La ansiosa espera de las vacunas contra la viruela del mono
Callum Bowyer recibe la vacuna... 'Llevo semanas intentando conseguir la vacuna'. Foto: Anna Gordon/The Guardian

En una sala de espera del Mortimer Market Centre, una clínica de salud sexual ubicada en el centro de Londres, un flujo lento pero constante de hombres que tienen relaciones sexuales con hombres (HSH) llega para recibir su primera dosis contra la viruela del mono. Es una tarde sofocante y todas las citas disponibles están llenas, como lo han estado desde que se empezaron a administrar las vacunas en este lugar a principios de julio.

Pocos tienen información sobre el virus de la viruela del mono o sobre la forma en que funciona la vacuna. Sin embargo, todos los que están en la clínica son muy conscientes de la manera en que esta enfermedad desagradable y potencialmente muy dolorosa ha estado afectando a los hombres homosexuales y bisexuales: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ellos representan el 98% de los casos de este brote. Los 2 mil 500 hombres que hasta ahora han pasado por estas puertas tienen cierta protección, aunque no se sabe a qué grado –y por cuánto tiempo–. En casos muy raros, la enfermedad puede ser mortal.

“Llevo semanas intentando vacunarme”, comenta Callum Bowyer, de 20 años, después de que una enfermera le administrara una dosis en la parte superior del brazo izquierdo. “Tengo algunos amigos que tienen viruela del mono y suena verdaderamente horrible, con un aislamiento de hasta cuatro semanas.

Yo no quiero eso. Pero encontrar cómo protegerme ha sido casi imposible”. El estudiante que vive en Guildford, y que actualmente está de regreso en su casa familiar de Oxfordshire para pasar el verano, no pudo encontrar ninguna clínica en ninguna de las dos zonas que le pudiera ofrecer la vacuna, ni ninguna sugerencia de dónde podría conseguirla.

“Incluso tuve un susto con la viruela del mono”, explica. Fue justo después de las celebraciones del Orgullo en Londres a principios de julio. “Cuando me salieron algunas manchas en el cuerpo después, me dijeron que viajara a Soho desde Guildford para hacerme una prueba, así que tuve que sentarme en un tren muy concurrido con un virus potencialmente contagioso”. Finalmente, Bowyer obtuvo un resultado negativo. Pero incluso después de esta situación, resultó imposible encontrar una vacuna. Solo después de que un amigo le avisara, logró conseguir la cita de hoy. Otras personas con las que he hablado describen problemas parecidos: llamadas sin responder, trabajadores del Servicio Nacional de Salud que se disculpan diciendo que simplemente no tienen suministros para ofrecer.

A pesar de pertenecer a un grupo de alto riesgo, Ron Lithgo, de 63 años, tampoco tuvo mucha suerte con las clínicas del este de Londres, donde vive. Solo gracias a una remisión de un club de cruceros consiguió una cita aquí. “Puedes averiguar con mucha facilidad si eres elegible”, explica, mientras lo llaman por su nombre, “pero nadie tiene ni idea de dónde conseguirla”.

A las cuatro de la tarde, la sala de espera ya está vacía. Una vez terminadas las citas por un día más, Kim Lombardi, jefa clínica del equipo de vacunación del Central and North West London NHS foundation trust, explica cuán alta ha sido la demanda. “Por el momento”, explica, “estamos atendiendo a hasta 200 personas al día. Pero podríamos atender a muchas más si tuviéramos suministros”.

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Kim Lombardi, jefa clínica del equipo de vacunación del centro y noroeste de Londres. Foto: Anna Gordon/The Guardian

En cierta manera, el personal comenta que las últimas semanas en la clínica han hecho recordar los años 90. “En las tardes, cuando estamos aplicando la vacuna, se siente un poco como un club”, dice Lombardi. “Muchos pacientes se conocen entre sí, y ponemos música; muchos de los empleados de mayor edad dicen que se siente como en los viejos tiempos”. Sin embargo, también se perciben ecos más incómodos de la epidemia de VIH y SIDA. “Algunos de los más jóvenes han estado muy ansiosos”, añade Lombardi. “Heredaron esta historia que es alarmante para ellos: algo que va por ahí y de lo que nadie tiene mucho conocimiento, que se transmite por vía sexual. Es aterrador para ellos”.

