La discriminación es como un refrigerador al que le cabe todo: Conchi León
La actriz Conchi León forma parte del elenco de "Alicia", la nueva serie de Paramount+. Foto: Instagram

Con 48 años recién cumplidos, Conchi León sigue alzando la voz por las causas en las que cree. Sea con el discurso de Poder Prieto en los Metro 2021, o con su papel en la serie Cecilia, de Paramount+, la actriz yucateca quiere abrir para las nuevas generaciones un camino sin discriminación ni racismo.

La actriz afirmó en entrevista para La-Lista que para su participación en la serie de streaming fue decisivo el guion que muestra con respeto las situaciones que viven las mujeres, pero también porque su personaje tuvo un trato ideal al reconocer su procedencia de otro estado.

“Si vienes de una región te vistes conforme a la región y conforme avanzas te mimetizas con la ciudad, pero aquí no”, comentó la también intérprete de Señorita 89, quien agradeció a la directora Ihtzi Hurtado ese gesto de respeto hacia las demás personas.

Conchi León trabaja en esta serie con actores como Mariana Treviño, César Bono, Michel Brown, Martín Altomaro, Ignacio Rivapalacio y Cecilia de la Cueva, algo que calificó como un regalo del universo después de tanto tiempo sin actividades por la pandemia de Covid-19.

Cecilia cuenta la historia de una mujer que es dueña de una cadena de panaderías. Se esfuerza por mantener a su familia unida, pero en una fiesta sufrirá un accidente cardiovascular que no le dará más opciones que ver por ella misma y su salud.

A la par de su trabajo en esta producción, la actriz forma parte del movimiento Poder Prieto, que busca que en distintos espacios se hable del racismo y la discriminación en México, abrir espacios para los intérpretes de piel morena y que los niños tengan de las comunidades tengan una representación positiva.

¿Cómo fue entrar en el personaje que interpretas en Cecilia?

Fue interesante porque al principio me dijeron que querían que hablara como yucateca, pero la directora le dio un giro interesante. Empezó como la empleada doméstica y se volvió asistente de Cecilia.

Conforme se empodera y se vuelve asistente, más fortalece su identidad yucateca. Por lo general lo hacen al revés: si llegas y eres empleada doméstica, si vienes de una región te vistes conforme a la región y conforme avanzas te mimetizas con la ciudad, pero aquí no. Se trató con mucho respeto ese rasgo y se lo comenté a la directora.

¿Cómo te animaste a saltar a las series tras tu carrera en los escenarios de teatro?

Siempre he sido flexible. Hice muchos castings en la pandemia y de repente me llegaron clichés de cómo son las yucatecas o cosas más grotescas respecto al peso o al cuerpo, pero no las acepté. Cecilia está muy bien escrito y trata con mucho respeto a las mujeres y dije: “Hay que hacerlo. Es algo de lo que voy a aprender mucho y tiene sentido”.

Todavía no sabía con quiénes trabajaría y el guion me encantó. Todo lo que tiene que ver con la familia y el personaje. Era un delicioso bocadito que no me podía perder.

¿Cuántas producciones rechazó porque fomentan los estereotipos? ¿Fueron entre teatro y televisión?

Creo que como cinco, sobre todo en televisión. En teatro usualmente hago mis producciones, o de repente me invitó Sabina Berman a ser la mamá de Pancho Villa en Entre Pancho Villa y una mujer desnuda, y Ro Banda a interpretar a un personaje increíble en El donador de almas.

En el teatro no me invitaron tanto a hacer estos clichés de yucateca tonta, chistosa o que solamente dice “mare” o “boshito”, sino más a series y cine y he dicho que no, inclusive desde el casting porque me parece que se burlan de una regionalidad y no hay un respeto, ni mucho menos una investigación profunda.

Cuando me involucro en un proyecto es porque me parece que todo está cuidado y tratado con respeto o hay una denuncia muy clara de la que me interesa ser parte.

¿Se han cambiado el racismo y la discriminación en las narrativas de los últimos años?

Creo que empieza a cambiar. Los productores comienzan a creer más en nosotros. Como soy de Mérida hay un prejuicio a que solo puedo actuar o hablar como yucateca, hasta que otros productores dicen “A ver, queremos verla y que no hable como yucateca para ver lo que sucede”.

Pertenezco al colectivo Poder Prieto, que ha tenido crítica pero también fuerza para visibilizar que las personas prietas queremos representar otros personajes y no solo la empleada tonta que se queda callada o es chismosa, o el asesino, el narco o el violador, porque los niños de las comunidades no tienen otra representación en la pantalla. Eso es terrible porque les hace pensar que solamente pueden aspirar a eso. Afortunadamente se están abriendo a otras visiones y es una maravilla porque en México somos culturalmente infinitos.

