Por qué la guerra de Japón contra los disquetes podría fracasar
Los burócratas japoneses siempre han almacenado la información en disquetes y muchos se resisten a los planes de modernización de procedimientos y archivos. Foto: Future Publishing/Future/Getty Images

El ministro de Asuntos Digitales de Japón declaró la guerra contra los disquetes, décadas después de que esta tecnología se volviera prácticamente obsoleta, no obstante, se podría enfrentar a la oposición de los devotos nostálgicos dentro de la amplia burocracia del país.

Taro Kono indicó que expandiría su búsqueda para librar a la burocracia de herramientas obsoletas mediante la eliminación de los disquetes y trasladando los procedimientos administrativos a internet.

Kono, quien ya dejó claro su desdén por las máquinas de fax y los sellos personales hanko, señaló que las empresas seguían estando obligadas a utilizar disquetes para realizar mil 900 trámites relacionados con el gobierno, tales como la presentación de solicitudes y otros documentos.

“El ministro digital declara la guerra contra los disquetes”, dijo en un tuit en inglés el miércoles.

“(La) Agencia Digital pretende cambiar esas regulaciones para que se pueda usar en línea”.

Kono comentó a los periodistas que su agencia revisaría “con rapidez” el uso de disquetes y otros discos, añadiendo que el impulso de la modernización contaba con el apoyo del primer ministro, Fumio Kishida.

Japón no es el único país que se aferra a los disquetes mucho tiempo después de que la mayoría de las empresas y organismos públicos los hayan considerado obsoletos. La Fuerza Aérea de Estados Unidos no sustituyó los disquetes que utilizaba para gestionar el arsenal nuclear del país hasta 2019, casi una década después de que la empresa Sony dejara de fabricarlos.

Después de ser nombrado ministro de Asuntos Digitales en la reestructuración del gabinete a principios de este mes, Kono bromeó sobre la labor de llevar a la burocracia japonesa a la era digital. “Vamos, ya no queda nada analógico en nuestra sociedad extraordinariamente avanzada”, publicó en Twitter en respuesta a un comentario relacionado con su nombramiento. “¡Ups, mi fax está atascado!”.

Sin embargo, no hay garantía de que Kono, un exministro de Relaciones Exteriores que ha sido señalado como futuro primer ministro, vaya a eliminar por completo los disquetes.

En 2021, cuando era ministro de Reforma Administrativa, emprendió una cruzada personal contra el hanko –sellos oficiales que se usan para firmar contratos y otros documentos– y contra las máquinas de fax, a las que culpó de enterrar a los burócratas del gobierno nacional y local bajo montañas de papel.

Pidió a los ministerios que pusieran fin a los requisitos relacionados con el hanko en cientos de procedimientos, incluidos los ajustes fiscales de fin de año y las declaraciones de impuestos, aunque los informes indican que se siguen usando los sellos y las máquinas de fax.

La revolución digital de Kono se ha topado con la resistencia de los funcionarios, quienes consideran que los medios físicos ofrecen un grado de autenticidad que no tiene el correo electrónico, mientras que los políticos de una región conocida por producir hankos intrincadamente tallados lo acusaron de atacar un “símbolo de Japón”.

Cientos de oficinas gubernamentales señalaron que la prohibición de las máquinas de fax sería algo “imposible”, según informaron los medios de comunicación, citando la preocupación existente respecto a la seguridad de la información sensible y la “ansiedad por el entorno de la comunicación” en caso de que se optara exclusivamente por el correo electrónico.

Los disquetes también cuentan con sus defensores.

Los disquetes “casi nunca se rompían ni perdían datos”, comentó Yoichi Ono, funcionario del distrito de Meguro en Tokio, a la agencia Nikkei Asia el año pasado, cuando el gobierno local decidió eliminar los disquetes y otros tipos de almacenamiento físico de datos.

Anteriormente, el distrito almacenaba la información sobre los pagos realizados a los empleados en disquetes que posteriormente eran enviados al banco para su procesamiento. Chiyoda, otro distrito de Tokio, indicó que seguiría su ejemplo “en los próximos años”, según informó Nikkei.