El ascenso y la caída de 86 millones de dólares de Inigo Philbrick
Comerciante sospechoso: Inigo Philbrick en la inauguración de una galería en Londres en 2016. Foto: Stuart C Wilson/Getty Images

Fue condenado como “estafador en serie”, que engañó a los inversionistas de arte para que se desprendieran de una cantidad impresionante de 86 millones de dólares, pero sus víctimas nunca olvidarán el encanto y el carisma de Inigo Philbrick.

El cortés marchante estadounidense, que tenía una galería en una exclusiva dirección de Londres, con un toque de Midas que le permitía obtener grandes ganancias en la venta de obras de arte y una novia de la alta sociedad del programa Made in Chelsea, en realidad dirigía un negocio fraudulento. Esta semana fue condenado a siete años de cárcel en Estados Unidos, con dos años de libertad condicional y la orden de “pagar un decomiso de 86 millones 672 mil 790 dólares”.

El suyo era un comercio engañoso que implicaba la venta de más del 100% de una obra de arte a múltiples inversionistas sin su conocimiento, utilizando las obras como garantía en préstamos sin informar a sus copropietarios, y falsificando documentos para inflar el valor de las obras de arte, con un contrato en el que figuraba una identidad robada como el vendedor, según informó el Departamento de Justicia de Estados Unidos. La vida delictiva financió la vida de lujo de Philbrick, que al parecer abarcaba desde viajes en aviones privados hasta el consumo de los mejores vinos que valían 5 mil libras la botella.

Sin embargo, la ley finalmente lo atrapó. En otoño de 2019, un prestamista le notificó oficialmente a Philbrick que había incumplido un préstamo de 14 millones de dólares, y en noviembre de 2019, varios inversionistas presentaron demandas civiles. Tras haber logrado escapar a una remota isla del Pacífico, finalmente fue detenido en 2020, se vio pasando del paraíso a la cárcel. El pasado mes de noviembre, Damian Williams, fiscal del Distrito Sur de Nueva York, anunció que Philbrick se había declarado culpable ante el juez de distrito de Estados Unidos Sidney H Stein de un cargo de fraude electrónico por haber perpetrado un plan para defraudar a varias personas y entidades con el objetivo de financiar su negocio relacionado con el arte. Según la denuncia, “Philbrick obtuvo de manera fraudulenta más de 86 millones de dólares como resultado del plan… Philbrick tergiversó y omitió información a coleccionistas de arte, inversionistas y prestamistas para acceder a obras de arte valiosas y obtener ingresos por las ventas, financiamiento y préstamos”.

Cuando el juez Stein le preguntó el motivo por el que cometió el crimen, Philbrick respondió: “Por el dinero, su señoría”. No cabía duda de que en ese momento estaba siendo honesto. Los fiscales creen que su plan fraudulento funcionó entre 2016 y 2019 y que entre las obras de arte contemporáneas que quedaron atrapadas en su compleja red figuran la pintura Humidity, de Jean-Michel Basquiat, de 1982, y el retrato de estilo fotorrealista del artista Pablo Picasso, de Rudolf Stingel, de 2012.

Entre sus víctimas se encuentra Kenny Schachter, artista, académico y escritor estadounidense, que perdió más de 1.5 millones de dólares a manos de Philbrick. “Él malversó mis fondos, mi arte, del mismo modo que lo hizo con muchas personas”, señala. Lo que hace que la situación resulte aún más dolorosa es que en su momento fueron amigos, lo suficientemente cercanos como para haber pasado sus vacaciones juntos, y recuerda a Philbrick como un “marchante de arte con mucho talento” que era “ingenioso, divertido y gracioso”. Lo compara con el más infame estafador Ponzi de Estados Unidos, Bernie Madoff, que murió en prisión tras haber robado miles de millones de dólares a víctimas de todo el mundo, y describe a Philbrick como un “mini Madoff”, que cayó “principalmente” por “una mezcla tóxica de arrogancia y alcohol”.

