‘En la escuela me han dicho que lo que me gusta es de niñas’: una historia sobre infancia con creatividad de género

En la recámara de Gael, de 8 años, hay todo tipo de juguetes: dinosaurios, coches, muñecos, peluches, pero también hay princesas con caritas pintadas y diversos peinados, vestuarios y zapatillas, con lo que él le da vida a su juego favorito: el desfile de modas.

“Cuando lo hago, siento como si estuvieran en un escenario, me gusta jugar más a cambiarlas de ropa y a probarles todo tipo de ropa, se me van ocurriendo ideas”, cuenta Gael mientras sostiene a su muñeca favorita entre sus manos, con las uñas decoradas con un color rosa.

Jugar con sus muñecas a cambiarles la ropa, hacer nuevas combinaciones, confeccionar prendas para ellas con calcetines viejos e imaginar nuevos outfits es su pasatiempo favorito. De grande le gustaría ser diseñador de modas.

Carolina R., madre de Gael, recuerda que cuando él tenía tres años, le pidió su primera muñeca. Le encantaban las princesas de Disney como Moana, Mérida, pero su favorita era la protagonista de Frozen.

Para él, Frozen es lo máximo y después de aprenderse las canciones y ver la película hasta el hartazgo, me pidió una muñeca Elsa”, dice.

Ella veía que su hijo Joel, un año más grande, se ponía muy contento con tener coches y dinosaurios, pero Gael insistía en tener muñecas. Entonces pensó que si eso le hacía feliz, le compraría su muñeca.

Para Joel llegó a ser confusa la personalidad de su hermano. Caro se sentó a hablar con ambos para explicarles, a través del juego, que cada uno podía jugar en los roles que quisiera sin importar si eran los típicamente vinculados a lo masculino o femenino, pero que después del juego debían respetarse.

El día que desapareció Elsa

Gael se sentía muy feliz, pero la muñeca generaba tensión entre los demás integrantes de la familia. Cuando llegaba con su muñeca y cantaba las canciones de la cinta de Disney, otros miembros de su familia decían que eso no era para él, o que no tenía por qué estar jugando con eso. En ese entonces, Carolina vivía con el papá de sus niños y frecuentaban a los abuelos y bisabuelos de ella.

Un día, su muñeca Elsa desapareció en casa de los abuelos. Todos se deslindaron y Gael lloró mucho. “Cuando les preguntaba en dónde estaba su muñeca, todo el mundo decía: ‘quién sabe, no la hemos visto’”, recuerda Carolina. Así que le compró una muñeca nueva. Pero Elsa volvió a desaparecer.

“Por cada vez que desaparecía, yo le compraba una nueva”. En total repuso cuatro muñecas.

En cada Día de Reyes, Gael no desperdiciaba la oportunidad de pedir muñecas para hacer crecer su colección

Carolina recuerda los comentarios de su familia: “lo vas a volver gay”, “tú le estás fomentando esas cosas que no son normales”, “tú lo estás orillando”, “no está bien”, “él debería de jugar con otras cosas”, “esas cosas son de niña”.

Confiesa que llegó a dudar si de verdad le estaba haciendo daño a su hijo o si hacía lo correcto al brindarle un espacio donde él pudiera tener un lugar seguro que le diera confianza y libertad. Decidió hacer lo que le dictaba su corazón: darle un refugio a Gael para que pudiera ser él mismo.

Infancias con creatividad de género

Dani Damian, psicologue enfocade en el acompañamiento de infancias trans y sus familias, explica que la palabra trans se asocia principalmente a personas que tienen un cambio de género, pero no siempre es así. “(El término trans) agrupa varios tipos de diversidad y es una expresión actual para nombrar la variabilidad de género en dos dimensiones: identidad y expresión de género”, dice.