Lombardi ha trabajado de forma intermitente en los servicios de salud sexual desde 2009, y durante ese tiempo nunca vio tanta demanda de citas. Cuando se creó el centro de vacunación, contactaron a los pacientes habituales que eran elegibles para la vacuna (aquellos que tomaban medicamentos de profilaxis previa a la exposición (PrEP); los pacientes seropositivos; aquellos que recientemente habían tenido una ETS; los hombres que tenían varias parejas, que participaban en relaciones sexuales en grupo o que frecuentaban locales de “sexo en el lugar”). “La respuesta ha sido masiva”, señala Lombardi. “En cuanto publicamos las citas en línea, las reservan“. En pocos minutos, explica, se habrán llenado 100 citas. “Es evidente que las personas están esperando”.

Aunque todavía continúan las citas programadas, con la escasez actual de vacunas, la clínica no puede ofrecer nuevas citas. A partir de esta semana, el racionamiento nacional implica que también se dejarán de aplicar las vacunas de forma rutinaria a las personas después de una exposición confirmada a la viruela del mono por contacto sexual. “Cuando les decimos a algunos pacientes que no hay citas, se muestran comprensivos“, comenta. “Otros se enojan mucho, y entiendes por qué. Muchas personas se presentan como pertenecientes al grupo de alto riesgo. Cualesquiera que sean las cifras iniciales previstas a nivel central, parece una subestimación importante”.

Identificada por primera vez en humanos en la República Democrática del Congo hace 50 años, la viruela del mono es un virus relativamente conocido. “Se observa con mayor frecuencia en África occidental y central“, explica John McSorley, médico especialista en salud sexual y VIH, y expresidente de la Asociación Británica para la Salud Sexual y el VIH. “Su circulación en Europa y otros continentes fuera de África –y este brote en expansión– es un comportamiento inusual”.

Al parecer, el virus ha sido capaz de aprovecharse de las estrechas redes y contactos de los HSH. “En efecto”, señala McSorley, “se trata de un virus que se transmite a través del contacto estrecho de piel con piel. Así que no resulta obligatorio que se transmita a través del contacto sexual”.

La viruela del mono normalmente aparece con síntomas, y en la gran mayoría, señala McSorley, estos se encuentran en el extremo “más leve” del espectro. “Estos síntomas menos graves incluyen erupciones o manchas que pueden durar entre siete y diez días, y que se curan con una mejoría casi completa. En el extremo contrario del espectro, en Europa entre el 5 y el 10% de las personas han padecido complicaciones relativamente graves que con frecuencia han requerido hospitalización, e incluyen múltiples lesiones en zonas críticas del cuerpo como en y alrededor de la boca, el cuello y la zona genital o el trasero, que causan dificultad o dolor al comer o excretar”.

En la mayoría de los casos, la infección desaparecerá en 21 días. Pero para algunos, existen complicaciones a más largo plazo. “Y en África”, añade McSorley, “se ha comprobado que este virus puede provocar muertes, generalmente con mayor frecuencia cuando afecta a niños y bebés, a mujeres embarazadas o a personas que tienen importantes problemas de salud subyacentes.” En 2022, el Centro Africano de Control de Enfermedades cree que se han registrado 75 muertes en todo el continente.
“Este brote fuera de África suele propagarse principalmente en hombres que tienen relaciones sexuales con hombres de entre 16 y 65 años, por lo demás con un estado de salud relativamente bueno o con acceso a una buena atención médica”, continúa McSorley. “El nivel de mortalidad ha sido menor que nuestras preocupaciones iniciales, pero aún está presente: por ejemplo, dos hombres de 30 años en España que no padecían ninguna condición de salud subyacente murieron hace poco”.

Los argumentos a favor de la vacunación masiva de las personas de mayor riesgo son muy claros. A diferencia del Covid-19, en el que las mutaciones permiten la reiteración de los contagios, todos los indicios sugieren que este no será el caso de la viruela del mono. “Dada la familia de virus de la que procede, no debería ocurrir”, comenta McSorely. Y la campaña de vacunación está dando resultados. Las últimas cifras muestran que el brote está disminuyendo, por el momento, con 3 mil 195 casos en todo el Reino Unido: en promedio se confirman 20 casos al día, en comparación con los 52 de la última semana de junio.

“Se podría detener este brote sustituyendo la inmunidad por la exposición natural mediante la vacunación”, señala McSorley. “Y, sin embargo, estamos a punto de quedarnos sin dosis”.

Tanto él como otros profesionales a los que consulto creen que el gobierno podría hacer algo más.

“Tienen la facultad de autorizar que todo se agilice, o de aumentar el gasto”, dice McSorley. “No tenemos conocimiento de que se haya producido alguna variación en el presupuesto: por lo que sabemos, todas las medidas se han tenido que aplicar con los recursos existentes”. Un vocero del Departamento de Salud y Asistencia Social remitió a The Guardian al financiamiento existente: “Estamos permitiendo que las autoridades locales inviertan en servicios esenciales de salud sexual de primera línea proporcionando más de 3 mil 400 millones de libras a través de la subvención de salud pública”.