Se están tramitando varias demandas civiles para determinar el título de propiedad legal de las obras de arte que Philbrick presuntamente vendió de más o utilizó como garantía en los préstamos.
Judd Grossman, un abogado neoyorquino, representa a varias víctimas, entre ellas Satfinance y el asesor financiero Aleksandar Pesko, que ha interpuesto dos demandas independientes por dos pinturas, Humidity, de Basquiat, y el retrato de Picasso, de Stingel: “Todos están litigando en este momento, no realmente contra Philbrick. Él no tiene nada. Están litigando sobre las obras de arte que han sido localizadas”. Tanto el Basquiat como el Stingel se encuentran en Nueva York, sujetos a medidas cautelares, lo que significa que permanecerán en su sitio hasta que se resuelvan los respectivos casos”.

Grossman comenta: “Philbrick vendía intereses sin revelar el hecho de esa transferencia y, en algunos casos, vendía más del 100% de la obra… no solo mintió sobre el precio de compra, sino que, en última instancia, robó la obra e intentó darla como garantía en un préstamo”.

Así lo reconoce el abogado de Philbrick, Jeffrey Lichtman, en una carta presentada al juez Stein antes de la condena dictada este mes. En ella se indica que el consumo de alcohol y drogas por parte de Philbrick comenzó en la escuela y “se intensificó a medida que entraba en el mundo del arte de Londres”, añadiendo que así era “como se hacen los negocios relacionados con el arte”. Schachter agrega: “Él cometió errores y saboteó toda su vida por avaricia a corto plazo. No es más que una tontería”.

En su documento, Lichtman admite que su cliente le dijo a Pesko que había comprado la obra de Basquiat por 18.4 millones de dólares “antes de venderle a Pesko una participación del 50% basada en su precio de compra inflado por 9.2 millones de dólares y también recibiendo de él un préstamo de 3 millones de dólares“. “Después, Philbrick vendió otro 12.5% de participación en la obra a un tercer individuo, Damien Delahunty (un marchante de arte de Londres), por 2.75 millones de dólares, afirmando que en realidad había comprado la obra por un precio aún más inflado de 22 millones de dólares, mintiendo que él y Delahunty serían propietarios conjuntamente del 25% de la obra, y que un tercer individuo no revelado tendría el 75% restante”. A partir de entonces, esta obra y otras fueron utilizadas como garantía por Philbrick, sin revelar los otros intereses de propiedad, para recibir un préstamo de 13.5 millones de dólares de Athena Art Finance Corp”.

Grossman describe el fraude de Philbrick como “sofisticado”: “Entre otras cosas, falsificó documentos, entre ellos un contrato de consignación de Christie’s, un contrato de compraventa y un recibo de compraventa, así como una factura de Christie’s”.

El fraude de Philbrick salió a la luz en 2019, a raíz de los rumores de tratos turbios y de que los inversionistas exigieran la devolución de las inversiones o de las obras de arte. Al enfrentarse a múltiples demandas, huyó a la isla de Vanuatu, ubicada en el Pacífico, donde fue detenido por agentes policiales estadounidenses. El director adjunto del FBI, William F Sweeney Jr, dijo en aquel momento: “Philbrick supuestamente buscó inversionistas de arte de alto nivel, vendió piezas que no poseía y jugó con millones de dólares provenientes del dinero de otras personas. El juego terminó cuando los inversionistas comenzaron a preguntarse dónde había terminado su dinero”.

Philbrick, cuyo atractivo juvenil ha sido comparado con la estrella del pop Justin Timberlake, nació en Inglaterra hace 34 años. Creció en Connecticut, hijo del respetado exdirector de un museo y de una escritora y artista graduada de Harvard, quienes se divorciaron cuando él era adolescente, lo cual devastó a la familia financiera y emocionalmente, según indican los documentos judiciales.