Gael es una persona que se reconoce como niño (identidad de género), pero su manera de expresarse (expresión de género) —cabello, uñas, ropa, movimiento corporal, lo que le hace sentir bien externar— es lo que comúnmente se asocia a una niña, a lo que se le denomina ‘infancias con creatividad de género’, ‘infancias de género expandido’ o ‘infancias con variabilidad de género’, que forman parte del espectro de las infancias trans, explica Damian.

Tanto la identidad, la expresión de género y la orientación sexual no tienen una correlación directa, explica. “Esa variabilidad de género está centrada en su expresión porque él se afirma como niño”.

Carolina describe a Gael como un niño muy sonriente, divertido, ocurrente, le gusta bailar y cantar, es temperamental y nunca se queda callado.

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25 de noviembre, 2021. Gael y Carol Ramírez sonríen durante la entrevista realizada por La-Lista. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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25 de noviembre, 2021. En la cama de Gael se pueden encontrar diversos peluches, a los cuales les tiene un cariño especial. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

La violencia machista en contra de la maternidad que se vuelve refugio

Criar en una sociedad machista pone a las madres frente a violencias y cuestionamientos, especialmente cuando se trata de una infancia trans. Las familias tienen mucha presión para entregar hijos e hijas alineados y organizados alrededor de la heterosexualidad y cisgeneridad -designa a las personas en las que el sexo biológico y la identidad de género coinciden-, expone Damian. En el caso de los varones, desde edades tempranas (3 o 4 años) la familia extensa y el ambiente en las escuelas presionan para que “corrijan” esas acciones. Y si no se cumplen, se cuestiona la crianza.

“Son las madres las que reciben toda esta presión y más en los nacidos asignados como varones y llegan esos enunciados en que ella ‘está permitiendo’, ‘fomentando’ y ‘es responsable’, por no decir ‘culpable’, de que el hijo no cumpla las normativas de masculinidad”.

Dani Damián, psicologue

Tania Morales, directora de la Asociación por las Infancias Transgénero y madre de una persona trans, dice que eso es violencia hacia las madres. “La vivencia de las madres es delicada y hay pocos estudios porque se ha invisibilizado, viven un proceso de incertidumbre porque el entorno le dice que lo repriman y que lo enseñen a ser un niño. Entonces se encuentran en la disyuntiva de hacer caso al mandato social o ser un refugio”.

Carolina se embarazó por segunda vez a los 20 años. Durante las citas en las que le realizaban ultrasonidos, su médico le dijo que tendría una niña, por lo que compró ropa color rosa, pero cuando nació Gael y al ponerle la ropa que ya tenía, la gente le preguntaba por qué vestía “de niña”.

Desde Gael era bebé, Carolina ha vivido señalamientos por su forma de educar y criar a su hijo menor. Ese entorno le detonó dudas por varios años sobre si estaba bien o mal permitir que él jugara con muñecas, que se pintara las uñas o que prefiriera en los juegos asumir roles femeninos.

“Cuando eres mamá joven dejas que tomen decisiones por ti, te sientes inexperta, piensas que si ya la ‘cagaste’ embarazándote joven, la puedes ‘cagar’ siendo mamá. Me debatí mucho sobre si lo estaba haciendo bien”.

Carolina R., mamá de Gael

Libre, como en Frozen

Cuando Gael entró a la primaria, le pidió a su madre que le comprara una mochila de la Capitana Marvel y que las etiquetas de sus cuadernos fueran de la heroína francesa Lady Bug. También le encanta Rapunzel, por su larga cabellera dorada; Harley Quinn, la villana de Batman, y Mérida porque tiene un arco. A Gael le gustan más las heroínas que los héroes.

Pero la emoción del primer día de clases se vio opacada por las burlas de sus nuevos compañeros. Días después, Carolina se percató de que las etiquetas de sus cuadernos estaban rayadas y en otros traía encima etiquetas de Cars.

“En la escuela me han dicho que lo que me gusta son de ‘niñas’ y que no las debo de utilizar y me sentí triste porque a nadie le gustaba lo que a mí”,

Gael, 8 años.

