Anna compró píldoras abortivas en redes sociales. Ahora, como miles de filipinas, está muerta
Los defensores de los derechos de la mujer son conscientes de que cualquier cambio realizado en la legislación sobre el aborto se podría enfrentar a una fuerte oposición por parte de la iglesia católica. Foto: Thierry Falise/LightRocket/Getty Images

Poco antes de que llegara el mensajero, Anna*, una joven asustada y embarazada originaria de Filipinas, recibió en Facebook instrucciones por parte del vendedor sobre cómo debía proceder cuando recibiera su paquete de medicamentos que contenía cytotec, cortal y pastillas para evitar hemorragias.

Debía ayunar durante todo el día. No debía comer arroz, sino solo comer algunas galletas y beber refrescos de cola. Anna pagó 15 libras (368 pesos) por adelantado, y otras 15 libras en caso de que el aborto fuera exitoso.

Anna temía que la juzgaran por haber quedado embarazada, explica su hermana menor Carla*. Había pocas personas a las que la joven de 20 años pudiera recurrir. La relación con su pareja, el padre de su primer hijo, había fracasado y le habían pedido que dejara la casa de sus padres. Sus padres fueron condenados por delitos relacionados con las drogas y han estado en prisión desde que ella tenía 10 años.
“No quería que la gente le dijera que era tonta”, comenta Carla. “Dijo que tenía miedo (de abortar), pero que realmente quería hacerlo”.

1.1 millones

De abortos son realizados cada año en Filipinas, según calcula un estudio de 2020
Filipinas cuenta con una de las leyes antiaborto más estrictas del mundo; aunque el gobierno ha reconocido que la ley puede autorizar el aborto para proteger la vida y la salud de las mujeres embarazadas, en la práctica no se conceden esas excepciones. Las mujeres no tienen más alternativa que recurrir a cualquier tratamiento clandestino al que puedan acceder y permitírselo, independientemente del riesgo.

Se calcula que cada año se realizan 1.1 millones de abortos en el país, según indicó un estudio realizado por la Universidad de Filipinas en 2020, el cual predijo un aumento a medida que se interrumpían los servicios de salud durante la pandemia de Covid-19. Y la cifra ha aumentado, señala Jihan Jacob, asesora jurídica principal para Asia en el Centro de Derechos Reproductivos. “Al igual que en cualquier otro país que tiene leyes restrictivas, no impide el aborto, simplemente lo hace inseguro”, señala.

Las mujeres, particularmente aquellas que viven en zonas urbanas, han buscado con mayor frecuencia tratamientos en internet, una tendencia que aceleró el Covid-19. “No puedes viajar a Quiapo (un mercado conocido por su venta de tratamientos herbales) con una pandemia y con todos los confinamientos y restricciones, así que todas tienen que recurrir a buscar otras formas. Normalmente consiste en acudir a plataformas y foros en internet, o incluso a plataformas de compra en línea”, explica Jacob.

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Defensoras de los derechos de la mujer en Filipinas protestan contra las leyes relativas al aborto. Foto: Gregorio B.Dantes Jr./LightRocket/Getty Images

Eran las dos de la madrugada, pocas horas después de que Anna tomara las pastillas, cuando Carla tocó la puerta de la habitación de su tía Rose para pedir ayuda. Anna tenía fiebre y estaba angustiada. Se había arropado con un edredón, pero no podía dejar de temblar. Tenía la frente caliente. Intentaron calmarla, pero ella no decía nada con sentido.

“Le preguntó a la tía Rose: ¿por qué todos se ven de color violeta a mis ojos?”, recuerda Carla. “Ella pensaba que se estaba relajando, pero en realidad estaba sudando”.

Pasaron las siguientes cuatro horas viajando en mototaxi y después en automóvil de un hospital a otro en Cavite y luego, hacia el norte, en Manila. Las rechazaron en repetidas ocasiones; un centro indicó que la sala correspondiente solo aceptaba pacientes de Covid-19 otro exigió un gran depósito antes del tratamiento.

6 mujeres filipinas mueren al día por complicaciones derivadas de abortos inseguros, según se calcula

Un trabajador del hospital sugirió que Anna requería atención psiquiátrica. “Le repetía que estuviera tranquila, que la ayuda llegaría pronto”, explica Rose.

En la tarde siguiente, un médico del hospital que finalmente aceptó el ingreso de Anna le explicó que ella se encontraba en estado crítico, con complicaciones derivadas de un aborto.

En el hospital, Anna recibió un mensaje del vendedor de Facebook, al que se le debía un segundo pago –el otro 50%– y quería una actualización. “Anna se enojó. Contestó: ¿debería pagarte? Yo también estoy al 50% aquí en el hospital”, recuerda Carla. El vendedor la bloqueó.

Pasó un mes y 15 días en el hospital. Mientras estuvo ahí, les dijo a sus familiares que no quería recibir tratamiento y que prefería morir. Su tía, que luchaba por conseguir fondos para cubrir los gastos del hospital, caminaba para visitarla porque no se podía permitir pagar el transporte público.

