Los hikikomori, aislados voluntarios en Japón, salen de su soledad
Los hikikomori se recluyen voluntariamente en sus casas, renunciando al trabajo, por problemas psiquiátricos o sociales. Foto: Wikimedia

Con robots, talleres de escritura y manifestaciones, antiguos hikikomori, personas que se aislaron de la sociedad en Japón, participan en un espectáculo artístico para hablar sobre su experiencia y recuperar la confianza.

“¡Esto es una manifestación de hikikomori! ¡No queremos ser obligados a trabajar! ¡Dejen de oprimirnos!”, gritaban meses atrás unos 15 manifestantes en las calles de Takatsuki, una ciudad entre Kyoto y Osaka.

Las manifestaciones son raras en Japón y, probablemente, inauditas entre los hikikomori, estas personas que, por angustia, se encierran en sí mismas al menos durante seis meses seguidos. Se trata de un amplio fenómeno social en Japón, que afecta a más de un millón de personas entre 15 y 64 años, según una estimación gubernamental de 2020.

“Japón no previene y no trata los problemas mentales de niños y adolescentes, lo que provoca en la edad adulta estas situaciones de retiro social ante la fuerte presión educativa y profesional”, estima Nicolas Tajan, psicólogo y psicoanalista en la Universidad de Kyoto.

“Los hikikomori están mal percibidos sobre todo porque no trabajan y el trabajo es realmente un elemento muy importante de la identidad japonesa”, dice este investigador.

Muchos de ellos piensan que “una vez que bajan del tren, se quedarán en el andén y no podrán reinsertarse en la sociedad japonesa, lo que refuerza su actitud de aislamiento”, añade.

Seiji Yoshida, de 42 años, fue hikikomori durante siete años cuando estaba en la treintena.

“Subía por la escalera de la vida pero me mentía a mí mismo. Además de mi trabajo, no tenía nada. Estaba harto”, dijo el día de la manifestación en Takatsuki.

“Es un problema social (…) pero la sociedad les ha hecho creer que el problema venía de ellos”, lamenta Atsutoshi Takahashi, mediador de New Start Kansai, una asociación local que acompaña a las personas que sufren o han sufrido esta situación.

En colaboración con esta asociación, dos artistas franceses, Eric Minh Cuong Castaing y Anne-Sophie Turion, preparan Hiku, un espectáculo que mezcla coreografías y nuevas tecnologías.

Las grabaciones de las manifestaciones organizadas por la asociación formarán parte del decorado. Y tres robots controlados a distancia por hikikomori desde sus casas se harán con el escenario, dejando mensajes en el suelo o interpelando a los espectadores.

Estos robots son”una especie de avatar para preguntarse sobre la ausencia-presencia, que es la cuestión también de los hikikomori, explica Eric Minh Cuong Castaing, que siempre trata de asociar sus proyectos artísticos a personas en situación de dificultad o socialmente marginadas.

Para algunos hikikomori, “ya es un desafío acogernos entre ellos y hablarnos”, dice Anne-Sophie Turion.

Pero el hecho de ser extranjeros facilita las confidencias porque no hay un juicio y el diálogo es menos frontal al pasar por un intérprete, analiza. 

“Hemos descubierto personas que se han sentido más cercanas de lo que podríamos pensar”, añade.

Este es precisamente uno de los objetivos de Hiku, cuyas funciones empezarán en el otoño boreal de 2023 en Francia y otros lugares de Europa.

Los hikikomori aportan formas de reflexionar sobre nuestra vida, según Eric Minh Cuong Castaing. 

“En este espacio de debilidad, de fragilidad, hay también una forma de resistencia para no ser sólo un soldado con traje y corbata”, explica Castaing.

Seiji Yoshida se dice muy orgulloso de participar en el proyecto. Durante un taller de escritura con los artistas, dibujó el eslogan de una pancarta de manifestación: “Quiero sonreír”.

“Vivir es una manifestación”, escribe otro antiguo hikikomori que solo da su mote, Minamikata. 

“Porque tengamos un obstáculo o no, vivir la vida significa expresarte”, declara este joven de 29 años, con un fuerte tartamudeo.

El arte puede ayudar a los hikikomori a reconectar en la creatividad, a hablar sobre otra forma que la psiquiatría y la reinserción profesional, dice Tajan.

¿Pero Japón realmente quiere escuchar lo que estos “reveladores de problemas sociales” tienen que decir?, se pregunta el investigador.

Con información de AFP