Estudió en Goldsmiths, Universidad de Londres, entrando en el mundo del arte en 2010 como becario en la galería White Cube con sede en Londres, donde al poco tiempo se convirtió en jefe de ventas del mercado secundario. En 2013, estableció su propia galería de arte contemporáneo, en Mayfair y, tras una facturación reportada de aproximadamente 130 millones de dólares en 2017, abrió una sucursal en Miami, Florida.

Se dijo que su negocio estaba respaldado por Jay Jopling, fundador de White Cube, quien indicó en un comunicado: “Me dolió y entristeció que el Sr. Philbrick, a quien respetaba y cuya carrera inicial apoyé, no solo traicionara mi confianza, sino, al parecer, la de muchos otros”. El vocero de Jopling señaló que “ha sufrido importantes pérdidas financieras como resultado de los fraudes del Sr. Philbrick“, y agregó: “Como hay procesos judiciales todavía en curso en relación con estas pérdidas, no podemos realizar más comentarios”.

Los artistas británicos Gilbert y George incluso le ofrecieron al tribunal una carta de referencia, recordando a Philbrick como “una persona joven muy talentosa, extraordinaria, encantadora, honesta y decente”.

Su relación con la estrella del programa Made in Chelsea, Victoria Baker-Harber, propició el nacimiento de su hija, Gaia-Grace, en noviembre de 2020. Ella incluso habló de Philbrick en un reciente episodio del programa, describiéndolo como “la persona más amable” y bromeando que se veía bien en su uniforme de prisión. “(El naranja) en realidad no es su color. Vestía una especie de mono color caqui. Al menos tiene cuello”. Cuando fue contactada por The Guardian, declinó realizar comentarios.
Desde luego, el mundo del arte no es ajeno al fraude y al escándalo. Los casos recientes, entre los que se incluyen las falsificaciones vendidas por la antes respetada y ahora extinta Knoedler Gallery, reflejan la codicia y los excesos de un mercado poco regulado, lo que permite que los compradores y vendedores de obras de arte multimillonarias oculten sus identidades.

Sharon Flescher, directora ejecutiva de la International Foundation for Art Research (Fundación Internacional para la Investigación del Arte, IFAR), comenta: “Afortunadamente, las estafas como el caso de Inigo Philbrick no ocurren con tanta frecuencia. Pero cuando ocurren, dejan al descubierto los puntos débiles del mundo del arte, donde se transfieren grandes sumas de dinero, muchas veces con poca transparencia”.

“Este caso revela lo que ocurre cuando se confía de forma equivocada y personas con aparente buena reputación resultan ser deshonestas. Se trató de un plan de fraude masivo que implicó millones de dólares, mentiras, engaños, documentos fraudulentos y exageraciones. Aunque la venta de más del 100% de las acciones de propiedad de una obra de arte era graciosamente divertida en la película de Mel Brooks Los productores, no es un tema gracioso”.

Grossman cree que Philbrick cayó debido a “una combinación de codicia, oportunidad y el deseo de ser la próxima sensación del mundo del arte”. “Una vez que probó ese éxito, y el estilo de vida que tenían sus clientes –había ganado un poco de dinero, pero no estaba al nivel de riqueza de sus clientes–, quiso más.

“Abusó de su relación personal y profesional con sus clientes con el fin de perpetrar el fraude. Todas estas transacciones implicaban cierto nivel de confianza y, en estos casos, estaban basadas en un buen historial. Él ganaba dinero y, según todos los indicios, no había motivos para creer que se trataba de algo más que de transacciones legítimas en lo que concernía a mis clientes. En el curso de estas relaciones comerciales, algunos de estos clientes desarrollaron relaciones personales, lo cual no hizo más que aumentar esa confianza. En última instancia, perpetró el fraude abusando de esa fe y confianza”.

Añade que, aunque las víctimas “perdieron dinero real, igualmente importante, sienten que se han aprovechado de ellas de una forma real… Cada vez que te defraudan y alguien te roba –especialmente cuando se trata de alguien que ha desarrollado este nivel de confianza– es un acontecimiento devastador, que cambia la vida”.