Antes de los premios Metro, ¿tuviste alguna inseguridad al pensar en el discurso?

No lo había pensado, soy una mujer que lucha muchísimo. Me dicen que no y veo cómo llegamos. Siempre he luchado contra el racismo y la discriminación, siempre he podido decir alguna ironía cuando se me ha encerrado en algún cliché, pero eso me ha hecho también una mujer con ciertos rasgos de violencia y de los que he hablado. Sí lo he sentido bastante, pero también he sentido que ha habido gente que ha sido generosa con mi trabajo.

En los Metro no esperábamos para nada esa respuesta. Les dije a los actores: “Si nos abuchean, si no se ríen o no nos aplauden, nosotros mantengamos nuestro discurso porque por eso estamos aquí”. Fue una sorpresa la recepción que hubo y que luego nos buscaron.

Aquí en Mérida hay un semillero de niños. Me decía una actriz que les puso el video y ellos lloraron, se emocionaron y dijeron: “Nosotros queremos llegar a donde está ella”; me encanta pensar que el movimiento Poder Prieto está escribiendo un camino en el que muchos niños, niñas y niñes prietos van poder caminar sin tener que darse de codazos como tuvimos que darlos muchos de nosotros.

En la presentación del festival de Poder Prieto dijeron que era importante abordar las luchas contra el machismo y la transfobia. ¿Cuál es el siguiente paso para el movimiento desde tu cancha?

Ejercicios como la “caminata del privilegio” visibilizan que no estamos buscando quitarle el trabajo a nadie, además que no queremos que se diga “Ah, como no tienen ningún talento tienen que salir a pelear”. Creo que muchísimos prietos están en lugares maravillosos porque ahí los llevó su trabajo y se cuestiona eso, ¿por qué hablan ellos si les ha ido muy bien? No se trata de nosotros, sino de una generación que viene que necesita representación.

Estamos generando festivales, encuentros, conferencias, slogans, páginas web… toda una serie de cosas para visibilizar el racismo y la discriminación, que tienen un brazo enorme. Te discriminan por tu color de piel, tu figura, tu orientación sexual… Poder Prieto abre una ventana para que hablen de muchas cosas.

Yo he sido discriminada por gorda, por chaparra, por prieta, porque vengo de un estado, porque tengo una manera de vestirme, ser y hablar que no encaja en un patrón, porque no fui mamá o nunca me casé; la discriminación es como un refrigerador al que cabe todo.

Generaremos más acciones para reflexionar en torno al racismo, no para que la gente pierda sus privilegios o pelearnos, solo para seguir hablando del racismo, que en México es un problema enorme.

A veces me quedo por la Roma y si entro a un salón de belleza, las señoras me hacen comentarios de mi piel. Una vez me dijo una señora: “Ay, ¿tu color es playita?”, y no entendía qué me quería decir y le dije: “No, así nací” y se me quedó viendo como si nunca hubiera visto a alguien de mi color. Seguramente la ha visto pero no en un salón finolis en la Roma.

Y alguna vez en Mérida también me pasó que con un huipil fui a comprar un medicamento y no me lo querían vender porque me decían que era muy caro. Y yo que me estaba muriendo de dolor tenía el dinero para pagar el medicamento, pero no me lo vendían porque pensaban que no. Es mucho más complejo de lo que parece.

¿Cómo has enfrentando el racismo por cuestiones biológicas?

Regina Orozco y yo tuvimos un movimiento respecto al tema de la gordofobia y encontramos cosas tremendas, desde que entras a la boutique y la chica te mira con cara de “Ay, no. Qué horror. A esta no tengo nada qué ofrecerle, me va a hacer perder el tiempo” hasta que los gordos no podemos opinar, las gordas somos mujeres que todo el tiempo necesitamos atención sexual porque nadie tiene interés en nuestra figura. Hicimos una pequeña revolución posando con lencería para poder hablar de la diversidad de los cuerpos.

Hace unos días cumpliste 48 años, ¿cómo te sientes en este momento de tu carrera? ¿Cuáles son tus principales luchas?

Me siento agradecida con la vida y el teatro porque no esperé a llegar a este momento. Este año hice dos series y una película como actriz, entonces fue un gran regalo para mí.

Tengo muchísimo trabajo como escritora, estoy escribiendo mi primer guion de cine, hago una obra nueva para Francisco Franco, que nos dirigió La tía Mariela; hago una residencia con otros dramaturgos para Buenos Aires con el tema de la violencia. La pandemia nos pegó durísimo a la gente que hacemos teatro y qué maravilla que las plataformas están creyendo en los actores y dramaturgos mexicanos.

Me interesa seguir hablando del racismo y la discriminación, ir a las comunidades, trabajar en las cárceles y seguir compartiendo historias de mujeres.