La actual administración debe cuestionarse cuál será el legado que dejará en materia digital en esta llamada Cuarta Transformación y si va por el camino correcto.
Platiquemos de estas dinámicas de una sola vía que se disfrazan de interacción y de la responsabilidad que la atención de una audiencia debe considerar.
Tenemos un presidente que no ejerce la autocrítica y se obsesiona con un proyecto de país que desconoce el diálogo para bien de la democracia, vulnerada por las imposiciones que desconocen la eficacia del derecho.
Los pendientes son muchos: el combate efectivo a la corrupción, un clima preocupante de polarización social y una concentración evidente del poder presidencial.
Algunos de los compromisos directamente relacionados con dos derechos habilitantes tan importantes como lo son la educación y la protección de la salud están lejos de ser cumplidos.
México está en una crisis de confianza y económica de proporciones pantagruélicas. El presidente y su grupo no escuchan a nadie que les traiga puntos de vista distintos.