¿Cómo se reparte el pastel de la quiebra de las criptomonedas de mil millones de dólares?
'Fracaso total de los controles corporativos'... colapso del intercambio de criptomonedas FTX. Foto: Stefani Reynolds/AFP/Getty Images

Si le debes al banco mil dólares y no puedes pagarlos, tienes problemas. Si le debes al banco mil millones y no puedes pagarlos, el banco tiene problemas. Si el banco te debe mil millones y no puede pagarlos, el sistema está en problemas.

Cuando el intercambio de criptomonedas FTX se declaró en quiebra la semana pasada, en realidad no sabía cuánto le debía a los clientes, dijo el nuevo director ejecutivo de la empresa, John Ray III, en un documento. “Nunca en mi carrera he visto un fallo tan absoluto de los controles corporativos y una ausencia tan completa de información financiera fidedigna como ocurrió en este caso”, escribió Ray. Se trata de una declaración de peso, considerando que trabajó en la quiebra de Enron, el ejemplo más notorio de fraude empresarial en la historia reciente de Estados Unidos.

Se espera que FTX, escribió Ray, tenga “pasivos significativos derivados de los criptoactivos depositados por los clientes … No obstante, dichos pasivos no están reflejados en los estados financieros preparados … bajo el control del Sr. Bankman-Fried”. Existe una vaga justificación para esta cuestión: FTX, en sus condiciones de servicio, insistió en que los criptoactivos depositados en la plataforma seguían siendo propiedad de sus clientes. Si no es de tu propiedad, no debería estar registrado en tu hoja de balance, ¿verdad?

Panoramas de la Corporación Federal de Garantía de Depósitos

Lamentablemente, la naturaleza de una quiebra es que tienes muchas personas que esperan que les des cosas –principalmente dinero, pero en ocasiones otras cosas con nombres como “bitcoin”, “ethereum” o “una mansión de 40 millones de dólares en las Bahamas”– y no hay suficientes cosas para darle a todos lo que quieren. Un documento de términos de servicio que indique que no eres dueño de los activos que algunas de esas personas han depositado en tu intercambio de criptomonedas offshore podría ayudarles a recuperar sus bienes. Pero otras personas tendrán documentos que los llaman algo así como “acreedores principales”, que también creen que les ayudarán a recuperar sus bienes. Y cada uno de esos grupos piensa que si no hay suficientes bienes para todos, deberían recuperar todos sus bienes primero. El trabajo de un tribunal de quiebras es, en parte, intentar desentrañar esas demandas y decidir quién recupera todos sus bienes, quién recupera parte de sus bienes y quién no recupera nada.

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El penthouse de Sam Bankman-Fried, valorado en 40 millones de dólares, parece estar a la venta. Foto: Twitter/FTX/Reuters

Tratándose de FTX, las cosas no pueden ser tan sencillas. En Delaware, donde FTX presentó su declaración de quiebra, normalmente se espera que las empresas presenten su lista de 20 principales acreedores. Pero FTX –o, mejor dicho, FTX Group, un entramado poco conectado compuesto por más de 100 empresas unidas por Sam Bankman-Fried– obtuvo permiso para combinar todas sus quiebras en un solo caso y a todos sus acreedores en un documento de 50 contrapartes. De manera fastidiosa para nosotros, también obtuvo autorización para mantener a esos acreedores en secreto.

Sin embargo, ahora sabemos que las 50 mayores demandas no garantizadas presentadas contra FTX ascienden a la impresionante cifra de 3 mil 100 millones de dólares (sin incluir a las personas con información privilegiada a las que quizás también se les deba dinero y que reciben un trato diferente). Todos estos 50 acreedores eran clientes de la empresa, y al mayor se le deben 226 millones 280 mil 579 dólares y al menor solamente 21 millones 344 mil 561 dólares. Habrá muchos otros a los que FTX les debe millones o decenas de millones de dólares que no entraron en la lista de los 50 principales. En las versiones de Bankman-Fried sobre la hoja de balance de la empresa, preparadas hace dos semanas para intentar conseguir financiamiento para salvar la empresa, calculó que el pasivo total de la empresa era de aproximadamente 8 mil millones de dólares.

Desafortunadamente, el documento que esos clientes tienen en el que se promete que ninguna de sus criptomonedas es “propiedad de, o debe o puede ser prestada a, FTX Trading” es poco probable que ayude. FTX no es un banco, y las personas que depositan en él no son una clase especial de acreedores: son simplemente, como sugieren los documentos de la quiebra, acreedores no garantizados. Todavía peor, otro documento del asesor financiero de la empresa sugiere que alguien está aceptando una cantidad menor. En todo el grupo, las reservas de efectivo suman apenas mil 200 millones de dólares.

Las criptomonedas y el valor de las acciones, así como cosas como 121 millones de dólares de propiedades en las Bahamas, aumentarán un poco esa cifra, no obstante, es un gran vacío que hay que llenar.

