Las mujeres ucranianas se enfrentan a la dura realidad de las leyes sobre el aborto en Polonia
Myroslava Marchenko era ginecóloga en Kiev antes de la guerra. Ahora asesora a las mujeres ucranianas acerca de sus derechos reproductivos en Polonia. Foto: Anna Liminowicz/The Guardian

Cuando cayeron las primeras bombas rusas sobre Ucrania, Myroslava Marchenko era una ginecóloga que trabajaba en una clínica privada de Kiev. Al día siguiente, una de sus pacientes debía abortar después de que las pruebas prenatales revelaron una alta probabilidad de síndrome de Down.

En su lugar, al igual que millones de personas en todo el país, Marchenko y su paciente huyeron hacia un lugar seguro, cruzando la frontera con Polonia, donde los abortos por anomalías congénitas –o “por motivos eugenésicos”, en el término del tribunal constitucional del país– son ilegales.

“Ella me llamó y me dijo: ‘Dios mío, no sé qué hacer, porque el tiempo se está acabando y mi embarazo está creciendo, pero no quiero criar a este niño porque es la guerra, y no puedo manejarlo’“, recuerda Marchenko. Fue, comenta, la primera vez que comprendió el impacto que las leyes polacas sobre el aborto, y las barreras que habían sido erigidas para impedir que las mujeres accedieran a la anticoncepción de emergencia, podían tener en las vidas de las personas. Marchenko le dijo a su paciente que debía abandonar Polonia y viajar a la República Checa para poder acceder a la interrupción del embarazo de forma segura.

Más de dos millones de ucranianos han encontrado refugio en Polonia desde que comenzó la guerra en febrero; la gran mayoría son mujeres con hijos. Aunque los dos países comparten una historia, una cultura y una frontera, el acceso de las mujeres a la atención médica reproductiva es radicalmente diferente.

En Ucrania, el aborto es legal cuando se solicita en las primeras 12 semanas de embarazo, los anticonceptivos orales son de venta libre sin necesidad de receta y la píldora del día siguiente está ampliamente disponible. En Polonia, el aborto está casi completamente prohibido y el acceso a los anticonceptivos está clasificado como el peor de Europa, según indica el Foro Parlamentario Europeo. Un gran número de médicos se niega a recetar la anticoncepción de emergencia o incluso el DIU (dispositivo intrauterino) por razones éticas, argumentando que son similares a un aborto.

Oxana Lytvynenko, una activista ucraniana por los derechos reproductivos que vive en Polonia desde hace 16 años y que ayuda a las refugiadas en los puntos de recepción desde que comenzó la guerra, comenta que algunas mujeres no tienen ni idea de que su acceso a los servicios de atención médica reproductiva desaparecerá cuando crucen la frontera.

“(Las refugiadas ucranianas que cruzan la frontera) no están nada preparadas para la situación de aquí, no conocen la ley. Incluso si alguien leyó algún artículo sobre el aborto en Polonia, (muchas) siguen pensando: ‘Está bien, no practican el aborto bajo petición, pero si existe una buena razón, lo harán'”, explica.

Es difícil porque uno no quiere volver a traumatizar a estas mujeres justo después de que se sienten tan felices de volver a estar seguras. No parece que sea el momento adecuado para decirles la verdad“.

Lytvynenko comenta que ha conocido a mujeres en la frontera que le han pedido ayuda para acceder a medicamentos para interrumpir un embarazo, pero señala que la posibilidad de acceder a servicios de atención médica reproductiva depende del azar.

“Si las mujeres que necesitan píldoras abortivas cruzan la frontera, realmente depende de quién las reciba”, explica. “Si es alguien progresista, feminista, entonces las podrán poner en contacto con las personas adecuadas. Pero si es un hombre cualquiera, o alguien religioso, entonces no habrá posibilidad. No les importará o dirán que es un ángel de Dios y que tienes que conservarlo”.

Los miembros del movimiento antiaborto de Polonia también han estado presentes en la frontera para recibir a las refugiadas. En las primeras semanas de la guerra, voluntarios del grupo Life and Family comenzaron a repartir folletos en los puntos de recepción de refugiados que mostraban fetos desmembrados y citaban al aborto como la mayor amenaza para la paz. Los folletos también aconsejaban a las mujeres embarazadas que denunciaran a la policía a cualquier persona que les ofreciera un aborto.

Mientras Marchenko espera recibir un permiso médico polaco, ha estado trabajando con Federa, una organización polaca de derechos de la mujer, para crear una línea de atención telefónica en ucraniano para las mujeres que buscan ayuda sobre dónde acceder a los servicios de atención médica reproductiva. Explica que la línea de atención telefónica recibe alrededor de 10 llamadas al día, el 10% de ellas son consultas sobre cómo acceder al aborto.

Algunas de las preguntas que recibe Marchenko proceden de mujeres con embarazos planificados que ya no se sienten capaces de dar a luz al vivir como refugiadas. Otras provienen de mujeres que quedaron embarazadas tras reunirse con sus esposos que ya se encontraban trabajando en Polonia antes de la guerra. “Aunque haya una guerra, las dudas sobre la reproducción siguen estando ahí, sobre todo porque muchas mujeres todavía no han logrado conseguir anticonceptivos“, explica.

Aborcyjny Dream Team, un grupo que ayuda a las mujeres a conseguir píldoras abortivas desde el extranjero, señala que 158 ucranianas han acudido a ellos en busca de ayuda desde el inicio del conflicto.

Conforme siguen apareciendo pruebas e informes de violaciones y agresiones sexuales cometidas contra ciudadanas ucranianas, los activistas y los políticos de Polonia también se preocupan cada vez más sobre la forma en que las víctimas de violaciones que buscan seguridad en Polonia pueden conseguir un aborto legal en caso de necesitarlo.

Entre 2010 y 2020, se realizaron menos de cinco abortos legales al año en Polonia por motivos de violación, y las mujeres necesitaron la autorización de un fiscal.

Los políticos de izquierda recientemente propusieron una serie de enmiendas a un proyecto de ley que acaba de aprobar el gobierno polaco sobre la recepción de refugiados ucranianos, que obligaría a los fiscales a expedir los documentos necesarios en un plazo de siete días. La propuesta fue rechazada por el Sejm, la cámara baja del parlamento polaco.

“Mi única esperanza es que ninguna de las mujeres ucranianas que necesitan un aborto intente conseguirlo de forma legal en Polonia”, dijo Lytvynenko. “Espero que simplemente sigan conduciendo hacia el oeste, hacia Alemania. Porque una vez que le declaren el embarazo al doctor, todo habrá terminado para ellas”.