Así es el negocio de hacer tesis: ‘Garantizamos confidencialidad y cero plagio’
Imagen: Majito Vázquez / La-Lista

Todo empezó hace unos 10 años cuando un amigo le pidió ayuda a Óscar* para hacer una investigación que presentaría como tesis para obtener su título. Era un alumno de ingeniería que no tenía idea por dónde empezar, no sabía formular una hipótesis ni cómo se redactar un objetivo.

Óscar dice que aceptó con la intención de ayudarlo y, claro, ganar un dinero por la mentoría académica. Pero seis semanas después, su amigo acabó por desesperarse y le hizo la pregunta: “¿Cuánto me cobras por hacer la tesis completa?”

Tres años antes, Óscar se había graduado y en ese momento no encontraba un nuevo empleo. “No es que tuviera una familia o deudas, pero estaba sin un peso”, recuerda el consultor en investigación.

“Los cuates son ingenieros y no saben una coma de cómo se escribe un texto, no saben redactar, no tienen competencias para ello y era demasiado apremiante la entrega”, cuenta como tratando de justificarlo.

Óscar explica que el alumno sí hizo gran parte del trabajo, pero lo que no sabía era escribir. “Haber estudiado una carrera como una ingeniería no te faculta para escribir un texto o presentar una investigación”, apunta. “Les enseñaron de tuercas, máquinas, tornillos, procedimientos y cálculos, pero nunca a hacer una tesis”.

Su amigo presentó el trabajo final en una exposición en la escuela y fue el mejor de todos. A partir de entonces fue inevitable que se hiciera el mejor marketing: la recomendación de boca en boca.

Desde entonces, Óscar vio en la consultoría académica una oportunidad de trabajar en lo que le gusta: la investigación. Ahora labora con un equipo de profesionistas de varias disciplinas y ayudan a alumnos a obtener su título.

Su negocio ofrece asesorías académicas personalizadas para elaborar una tesis, corrección de estilo de tesis, coaching para examen profesional y ayuda para hacer tesis originales.

¿Cuánto cobran por ayudar a hacer una tesis?

Lo mismo se preguntó Óscar cuando hizo la primera tesis. No sabía cuánto cobrar, así que por las asesorías pedía entre 50 o 100 pesos por sesión y sus amigos apenas tenían dinero para pagarlo. Por el trabajo final, les cobró 4 mil pesos.

Desde entonces, sin buscarlo, Óscar arrancó un negocio. El acercamiento de los alumnos es muy similar: inician pidiendo asesorías, no le dan seguimiento a las tareas ni a los avances que les piden y, al final, terminan pidiendo que les hagan la tesis.

¿Quién pide que le hagan la tesis?

Óscar decidió tomar las solicitudes de ayuda de alumnos recomendados por el amigo que había egresado de ingeniería. Al inicio, trabajó en solitario y, según la disciplina, le pedía apoyo a otros colegas.

“Los estudiantes son un flujo muy constante”, señala. 

Aunque él y sus colegas ofrecen asesorías y servicios de corrección de estilo, incluso mentoría para que hagan sus investigaciones, ocho de cada 10 acaban pidiéndoles que hagan la tesis por ellos. 

Pero en su negocio, asegura que no se trata de maquilar una tesis, siempre ofrecen asesorías y se aseguran de no entregar el trabajo sin que el alumno haya trabajado y entendido los pasos que debe seguir para hacer una investigación. Afirma que han trabajado para alumnos de todas las carreras, pero de quienes más recibe solicitudes de ayuda es de estudiantes de Medicina, Pedagogía e Ingeniería.

La mayoría de sus clientes viene de escuelas privadas y de nivel posgrado, dice, debido a que muchos ya trabajan y buscan obtener el grado para poder subir de puesto y tener un mejor salario.

El rango promedio de edad de sus clientes se ubica entre los 35 a 50 años y entre 70 u 80% son mujeres. “Las mujeres son más proclives a aceptar ayuda, los hombres cuando no saben hacer algo, simplemente lo dejan morir, se les hace fácil reprobar y pagar otra vez”, dice Óscar.

El cobro por elaborar una tesis de licenciatura o de posgrado puede ser de entre 14 mil y 18 mil pesos. La cantidad de páginas depende de los requisitos de cada escuela, pueden ir desde las 25 páginas hasta 200 como máximo, pero en promedio ellos hacen trabajos de 80 páginas. 

“Las personas que trabajan para mí no lo hacen por ser antiéticas y corruptas, sino porque nos gusta investigar y aprender, porque se nos da redactar, somos un poco ‘ratas de biblioteca’, muchas veces prefiero que por ahí ande una investigación bien hecha que alguien pueda retomar a que los mismos tesistas pasen malas investigaciones”, dice.

Después de dos años, el negocio se consolidó. Con un ingreso estable, Óscar pudo contratar a profesionistas como empleados fijos que supieran investigar y redactar, generalmente egresados de carreras del área de Ciencias Sociales y Humanidades.

“No es que yo sea el gran investigador. El problema es que la calidad académica en buena parte de las universidades de México es muy mala y por eso los alumnos no saben investigar, los maestros no enseñan bien, pero al terminar la carrera te van a pedir una tesis”, dice.

No al plagio ni a otras malas prácticas

Óscar señala que aún persisten malas prácticas dentro de las instituciones alrededor de la elaboración de tesis. Reclama que es como la cultura del tabique: “entre más grande y pesada sea, mejor”. Además, asegura, en las universidades se asignan tiempos cortos para realizar una investigación y los seminarios tienen profesores que tampoco saben investigar o no tienen las herramientas para enseñar.

“Las escuelas particulares tienen un negocio con la tesis, sobre todo escuelas de poco renombre, te piden una tesis difícil para que no puedas terminar y te cobran los seminarios de titulación, lo he visto en universidades como la UPN y la Ibero y también en muchas universidades patito, es este mito de que a la tesis hay que sufrirle”, cuenta.

Su equipo sigue un conjunto de reglas, explica. Todas las tesis son originales, no plagian textos, no copian y pegan párrafos de internet, no corrigen trabajos que traen copias textuales de otros documentos académicos sin atribución, tampoco ayudan a corregir trabajos que no tienen los elementos básicos de una investigación para titularse. Además cuentan con un contrato de confidencialidad en el que se comprometen a borrar todo rastro de la ayuda brindada.

Óscar lo tiene claro: ni él ni su equipo son responsables ante terceros. Si al final, los alumnos no pasan el examen profesional, no es responsabilidad de ellos.

¿Dejar de hacer tesis pagadas? Sí, ha pasado por su mente, narra, especialmente cuando investigaciones hechas por él han ganado premios o reconocimientos. “Finalmente me doy cuenta que ese crédito nunca me va a llegar a mí”.

Pero también ve como un mérito importante el hecho de que muchas personas han podido tener acceso a una mejor vida después de haberse titulado y que, por lo menos, está formando mejores investigadores que otras universidades. “Si nosotros no les hubiéramos ayudado, de todas formas se hubieran titulado”.

*El nombre de Óscar se utilizó para mantener el anonimato de este testimonio.

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