De hecho, FTX se basó en gran medida en el hecho de que no era un banco para realizar numerosas cosas que un banco regulado no tendría permitido realizar: cosas como imprimir un token, FTT, que supuestamente representaba el derecho a una parte de las ganancias de la empresa, y después transferir ese token a su empresa hermana Alameda para utilizarlo como garantía adicional en préstamos y transacciones comerciales.

Una de las primeras señales de que las cosas no estaban del todo bien en FTX se produjo el pasado mes de agosto, cuando la filial estadounidense regulada de la empresa recibió una carta de advertencia de la CFGD (Corporación Federal de Garantía de Depósitos), la agencia federal estadounidense encargada de proteger los depósitos de los usuarios en los bancos. La agencia amonestó a FTX.US por un tuit que escribió su entonces presidente, Brett Harrison, en el que daba a entender que el intercambio se beneficiaba de dicha protección.

Desde el colapso del intercambio, sobre el que escribí en el boletín de la semana pasada, existe un renovado interés en el sector de las criptomonedas por encontrar una forma de ofrecer un seguro de depósito a los clientes. Changpeng Zhao, fundador de Binance, aportó mil millones de dólares a SAFU, el “Fondo de Activos Seguros para Usuarios”, creado en 2018 en un esfuerzo para proporcionar cierta tranquilidad a los inversionistas minoristas. Desde entonces, también propuso “un fondo de recuperación de la industria, para ayudar a los proyectos que, por lo demás, son fuertes, pero se encuentran en una crisis de liquidez”, el equivalente de un prestamista de última instancia, la Reserva Federal a la CFGD (Corporación Federal de Garantía de Depósitos) del fondo de activos.

Las propuestas podrían ayudar la próxima vez que se produzca una crisis en el sector. No obstante, mil millones de dólares ni siquiera alcanzarían para cubrir los bordes del agujero negro de las finanzas de FTX; el fondo tendrá que hacerse mucho más grande si quiere hacer algo más que evidenciar el abismo existente entre las ambiciones de las criptomonedas y sus logros.

Vox populi

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La oficina de Twitter en Dublín. Foto: Charles McQuillan/Getty Images

Es, a estas alturas, una pregunta abierta sobre quién ha destruido más valor en los últimos 30 días: Sam Bankman-Fried o Elon Musk. El imperio de FTX valía 32 mil millones de dólares en su apogeo; Twitter valía 44 mil millones de dólares cuando Elon Musk la compró. Es probable que Twitter no valga 0 dólares en estos momentos, pero definitivamente no se encuentra en buena forma.

Musk despidió a miles de miembros del personal en su primer fin de semana como jefe, y cientos más renunciaron de forma voluntaria durante la semana siguiente, mientras que los contratistas también fueron despedidos sin previo aviso. En el segundo fin de semana, decidió enviar una prueba de lealtad optativa a su personal, obligándolos a aceptar trabajar con él en “modo extremo” o dejar la empresa, y después, cuando demasiados de ellos optaron por esta última opción, se apresuró a buscar empleados para reasignarlos dentro de la empresa que pudieran ser puestos a cargo de la infraestructura crítica después de que equipos enteros renunciaran en el acto.

En el proceso, Musk pareció olvidar que Twitter es una empresa global, con empleados repartidos por todo el mundo. En países como Gran Bretaña, Alemania e Irlanda no es legal, de hecho, que un empleador despida al personal, a su antojo o capricho, sin razón ni previo aviso. Pero Twitter lo está intentando de todos modos.

La empresa ya recibió una carta del secretario de Economía, Grant Shapps, “recordándole” la legislación británica relativa a los despidos. No obstante, durante el fin de semana, una vez transcurrido el plazo previsto en el compromiso de lealtad de Musk, los empleados de Twitter de toda Europa comenzaron a quedarse sin acceso a los sistemas internos, a pesar de que supuestamente no habían recibido ningún aviso previo, ni se les había comunicado la causa del despido, ni se les había dado la oportunidad de hablar con la empresa sobre sus opciones.

Los empleados de Alemania crearon un comité de empresa y están demandando; los del Reino Unido contactaron al sindicato Prospect para que los reconociera. Elon Musk se ha salido con la suya en muchas ocasiones, pero no parece que los tribunales vayan a dejar de lado este asunto. Puede que “solo” sea un error muy caro, una vez que se paguen las indemnizaciones a todos los exempleados, pero sería el último de un mes de errores muy caros para el multimillonario.

Y todo el tiempo, rondando sobre la cabeza de Musk, se encuentra la exigencia de que Twitter pague alrededor de mil millones de dólares de intereses a los bancos que ayudaron a financiar la compra de la empresa. Incluso antes de que ahuyentara a los anunciantes, eso supone solo un poco menos que la ganancia total que obtuvo la empresa en 2018, uno de los dos únicos años en los que obtuvo ganancias.

Ahora, aparece la bomba de tiempo que se esconde bajo toda la adquisición. Qué tendrá más valor a finales de año: ¿La participación de Musk en Twitter o una lechuga?

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