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Lilly Tellez
Cuarto de milla

El virrey y el rey

Lilly Téllez

Se oye lejos la voz del Presidente, tal como lo desea y la de López Gatell también. Todos los días, a cada rato, en redes, radio y televisión, sus voces se perciben distantes ante el dolor de los enfermos, lejanas al luto de las familias. Hablan tanto el rey y el virrey que ya no escuchan más que el guión que les gusta ya ni ingenio hay para las excusas y pretextos que les libren de culpa por haber politizado la pandemia.

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Plan de vacunacion
El presidente Andrés Manuel López Obrador y el subsecretario Hugo López-Gatell comparten la conferencia matutina los martes. Foto: EFE

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Es grotesco que el Presidente de México eleve a grado de eminencia al burócrata que más se ha destacado por adulador e incompetente. Y vaya que para Hugo López Gatell no era tarea fácil sobresalir entre los cortesanos de Palacio Nacional; expertos ellos en servilismo y lisonja, de esos que besan y escupen el suelo que pisa su majestad, a la conveniencia del momento.

López Gatell ha puesto a México en el primer lugar mundial de letalidad por COVID-19, lógico sería que deje el cargo por su evidente incapacidad laboral y que sea juzgado penalmente por negligencia criminal. Pero en lugar de recibir castigo, es elogiado por el Presidente. Tanto pervierte el poder a los débiles de carácter que los vemos actuar en sentido contrario al sentido común, sin un ápice de conciencia ni vergüenza.

El Presidente afirma que no hay funcionario en el mundo con las características de López Gatell y pide que se escuche bien y lejos, que lo considera un extraordinario servidor público. La sinrazón de esta declaración es propia de lo peor de la clase política de México: les importa el poder sobre la vida de las personas, no alcanzan los muertos para admitir el error.

La voz del Presidente se escucha bien, como él quiere. Es más, se escucha fuerte, en público y en privado: repetitiva, insistente, monótona y reiterativa hasta el hartazgo. Pero ni sus discursos ni el palabrerío de su protegido han logrado incidir en la realidad que coloca a México como el país de más alta letalidad por Covid-19 a nivel internacional.

Insisto, se oye lejos la voz del Presidente, tal como lo desea y la de López Gatell también. Todos los días, a cada rato, en redes, radio y televisión, sus voces se perciben distantes ante el dolor de los enfermos, lejanas al luto de las familias, frías ante la angustia de los desempleados, ajenas a la preocupación por la crisis económica y particularmente indiferentes a la desesperación del personal de salud que trabaja en la primera línea de atención a enfermos Covid-19.

De hecho, hablan tanto el rey y el virrey que ya no escuchan más que el guión que les gusta; se elogian mutuamente, se aplauden, reparten culpas a diestra y siniestra, se victimizan ante los malos, definidos por malos todos los que no les rinden pleitesía, y ya ni ingenio hay para las excusas y pretextos que les libren de culpa por haber politizado la pandemia.

Las tres características que encumbraron a López Gatell han resultado trágicas para México y representan la esencia de Morena. La primera es su gusto por lo barato, la segunda es su verborragia y la tercera es su brutal ambición política.

Fue elegido para el cargo porque ofreció manejar la pandemia a precio mínimo con su Modelo Centinela, contrario a lo que recomienda la OMS: hacer pruebas. Dado que las pruebas serían carísimas, optaron por lo barato con el consecuente costo en vidas.

La limitada capacidad de López Gatell obedece a la opresión que le impone su ideología, es egresado del Instituto Nacional de Salud Pública, un semillero de gente de izquierda. Utiliza la ciencia para su propio beneficio, la hace “a modo”.

Su verborrea, su incapacidad de hacer síntesis, su monólogo divagante, su discurso disperso, su lenguaje enmarañado y su distorsionada lengua que habla y habla y no dice nada, han sido útiles para la propaganda de la 4T enfocada en tapar el desastre en lugar de corregir el rumbo.

Seguirá el virrey como merolico, festejado por el rey, sobre el sufrimiento, el dolor y el luto del pueblo; todo por haber puesto al frente de la pandemia a un político. Pecado capital que no tendrá ni perdón, ni olvido.

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