Según la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA), hasta el 17 de agosto, casi 30 mil HSH habían recibido la primera dosis contra la viruela del mono. Si todo marcha según lo previsto, deberían recibir una segunda dosis, aunque todavía se desconoce cuándo será posible. Se les está aplicando la vacuna vaccinia Ankara modificada (MVA), que también se utiliza para proteger contra la viruela. No obstante, aún queda un largo camino por recorrer. El gobierno del Reino Unido pidió en un principio 50 mil dosis (el máximo, indica, que estaba inmediatamente disponible), y se espera que lleguen otras 100 mil a finales de septiembre. Esto sería suficiente para tratar a 75 mil personas. De acuerdo con una coalición de expertos en salud sexual, que incluye representantes de la Asociación Británica para la Salud Sexual y el VIH, el National Aids Trust, el Terrence Higgins Trust y la Association of Directors of Public Health, estas cifras deberían ser significativamente mayores: calculó que al menos 125 mil o 130 mil hombres necesitarían la vacuna.

Los problemas de suministro a nivel mundial constituyen un problema importante: solo existe un único proveedor de la vacuna en todo el mundo (Bavarian Nordic), y una parte de su línea de producción está cerrada debido a una remodelación. Hace poco, la empresa declaró que ya no tenía la certeza de poder satisfacer la demanda por sí sola a medida que aumentaba el número de casos, aunque está analizando si las dosis que han caducado podrían ayudar a cubrir la diferencia.

Sin embargo, muchos funcionarios de salud pública británicos, profesionales y activistas creen que se han cometido errores a nivel nacional. Como dijo un alto funcionario de salud pública, hablando bajo la condición de anonimato: “La situación mundial simplemente no explica ni excusa la respuesta inicial inadecuada y caótica y el despliegue que observamos por parte del gobierno central y las agencias nacionales”.

“No creo que la UKHSA o el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra se preocuparan mucho por el brote al principio”, añade el funcionario. “Seguían peleando entre ellos en lugar de trabajar conjuntamente. Las personas de varias agencias nos dijeron literalmente a mí y a los colegas: ‘Si esto termina siendo endémico en los hombres homosexuales, entonces que así sea'”.

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Un hombre sostiene un cartel en el que pide un mayor acceso a la vacuna contra la viruela del mono durante una protesta en San Francisco. Foto: Haven Daley/AP

Esto se refleja, sostiene el funcionario, en la respuesta con respecto a la vacuna: “Ya podría haber más vacunas aquí si el gobierno hubiera actuado con mayor rapidez”.

El Dr. Andrew Lee, director de incidentes de viruela del mono de la UKHSA, rechaza los comentarios de que la agencia tardó en atajar el brote. “Actuamos de forma inmediata para hacer frente a la propagación del virus de la viruela del mono”, señala Lee, “y hemos trabajado continuamente con un conjunto de partes interesadas para investigar el brote, alertar a la población sobre los síntomas y apoyar a los afectados”.

En la tarde del 22 de agosto, la UKHSA anunció un ensayo de dosis fraccionada en un número limitado de centros de vacunación. Los ensayos sugieren que la administración de una quinta parte de la cantidad actual de la vacuna a un paciente puede producir los mismos resultados que la dosis estándar. Si se implementa, el acceso a la vacuna aumentará rápidamente. Además, Jim McManus, presidente de la Association of Directors of Public Health y director de salud pública del ayuntamiento del condado de Hertfordshire, cree que se han registrado avances.

“Es sumamente alentador que ahora exista un claro consenso entre las organizaciones de todos los niveles respecto a nuestro objetivo de acabar con el brote en el Reino Unido y evitar que se convierta en una enfermedad endémica”, comenta McManus. “Pero aún queda mucho por hacer. No contamos con un paquete de apoyo acordado por el gobierno para los hombres con viruela del mono que tienen que aislarse, y seguimos sin estar cerca del financiamiento del gobierno nacional para la presión extrema, sin precedentes y única, a la que se encuentran sometidos los servicios de salud sexual”.

Las consecuencias de estos errores podrían ser graves: si la viruela del mono se sigue propagando a medida que se agotan los suministros de vacunas, existe el riesgo real de que se convierta en una enfermedad endémica. “Eso empeorará de forma significativa las desigualdades en materia de salud para los hombres homosexuales y bisexuales“, explica McManus, “y será muy difícil de erradicar cuando se propague por toda la comunidad, cuyo costo será cientos de veces mayor que el de vacunar a todos y erradicarla”.

