Los pubs británicos: ¿sabemos lo que tenemos o esperamos hasta perderlos?
Foto: Thomas Jan Kaczynski/Pixabay.com

John Harris*

Mucho antes de la pandemia, la vista pubs abandonados se había vuelto en algo tan común que ya parecía rutinario. Se calcula que para 2018 una cuarta parte de los pubs del Reino Unido habían cerrado durante las dos décadas anteriores. En 2019, la cifra de cierres llegó a 994, casi 20 por semana en promedio.

Esta historia tiene su origen en varios factores: el desarrollo de las propiedades, las finanzas a menudo empantanadas de las compañías matrices que poseen muchos locales, y los cambios en el estilo de vida que significan que muchos de nosotros preferimos beber en casa y socializar mediante nuestros teléfonos. Como quiera, el resultado es tristemente obvio. Los pubs no son del gusto de todos. Algunos son unos hoyos miserables y sin vida. Pero, en su mejor versión, los pubs ofrecen el tipo de camaradería cotidiana que las comunidades que los pierden tienden a extrañar.

“72% de los negocios en el sector podrían cerrar pronto”

Ahora, el Covid ha llevado esta saga a una nueva fase pues el cierre de los pubs ligados a la pandemia llegan a las noticias locales. La Asociación Británica de la Cerveza y los Pubs dice que 72% de los negocios en el sector podrían cerrar pronto y esta fría predicción va acompañada de un mordaz sentido de injusticia. Como la gente en la industria lo ve, si bien el fin del confinamiento podría ofrecer, al menos en teoría, una nueva esperanza para algunos organizadores de eventos deportivos y negocios como peluquerías y librerías, los pubs encaran una continua cadena de imposibles.

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El verano que recién pasó, el gobierno nos dijo que ir a un pub era casi un deber patriótico. Pero ahora parece haber enredado a la industria en una perniciosa telaraña. Las restricciones de la Fase 3 significan que los pubs deben cerrar y ofrecer la casi insignificante opción de pedidos para llevar o entregas a domicilio. Bajo las nuevas restricciones de la Fase 2, sólo los hogares familiares pueden organizar reuniones a puerta cerrada y la apertura (de los negocios) dependerá de que las personas hagan una “compra sustancial”. Esto implica la absurda idea de que miles de pubs de pronto tengan que reinventarse como restaurantes. Inclusive las restricciones de Fase 1, que aplican a la isla de Wight, Cornualles y las islas Corlingas (Scilly), sólo permiten el servicio a la mesa, con las últimas órdenes tomadas a las 10 pm.

“Un aspecto frágil de la vida nacional caerá en un declive adicional”

Estas nuevas reglas tomarán efecto previo a la Navidad, el periodo en que los pubs generalmente obtienen la mayor parte de sus ingresos anuales. Es decir, es el peor momento posible. Sin importar si uno piensa en la lógica que se aplica en ello, el hecho inevitable es que un aspecto frágil de la vida nacional caerá en un declive adicional.

La semana pasada hablé con el licenciatario de un pub en Marple Bridge, Greater Manchester. Jo Farrel ha estado a cargo del Windsor Castle (un lugar bien construido de piedra cuya historia empieza en el siglo XIX) por 12 años. “No solo es un lugar al que la gente venga a tomar un trago”, me dijo. “Para la gente mayor que viene, esto puede ser lo mejor de sus días. Muchos de ellos viven solos. Si tienen un problema como que la tele de alguno no funciona, a los más jóvenes de nuestros clientes les encanta echar una mano”.

Previo a la pandemia, dice Farrell, “todo iba muy bien”. En los dos primeros meses posteriores al confinamiento, cuando el pub operaba en medio de restricciones severas, la cosas iban mejorando. A la fecha, ella obtuvo un estipendio del gobierno de 10 mil libras (unos 268,000 pesos), y el apoyo de la cervecería a la que arrienda el pub ha sido, al parecer, continuo. Sin embargo, ella y la comunidad a la que atiende contemplan un futuro incierto y sombrío.

El 18 de octubre, ella, su esposo y un miembro del equipo dieron positivo al Covid. Contactaron a sus clientes recientes y cerraron el pub. De todos modos, el hecho de que el pub no sirve alimentos significa que las nuevas restricciones impuestas en la zona metropolitana de Manchester les hubieran obligado a cerrar. Ahora, el área está de nuevo en Fase 3, por lo que el pub debe permanecer cerrado. “Espero poder salir de esa”, dijo con dudas. “Esta crisis va a llevar a muchos pubs a poner el letrero de ‘Cerrado’”. El nivel de pérdidas financieras que ella ha enfrentado, dice, le “provoca terror”, aunque es más aterrador el prospecto de un cierre permanente. “El pub es la comunidad. Perderlo es como sacarle el corazón”.

“Tomamos depresivos y (…) no somos los únicos”

Otras personas con las que hablé estaban aún más ansiosas. En la zona rural de Leicestershire, Nick Holden y su familia manejan The Geese and Fountain, el cual rescataron hace cuatro años después de un largo período de cierre. En tiempos normales, servirían bebidas y comidas y ofrecerían alojamiento y desayuno; durante la pandemia, se han diversificado en servicios tales como entrega de frutas y verduras y comida para llevar, lo que es aún más importante dado el reciente cierre de la única tienda del pueblo.

El único medio de subsistencia de la familia es por ahora un pago de 500 libras (13,400 pesos) a la semana por parte del estado, y se enfrentan a la vida en la Fase 3. “Tres de nosotros tomamos antidepresivos y creo, hablando con otros propietarios y administradores, que no somos los únicos”, me dijo Holden. “Hemos tenido ocho meses sin saber lo que estamos haciendo: casi ninguna comunicación de nuestro arrendador y casi ninguna comunicación del gobierno”.

Quizás esté pasado de moda sentir un profundo apego a estos negocios. Pero cuando tenía 18 años trabajaba en un pub del barrio y vi cosas que desde entonces he vislumbrado en muchos otros lugares. La mezcla de generaciones generó suavemente una cierta serie de convenciones sociales. Existía la sensación de que la soledad de algunas personas podía al menos eliminarse temporalmente con los crucigramas y las charlas triviales que definían el cambio de “puertas tempranas” (tomar un trago apenas abriera el pub).

Algunos sábados por la noche, el pub era un lugar vertiginoso y surrealista. Había tristeza, exceso y violencia ocasional también. Pero estaba en la naturaleza de un entorno controlado, pero, por lo general, se evitaba que estas cosas se desbordaran, y sus causas más profundas a veces incluso se resolvían. Si el pub estaba en el corazón de la vida de sus clientes habituales, entonces había razones más allá de los placeres fáciles de beber.

Antes de que sea demasiado tarde

En resumen, vale la pena salvar a estas modestas instituciones. Las voces de la industria dicen que la única salida viable radica en un conjunto menos arbitrario de restricciones junto con las medidas de seguridad más exigentes, y también un último empujón de apoyo del gobierno que hará que los pubs superen el período incierto desde ahora hasta el lanzamiento de una vacuna.

En un momento en que todo el mundo parece querer más del estado para aliviar la presión, la ayuda para los pubs puede parecer difícil de adoptar. Pero un recordatorio de su importancia tarde o temprano llegará a millones de nosotros, tal vez cuando, recién vacunados, busquemos señales de la vida compartida que queremos reanudar y lugares para celebrar. A este ritmo, para entonces ya muchos estarán en desuso.

*El autor es columnista de The Guardian

Traducido por Leonor Guerrero

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