Anna se estabilizó y siguió con el tratamiento de diálisis durante meses en su casa, pero lo dejó antes de tiempo. Durante los siete meses siguientes empezó a empeorar progresivamente. Intentó reanudar el tratamiento, pero su familia no podía pagar los gastos, dijo su tía. Murió en julio de 2021.

Su tía todavía tiene que afrontar cuentas médicas de 90 libras.

En toda Filipinas, un gran número de mujeres se enfrentan a las mismas decisiones que Anna, sintiendo que no tienen más alternativa que arriesgar sus vidas en busca de interrupciones ilegales del embarazo. El último cálculo, realizado en 2008, sugería que hasta mil mujeres morían cada año por complicaciones relacionadas con abortos inseguros. Se teme que esta cifra haya aumentado a más de 2 mil –seis mujeres al día– debido al aumento del número de abortos y a las continuas restricciones que impiden el acceso a los servicios seguros.

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Madres con sus bebés recién nacidos en una sala de maternidad llena de pacientes en el hospital Fabella en Manila. Foto: Jay Directo/AFP/Getty Images

“Se sigue tratando de muertes evitables y de sufrimiento innecesario entre las mujeres”, señala Jacob.
Los activistas sospechan que la venta por internet de píldoras abortivas ha aumentado durante la pandemia. En los foros, las mujeres comparten consejos y opiniones, intentando orientar a otras hacia proveedores confiables. Los vendedores publican sus números telefónicos, junto con promesas de que sus servicios son legítimos y rápidos, o envían mensajes privados a las nuevas integrantes del grupo.

Existen historias desgarradoras de lo que puede salir mal. Las mujeres describen los medicamentos que simplemente no funcionaron o que fueron insoportablemente dolorosos.

Algunas mujeres recurren a los curanderos tradicionales de sus comunidades, quienes ofrecen enérgicos masajes para inducir el aborto. Se trata de un procedimiento doloroso y peligroso, explica la doctora Junice Melgar, cofundadora del Likhaan Centre for Women’s Health: “No se realiza una sola vez, tienes que hacerlo varias veces hasta que sangres”.

Las pacientes terminan con moretones negros y azules. Otras compran hierbas medicinales. A las afueras de la iglesia de Quiapo en Manila, los puestos ofrecen frascos etiquetados como Pampa Regla (para inducir la menstruación) al lado de mesas repletas de rosarios e iconos religiosos, una señal de cómo el aborto sigue siendo un secreto a voces en el país católico.

Los medicamentos para el aborto son más potentes y seguros, señala Melgar. Cuando hablas con un obstetra o un ginecólogo, (te dicen) que en realidad con el lanzamiento de las píldoras medicinales han notado menos abortos sépticos”, comenta.

Sin embargo, no existe ninguna forma de saber qué contienen las píldoras que son adquiridas por internet, e incluso menos recursos cuando las cosas salen mal. Prácticamente nunca se ha responsabilizado a aquellos que proporcionan tratamientos peligrosos o inútiles, ya que el temor al enjuiciamiento y el estigma disuaden a las mujeres de presentar una denuncia ante las autoridades o confiar en sus familiares.

En el pasado, era posible que algunos vendedores de la comunidad ayudaran a cuidar a las mujeres en caso de que se enfermaran, comenta April*, investigadora de Likhaan, amiga de la familia de Anna. Ahora, cuando algo sale mal, nadie sabe qué tomaron las mujeres ni quién se las vendió.

Algunos argumentan que las mentalidades están cambiando en Filipinas. Si bien las generaciones mayores siguen siendo conservadoras en sus opiniones, los más jóvenes quieren un cambio, explica Graciella Moises, una defensora de los derechos de la mujer de 20 años.

La mayoría de los padres se oponen firmemente al aborto. Solo ayudarían debido a la vergüenza que perciben por el hecho de que los niños nazcan fuera del matrimonio, o debido a una violación, señala Moisés. “El aborto, desde su punto de vista, es una solución a un escándalo. Sin embargo, los jóvenes son cada vez más conscientes de que el aborto es una forma de atención médica”.

El presidente entrante de Filipinas, Ferdinand Marcos, ha apoyado el aborto en casos de incesto y violación, describiéndolo como “la decisión de una mujer, porque es su cuerpo”. Los defensores del aborto reaccionan con cautela a estos comentarios. Son conscientes de que cualquier cambio legal se enfrentaría a la oposición por parte de la Iglesia católica.

A Jacob le preocupan también las repercusiones ahora que la Corte Suprema de Estados Unidos anuló el caso Roe contra Wade, revirtiendo décadas de acceso a abortos seguros para millones de mujeres en todo Estados Unidos. “Si esto ocurre en Estados Unidos, y (los activistas contra el aborto) ven que esto es posible –que se puede anular un derecho establecido–, esto solo podría animarlos y alentarlos a que también hagan lo mismo en otros países”.

Mientras tanto, la pérdida de mujeres como Anna destroza a las familias de todo el país. Carla comenta que era una joven divertida y de mentalidad fuerte que soñaba con ser abogada, motivada por la experiencia de sus padres en el sistema de justicia penal.

Su madre pudo ver su funeral por video desde la cárcel. A su padre no le permitieron despedirse de su hija.

Los *nombres fueron cambiados para proteger las identidades.

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