Los hombres homosexuales y bisexuales son grandes defensores de su propia salud. Tras décadas en las que el gobierno central y las agencias sanitarias nacionales los han defraudado, esto ha demostrado ser una necesidad. Pero, aunque han cambiado muchas cosas desde la respuesta abiertamente homofóbica de los años 80 y 90 al VIH y al SIDA, muchos siguen creyendo que el gobierno no se preocupa lo suficiente por la salud sexual de los HSH.

Greg Owen, un activista por la salud sexual y la lucha contra el VIH que actualmente trabaja con el Terrence Higgins Trust, fue una figura clave en la lucha para que la PrEP estuviera disponible en el Servicio Nacional de Salud, un medicamento que –si se toma de forma correcta– casi erradica el riesgo de contraer VIH por vía sexual. En julio de 2012, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos anunció que autorizaba el uso de la PrEP como medicamento para este fin. Tuvieron que pasar casi ocho años –y una incansable labor de campaña– para que el tratamiento estuviera disponible de forma sistemática en el Reino Unido, tiempo durante el cual se les diagnosticó VIH a más de 30 mil hombres.

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Ron Lithgow recibe la vacuna contra la viruela del mono en el Mortimer Market Centre, en el norte de Londres. Foto: Anna Gordon/The Guardian

“Muchos hombres homosexuales y bisexuales realmente no confían en que el Estado vele por su salud sexual”, comenta Owen. “Y sinceramente, no los culpo”.

Día y noche, Owen se ve sobrepasado por las peticiones de ayuda de aquellos que experimentan síntomas y de otros que buscan desesperadamente orientación sobre dónde encontrar una vacuna. Para muchos, explica, este periodo ha resultado increíblemente traumático.

“Naturalmente, existe un vestigio del VIH y el SIDA”, comenta. “Sé que hay personas mayores que yo que se asustan al ver que jóvenes homosexuales y bisexuales, por lo demás sanos, acuden con lesiones en toda la cara. Eso constituye un gran desencadenante para las personas que vivieron esa epidemia”. Aunque desde el punto de vista médico existen pocas comparaciones entre el VIH/SIDA y la viruela del mono, la falta de acción –argumenta Owen– resulta alarmantemente familiar.

“Se trata de una comunidad oprimida, excluida y atacada debido a con quién tiene relaciones sexuales”, señala Owen. “¿Qué le indica a esa nueva generación que en 2022 ni siquiera se haya destinado dinero adicional para administrar la vacuna o llevar a cabo una campaña nacional de información adecuada? Actualmente, algunas personas ni siquiera conocen el riesgo, y quienes sí lo conocen, pero no logran vacunarse, tienen que ponerse en riesgo o abstenerse de tener relaciones sexuales de forma indefinida. Es indignante”.

Esta es precisamente la situación a la que se enfrenta Ryan Coleflex, de 29 años. Radicado en Sheffield, y elegible para vacunarse, no ha recibido ninguna orientación sobre cuándo podría recibir la vacuna. “Cada vez más”, comenta Coleflex, “veo a compañeros que publican en las redes sociales cómo los afecta, muchas veces con fotos gráficas para destacar su lucha, lo cual es desgarrador y aterrador. Y, sin embargo, lo único que puedo hacer es sentarme y esperar”.

Los médicos indican que la inmediatez del brote de viruela del mono con respecto al Covid-19 ha supuesto ciertas ventajas. La disposición predominante de la población a acudir a vacunarse –y a aislarse cuando es necesario– resulta más normal ahora, dos años y medio después de la pandemia. Para Owen, resulta difícil, por lo tanto, no comparar los dos programas de vacunación.

“Vimos lo que ocurrió con el Covid-19”, comenta. “Se destinaron todos los recursos posibles para garantizar que la vacuna estuviera disponible para aquellos que la necesitaban. Se le pidió a la gente que cambiara su conducta, con la promesa de que se les llamaría lo antes posible. Con esto, no estamos esperando que se lleven a cabo ensayos clínicos, ni que haya avances en la ciencia”. Existe una vacuna, dice Owen; sabemos que funciona. “Sin embargo, ninguna agencia ni ningún político se compromete a facilitar el acceso de todos aquellos que quieran vacunarse, cuando el suministro esté disponible. En lugar de eso, una vez más se pone en riesgo a esta comunidad. Da la impresión de que no hay urgencia.

No creo que se trate de una homofobia abierta. No es lo mismo que ocurrió con el VIH y el SIDA. Pero la falta de acción, la falta de respuesta, parece demasiado similar”.

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