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Derechos Humanos

Firma de alimentos británica acusada de traición a familias en Camboya

La empresa británica Tate & Lyle dice que seguirá tratando de presionar para obtener compensación de un proveedor local.

Prum Khoem, en Koh Kong, Camboya, dice que tenía 10 hectáreas de tierra antes del despojo. Foto: Enric Català/The Guardian

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La firma británica Tate &  Lyle fue acusada de traicionar a 200 familias de Camboya que han peleado durante años para asegurar la compensación por la tierra que dicen les quitaron para establecer una plantación de azúcar.

Los residentes de Koh Kong, Camboya, dicen que su vida y el futuro de sus hijos se vino abajo cuando les quitaron la tierra en un proceso que comenzó en 2006. La tierra se utilizó después para proveer de azúcar a Tate & Lyle

Hace siete años, The Guardian entrevistó a las comunidades afectadas que describieron cómo, sin lugar para cultivar, se quedaron sin opciones y tuvieron que trabajar en la plantación que maneja Thai KSL Group.

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La gente que trabajaba para KSL Cambodia dice que ganaban el equivalente a 25 pesos al día por cortar mil cañas y que había niños que comenzaban a laborar ahí a partir de los nueve años. KSL negó usar mano de obra infantil y dijo que sus empleados ganaban un salario decente.

En 2013, 200 familias del distrito de Sre Ambel iniciaron una demanda en contra de Tate & Lyle en el tribunal superior en Londres alegando que Tate & Lyle sabía o tenía que haber sabido de los alegatos en contra de su proveedor. Exigen la compensación por el valor del azúcar que se cultiva en tierra que consideran de ellos.

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Siguieron las negociaciones de manera prolongada y las familias dicen que los hicieron creer que podrían esperar una compensación significativa de Tate & Lyle. Sin embargo, hace unos meses la compañía dijo que no pagaría nada.

“Al principio pensamos que Tate & Lyle respetaba los derechos humanos, y esperábamos que aceptaran su responsabilidad”, dijo Ann Haiya, líder de una comunidad en Koh Kong.

“La comunidad está muy, muy enojada y está desolada, pero mantienen su voluntad de trabajar con los líderes de la comunidad para seguir luchando en contra de Tate & Lyle”, agregó.

En una declaración, Martyn Day, socio de la firma Leigh Day, que representa a las familias, dice que estaba decepcionado porque Tate & Lyle había preferido apartarse de las negociaciones para lograr un acuerdo. “Los demandantes entraron a las negociación de un acuerdo con Tate & Lyle de buena fe hace seis años, pero estas discusiones no han llevado a nada más que a promesas rotas y decepción”, dijo.

Tate & Lyle, dijo Day, son los beneficiarios exclusivos del azúcar que se produce en la tierra desde hace algunos años y estuvieron involucrados en la plantación “desde la primera etapa”.

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Cuando les preguntaron si pensaban compensar a las familias afectadas, Tate & Lyle Sugars dijeron que seguirían usando cualquier recurso a su alcance para “asegurar que los pobladores recibieran una compensación financiera de KSL y su antiguo socio”.

La compañía dijo que presionó a su proveedor durante siete años “durante muchos viajes a Camboya y  en las reuniones con diferentes partidos interesados, incluyendo el gobierno camboyano”.

Tate & Lyle utilizó al Grupo KSL como proveedor desde Camboya desde 2011, y dejó de comprar azúcar del país en 2013.

Las 200 familias recibieron cada una 1.5 hectáreas de tierra por parte del KLS Group por medio de un esquema encabezado por el gobierno, mientras que las comunidades afectadas de otras partes, que no iniciaron acciones legales, recibieron compensaciones financieras.

Se entiende que KSL siente que terminó su responsabilidad con las familias al colocar 300 hectáreas de tierra.

Tate & Lyle dice que cree que se ayudó a las familias con la distribución de tierra, algo que Leigh Day disputa.

Los líderes de la comunidad dicen que las compensación que recibieron es totalmente inadecuada y que las 1.5 hectáreas de tierra son apenas una fracción de lo que perdieron. Muchos tuvieron que vender sus terrenos inmediatamente a causa de las deudas que se acumularon durante el proceso.

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“Antes usábamos la tierra para cultivar arroz, nuez de granja, mango y yaca. Vendemos una parte y usamos otra”, dice Ann. Él perdió 13.5 hectáreas de tierra en 2006, dijo.

Para poder comprar comida y pagar cuidados básicos de salud tuvieron que pedir dinero prestado. “El préstamo se convierte en un doble préstamo”, dijo, y las deudas crecieron rápidamente. 

Day dijo que era “totalmente inadecuado” que Tate & Lyle sugiriera que toda la responsabilidad de la compensación financiera recae en su proveedor. “Las pérdidas que sufrieron dos demandantes están bien documentadas y hay reportes. Tate & Lyle estaban conscientes  de sus pérdidas cuando recibieron el azúcar de KSL”, dijo.

El daño económico que sufrieron las familias es difícil de cuantificar, dijo Wang Vuthy, director ejecutivo de Equitable Cambodia, una ONG que apoya a las familias afectadas. Algunos jóvenes tuvieron que migrar a otros países, y dejaron atrás a sus familias para poder enviarles dinero. “Cuando la gente migra es muy vulnerable en el nuevo lugar”, dijo.

Los líderes de las comunidades de Koh Kong dijeron que en muchos casos los niños no habían podido terminar la escuela a causa de las presiones financieras que enfrentaban sus familias, y ahora tienen mayores problemas para encontrar trabajo.

Wang dice que Tate & Lyle debería comprometerse a terminar rápidamente un acuerdo. “Hasta que lo hagan, los consumidores deberían estar conscientes de que al apoyar a los negocios de Tate & Lyle hacen que es más fácil para la compañía evadir su responsabilidad”.

En un comunicado Tate & Lyle Sugars dijeron: “Reconocemos nuestras responsabilidades bajo los lineamientos de la OCDE para las compañías multinacionales y usaremos todos los recursos para asegurar que nuestro proveedor camboyano KSL compense a los pobladores por los daños que sufrieron”.

Agregó que estaba frustrado porque no todas las familias afectadas recibieron compensación financiera. “Estamos trabajando activamente con otros accionistas para ver de qué tanta presión podemos aguantar”. 

The Guardian
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