‘Me sentí aterrorizado’: los aficionados cuentan cómo se desarrolló la catástrofe del estadio en Indonesia
Los testigos describieron cómo la policía disparó gases lacrimógenos contra algunas gradas, lo que provocó una carrera de pánico hacia la salida. Foto: AFP/Getty Images

Justo después de que terminara el partido entre los equipos Arema FC y Persebaya Surabaya en el estadio Kanjuruhan en Malang, en la provincia de Java Oriental, Indonesia, en la noche del sábado, un grupo de tres aficionados del Arema bajó de las gradas para intentar reunirse con los jugadores de su equipo en el campo, recordó un espectador que estaba viendo el partido desde la tribuna sur.

Había sido un partido decepcionante para los locales: perdieron 3-2 contra el Persebaya Surabaya, un equipo con el que compartían una rivalidad tan intensa que sus seguidores tienen prohibida la entrada a la cancha del Arema. Fue su primera derrota contra el Persebaya después de 23 años de partidos invictos en casa.

Los aficionados locales quizás iban a utilizar su decepción por el desempeño de su equipo como excusa para exigir selfies, añadió Prayogi, de 29 años, propietario de una tienda de ropa de futbol, que pidió que no se diera su nombre completo. En ese momento, la situación aún era tranquila, explicó.

“No había ninguna disposición a atacar a los jugadores del Persebaya”, añadió. “Su capitán incluso tuvo tiempo para orar y dar gracias a Dios por su victoria en medio del campo”, explicó.

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Los aficionados corrieron hacia la cancha en el estadio en Indonesia, después de que su equipo perdiera contra un equipo rival por primera vez en casa en 23 años. Foto: Yudha Prabowo/AP

No obstante, la situación se agravó. El pequeño grupo de aficionados que bajó pareció provocar que más seguidores dejaran las gradas. Al poco tiempo, decenas, cientos e incluso miles de personas se amontonaron en la cancha.

La secuencia exacta de los hechos no es clara, sin embargo, las imágenes de las redes sociales muestran a la policía usando macanas para dispersar a la multitud, pateando a los aficionados y disparando gases lacrimógenos.

El gas lacrimógeno –que no debería ser disparado en los estadios, según las normas de la FIFA– se utilizó sin advertencia alguna, comentaron tres aficionados que hablaron con The Guardian, entre ellos Prayogi.

El jefe de la policía regional de la provincia de Java Oriental, el inspector general Nico Afinta, indicó que el uso de gases lacrimógenos se realizó conforme al procedimiento policial. Se disparó debido a que los aficionados habían actuado de forma anárquica y habían entrado a la cancha, señaló.

“Si los aficionados hubieran obedecido las normas, este incidente no habría ocurrido”, dijo Afinta.

Zhafran Nashir, de 17 años, un estudiante que había estado viendo el partido con su hermano desde la tribuna este, comentó que el uso del gas causó pánico. Observó que dispararon cinco veces gases lacrimógenos contra la gente que esperaba en la tribuna sur.

“Creo que era innecesario porque los disturbios se produjeron justo en la cancha”, dijo. “Algunas personas en la cancha habían intentado entrar a los vestidores de los jugadores, pero la gente en las gradas solo estaba viendo. Cuando dispararon los gases lacrimógenos, todos los que estaban en las gradas se apresuraron a salir. La gente era pisoteada, explicó. También dispararon contra su tribuna. Cuando intentó escapar, vio a dos niños que habían perdido a sus padres en el caos.

Prayogi, quien estaba viendo el partido cerca de la puerta 13 con su esposa y sus amigos, decidió quedarse hasta que se calmara la situación. “Aguanté en las gradas incluso cuando el gas asfixiaba mi garganta”, comentó. “En mis 20 años como (aficionado de Arema), nunca me he sentido tan aterrorizado como aquella noche”.

Los aficionados quedaron atrapados en una estampida mortal en la salida cercana. “La puerta que conducía a la puerta de salida tenía solo dos o tres metros de ancho”, explicó Prayogi, y añadió que cree que estaba cerrada con llave. The Guardian no ha podido confirmar este dato. “Los aficionados se vieron obligados a derribarla para poder salir de la cancha. Creo que muchas personas quedaron atrapadas en esos pasillos, tan apretadas como para que muchas de ellas se rompieran los huesos o cayeran inconscientes después de quedarse sin aliento”.

Las autoridades indicaron que 125 personas murieron en la catástrofe y 320 resultaron heridas.

Rahmat, de 23 años, había estado observando desde la zona norte, junto con siete de sus amigos. Su tribuna también fue blanco de los gases lacrimógenos; sus ojos lloraron y sintió que le faltaba el aire. “La policía no nos avisó antes de disparar el gas lacrimógeno. Así que cuando se produjo la aglomeración, estaba llena de gente con pánico y asfixia, con sus ojos ardiendo”, explicó.

“El sonido de los disparos era muy ensordecedor. Cuando vi por primera vez la turba y el caos a mi alrededor, pensé que mi vida terminaría esta noche, que seguramente moriría aquí”.

Rahmat hizo eco de los informes de que se había sobrepasado el aforo del estadio en Indonesia. “Algunos de los aficionados ni siquiera consiguieron un asiento”, dijo.

Rahmat esperó entre 30 minutos y una hora antes de intentar salir, momento en el que la situación se había calmado dentro del estadio, pero el caos se había extendido a las calles.

“Lo primero que vi después de salir del estadio fue gente tirada en el piso. Pensé que solo estaban borrachos o inconscientes. Pero cuando llegué a casa, me di cuenta de que lo que vi en ese momento eran cadáveres”, contó Rahmet. Vio dos vehículos de la policía que fueron incendiados, y otros dos autos que los aficionados habían destrozado. Cerca de la salida, un fuego voraz se elevaba hacia el cielo.

Un agente que trabaja para el Persebaya, y que primero ayudó a evacuar a los jugadores y al personal directivo, comentó que posteriormente los aficionados del Arema apedrearon e incendiaron su vehículo cuando intentó salir del estadio en Indonesia.

“Mi cara estaba llena de moretones, y apenas nos salvamos de que nos quemaran vivos esa noche”, dijo Defri Hariyanto, de 30 años. En tan solo 20 minutos, una muchedumbre enojada prendió fuego a la camioneta de la policía en la que viajaba. Pensé que iba a morir”.

Estaba demasiado traumatizado para hablar extensamente sobre su experiencia en el estadio en Indonesia, comentó.

Todos los entrevistados dijeron que nunca habían presenciado una violencia tan brutal.

“Nunca podré olvidar lo que pasó anoche”, comentó Prayogi. “La parte más dolorosa y aterradora de todo esto fue abrir una bolsa de cadáveres a la vez para ver si podía reconocer a algún amigo o familiar”.

Prayogi añadió: “Anoche, parecía que una vida humana no tenía valor”.