¿Hablar con los animales? Un estudio revela que los humanos tienen cierta comprensión de los sonidos de las criaturas
El estudio se centró en seis especies, incluidas las cabras. Foto: Anadolu Agency/Getty Images

Puede que no sea comunicación animal estilo Dr. Dolittle, pero los investigadores han descubierto que los humanos son capaces de llegar a comprender los sentimientos de criaturas como cerdos, caballos y cabras a partir de sus vocalizaciones.

El equipo explica que los hallazgos sugieren que cierta información contenida en los sonidos, como el grado de intensidad de las emociones de un animal, parece ser transmitida de forma similar en todas las especies.
“(Las personas) probablemente basan sus decisiones en su conocimiento de cómo suenan los humanos cuando están más o menos excitados… porque la excitación, que está vinculada a las vías del estrés, es un sistema que está bien conservado en todos los vertebrados”, señaló la doctora Elodie Briefer, coautora de la investigación de la Universidad de Copenhague.

También analizaron si las personas podían determinar si un animal estaba expresando una emoción positiva o negativa.
“No podemos basarnos realmente en lo que sabemos de los humanos porque varía mucho de una especie a otra, existen muchas diferencias en la forma en que las especies expresan las emociones, incluso entre especies estrechamente emparentadas”, señaló Briefer.

En un artículo publicado en la revista Royal Society Open Science, Briefer y sus colegas describen cómo grabaron las vocalizaciones de seis especies animales: caballos, cerdos, cabras, reses, caballos de Przewalski (caballos salvajes) y jabalíes. El equipo observó si el sonido era emitido cuando el animal estaba excitado –determinado por una alta frecuencia cardiaca o movimientos– y si el sonido era emitido en un contexto positivo, por ejemplo, al anticipar comida, o negativo, por ejemplo, al estar aislado.

En el caso de los humanos, el equipo utilizó grabaciones existentes de fragmentos de discursos sin sentido pronunciados con enojo o con miedo para representar una mayor y menor intensidad emocional –o excitación– respectivamente, y de forma airada o alegre para sugerir un contexto negativo o positivo.

Posteriormente, los investigadores pidieron a mil 24 participantes de 48 países que escucharan cada uno en internet pares de esos sonidos.

Los participantes escucharon cuatro pares de vocalizaciones de cada especie. En el caso de dos pares, se les pidió que calificaran la intensidad emocional del sonido como alta o baja, mientras que en los otros dos pares se les pidió que calificaran la emoción como positiva o negativa.

Los resultados revelan que, en general, los participantes calificaron correctamente la intensidad emocional del sujeto de estudio el 54.1% de las veces y el tipo de emoción el 55.3%.

No obstante, cuando el equipo analizó los datos con mayor detenimiento, descubrió que los participantes solo obtuvieron mejores resultados que la casualidad en ambas métricas cuando evaluaron las vocalizaciones de cerdos, caballos, cabras, humanos y –solo en lo referente al tipo de emoción– jabalíes.


“En general, las personas son mejores reconociendo a las especies domésticas que a las salvajes”, señaló Briefer.
El nivel de excitación de cerdos y caballos fue calificado de forma correcta el 59% y el 58% de las veces, respectivamente, en comparación con el 55% en el caso de los humanos, mientras que su tipo de emoción fue calificado de forma correcta el 58% y el 64% de las veces, respectivamente, en comparación con el 68% en el caso de los humanos.

“Estamos bastante seguros de que cuando el resultado es superior a la casualidad definitivamente es superior a la casualidad”, comentó Briefer, añadiendo que, si bien las puntuaciones podrían haber sido altas en el caso de los caballos debido a que muchos participantes declararon haber tenido contacto con dichos animales, el porcentaje de aciertos relativamente bajo en el caso de la mayoría de las especies, incluidos los humanos, podría deberse tanto a la brevedad de las grabaciones como al uso del mismo tipo de sonido para cada par de vocalizaciones, como el mugido en el caso de las vacas o el relincho en el caso de los caballos.
Briefer añadió que el éxito de los participantes a la hora de clasificar el tipo de emociones varió en mayor medida que su capacidad para determinar la intensidad de las mismas.


“Si lo llevamos al siguiente nivel, es muy probable que podamos entrenar fácilmente a las personas para que reconozcan los sonidos”, comentó, señalando que eso podría ayudar a quienes trabajan estrechamente con animales –desde granjeros hasta dueños de mascotas– a entenderlos mejor.

“En el pasado, los científicos solían centrarse en la salud física para evaluar el bienestar de los animales. En la actualidad, la mayoría de nosotros reconocemos el gran papel que desempeñan las emociones”.