o ver tu bestseller en las estanterías. Sin embargo, señala Gabriele Oettingen, profesora de psicología en la Universidad de Nueva York y la Universidad de Hamburgo, y autora de Rethinking Positive Thinking: Inside the New Science of Motivation, esto podría ser contraproducente.

Después de numerosos estudios, su investigación determinó una inesperada pero poderosa correlación entre el pensamiento positivo y el bajo rendimiento. “Cuanto más positivo sea imaginar el futuro, menos me esforzaré para realizarlo”, explica Oettingen a través de Zoom desde Nueva York.

En otras palabras, fantasear sobre nuestros objetivos nos hace sentir bien a corto plazo -hasta el punto de bajarnos la presión-, pero nos quita la energía que necesitamos para entrar en acción. “La gente se siente realizada”, comenta Oettingen. “Como si ya estuvieran ahí”.

Lo preocupante, sugiere Oettingen, es que esta falta de acción podría, con el tiempo, conducir incluso a la depresión, puesto que se estableció una relación correlativa entre fantasear sobre el futuro y un estado de ánimo más negativo.

Así que, en lugar de limitarnos a visualizar, Oettingen aboga por lo que denomina “contraste mental”: no basta con fantasear con el éxito, sino que hay que comparar la fantasía con la realidad para descubrir, en concreto, qué es lo que nos impide alcanzarlo. Una vez que comprendas con claridad los obstáculos que se interponen en tu camino, puedes planificar cómo superarlos con un plan estilo “si ocurre esto, entonces hago aquello”. Por ejemplo, mi problema es que le doy más prioridad al trabajo que a la escritura de mi novela. Así que podría decidir que lo primero que haré en la mañana será escribir mi novela, antes de revisar mi correo electrónico del trabajo. O si mi objetivo es salir a trotar en las tardes, pero me falta motivación al final de la jornada laboral, puedo empezar por ponerme los tenis para correr antes de salir, lo que me ayuda a superar el primer obstáculo.

Oettingen denomina a este enfoque “Woop” -deseo, resultado, obstáculo, plan- y dice que funciona para casi cualquier cambio de comportamiento, desde la creación de hábitos saludables hasta para mejorar las relaciones y el rendimiento académico. (Existen recursos gratuitos en woopmylife.org, y una aplicación).

Una vez que hayas descubierto qué es lo que te frena, descubrirás que estás lleno de energía para trabajar para lograr tu objetivo, o que no estás tan interesado en él como pensabas. En ese caso, comenta Oettingen, puedes soltar ese sueño sin sentirte culpable.

Es posible que descubras que tu objetivo era algo que pensabas que tenías que lograr, explica, porque es socialmente aconsejable o algo que tu familia y amigos quieren. “Al observar con atención el obstáculo, entenderé qué tengo que hacer para superarlo; también sabré si el obstáculo es demasiado costoso, si no hay tiempo suficiente o si simplemente no se puede superar”, señala. “Y entonces, con la conciencia tranquila y plena, simplemente lo soltaré y me dedicaré a futuros más prometedores y viables… El contraste mental es un medio para limpiar tu vida”.

Y con eso, Oettingen articula el pensamiento inquietante que tengo cada vez que llega otro año nuevo en el que no hice el borrador: ¿hasta qué punto puedo querer realmente escribir esta novela, si todavía no la he terminado?

Pon a prueba tus objetivos

Dave Evans fue uno de los primeros empleados de Apple bajo la dirección de Steve Jobs y dirigió el diseño de su primer ratón. Ahora, como codirector de la asignatura Designing Your Life de la Universidad de Stanford y como coautor (junto a su jefe Bill Burnett) del bestseller del mismo nombre, enseña un enfoque práctico para la resolución de problemas. “Somos los chicos que te sacan del estancamiento“, dice alegremente a través del Zoom desde su oficina en la soleada California.

Evans me dice que estoy luchando contra un “problema de fijación”, es decir, que estoy estancada en una sola solución para mi objetivo, lo cual lo hace “imposible o increíblemente difícil de lograr”.

Evans propone un poco de ingeniería inversa, que intente replantear mi problema imaginándome a mí misma seis meses después de haber terminado mi borrador. ¿Por qué, concretamente, soy feliz? ¿En qué sentido mi vida es diferente, o mejor? “Lo primero que tienes que hacer es ser realmente empático contigo mismo, y con la persona que crees que estás intentando ser”. A partir de ahí, dice, puedes trabajar hacia atrás.

Es posible que lo que la Elle del futuro quiera, más que un borrador terminado, sea practicar con regularidad la escritura de ficción, y yo (¿ella?) puedo trabajar para conseguirlo sin necesitar 80 mil palabras para demostrarlo, señala Evans. “Date la oportunidad de tener éxito”, dice.

“Uno de los mayores problemas psicológicos del gran objetivo es su carácter inalcanzable. Es increíblemente desenergizante, la gente se rinde. Así que hay que poner una vara baja: ‘¿Qué pasa si escribo durante una semana? No estoy escribiendo una novela, sino un capítulo”. Y después, hazlo otra vez. Date la oportunidad de tener éxito”, comenta Evans.

A esto lo denomina creación de un prototipo: explorar diferentes caminos y posibilidades a través de experimentos definidos. “Antes de correr un maratón, intenta un par de 10 km”, propone. No solo para practicar, sino porque puede que descubras que el logro es suficiente, o que no disfrutas lo suficiente corriendo como para completar un maratón.

La flexibilidad te ayuda a aterrizar tu objetivo a la realidad, señala Evans, a conectar con tu motivación real y a afrontar el costo inevitable de perseguirlo a expensas de otros objetivos. “Muchas personas que tienen este objetivo -el libro, el maratón, la cima, ‘tengo que perder 50lb’- casi no tienen idea de lo que implica”.

Es posible que algunos incluso mantengan una “relación nostálgica a largo plazo” con su fantasía, dice Evans. “Pero el diseño siempre empieza con la realidad”.

Si vuelves a analizar tu objetivo y descubres que ya no es relevante, puedes seguir honrándolo como algo que fue significativo para tu yo del pasado, el cual te ha conducido hasta aquí y del que ahora puedes avanzar.

Las personas que ponen a prueba su “gran objetivo” reportan sentir dos cosas, señala Evans: “Se sienten más esperanzados, y sienten que es posible”. Le aseguro que el próximo año lo volveré a comprobar. Después, esa noche, escribo una escena: desordenada, poco bella, pero con palabras en una página.