Expresar sus gustos y lo que le divierte con toda la gente de su entorno no ha sido tan simple. Cuando alguien le pregunta cuál es el superhéroe hombre favorito, él nombra a Flash para evitar ser señalado y comentarios de rechazo. “En la escuela me llevaba bien con las niñas, tenía nueve amigas, y dos amigos chicos”. 

En un ambiente de confianza, Gael comparte que “Libre soy”, el tema de Frozen es una de sus canciones favoritas.

Con el confinamiento y el pasar mayor tiempo en casa, Gael dejó crecer el cabello y se hacía colitas de cabello, se pintaba las uñas, comenzó a utilizar lentes y eligió el armazón en color morado y rosa.

Un día, hace tres años Carolina decidió ofrecer a sus hijos un entorno seguro, al menos en su hogar. Se separó del padre de sus hijos y se independizó. Ahora vive con su actual pareja, Enrique, quien aceptó cuidar de sus hijos y respeta sus decisiones. Ambos forman una familia junto con Joel, Gael y Ángel, el hijo de Enrique.

“Independizarme fue enseñarle a ellos que es su casa y que ahí pueden hacer lo que quieran y donde nadie los va a criticar ni a juzgar. Que mi hijo juegue con muñecas, que le guste el color rosa, que ame los vestidos y faldas no quiere decir que mi hijo sea homosexual. Y si así lo fuera, está chido, es su vida, él puede ser lo que él quiera”, sentencia.

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Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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25 de noviembre, 2021. Gael realiza atentamente el dibujo de un vestido. Sueña con ser diseñador. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

¿Tengo un hijo, hija, hije trans? Herramientas y consejos

Comprender y hablar de las infancias trans requiere de herramientas de información y una red de apoyo, coinciden los especialistas. Gael es una persona que forma parte del espectro que abarca las infancias trans, pues no solo incluye el cambio de género, sino otros aspectos como la identidad y la expresión de género.

La identidad de género no se define como un constructo social, sino como la vivencia personal del género que tiene cada persona, señala Dani Damián.

Los Principios de Yogykarta -sobre la Aplicación de la Legislación Internacional de derechos humanos con relación a la orientación sexual y la identidad de género- la define como la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, que puede o no corresponder con el sexo asignado al momento del nacimiento.

Lo anterior incluye la vivencia personal del cuerpo -que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida- y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

Damián explica que los riesgos de no escuchar y rechazar a las infancias, no solo lo relacionado con la identidad de género, puede afectar su reconocimiento, confianza y seguridad en sí mismos y su capacidad en confiar en el mundo. Incluso pueden caer en procesos de ansiedad, depresivos o que afecten a su salud emocional.

Tania Morales afirma que “el costo de vivirse en un género distinto al impuesto es altísimo (…) La identidad de género no se elige ni se aprende, solo se expresa”. 

Tanto Damián como Morales coinciden en que es necesario escuchar a las infancias y saber cómo se identifican. A partir de ahí respetarlos sobre su identidad o expresión de género. También es importante aliarse con otros grupos afines, promover una comprensión positiva y afirmativa de la diversidad dentro de la familia nuclear y evitar los espacios que no son seguros.

Aunque Gael se reconoce como niño, una vez comentó a su madre su deseo de ser niña por el hecho de que así podría usar faldas y vestidos. “Le dije que sí podía usarlo, que el que fuera niño no se lo podría limitar, con esa respuesta se quedó. Pero a mí me ha dado miedo retomar ese tema porque no me siento con la información o con las armas de abordarlo. No estoy lista”, dice. 

Las personas que necesiten apoyo o guía sobre una infancia trans, pueden acercarse a la Red de Familias Trans o a la Asociación por las Infancias Transgénero.

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25 de noviembre, 2021. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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25 de noviembre, 2021. Gael y su hermano Joel juegan con los dinosaurios y muñecas que tienen en su recamara. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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25 de noviembre, 2021. Foto: Alexa Herrera / La-Lista